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Nuevas startups proponen mejorar los envíos en el mismo día con software y sin almacén

¿La nueva cara de la burbuja?

Catorce años después de que los servicios a domicilio echaran el cierre durante la burbuja de Internet regresan nuevas propuestas con la lección aprendida. El problema es que ahora puede que tampoco sean negocio, pero por otros motivos.

10/11/2014
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Drizly es un aplicación (idea de los jóvenes fundadores de la imagen) que te lleva alcohol a tu casa en menos de una hora.

¿Te acuerdas de Kozmo? Sí, hombre, el servicio que te llevaba a casa en menos de una hora prácticamente cualquier producto en cualquier momento del día. Sí, hombre, el negocio ese en el que distintos inversores (Amazon, entre ellos) soltaron 280 millones de dólares. El envío era gratuito y no exigía un importe mínimo de compra. Llegó a tener 2.000 empleados. Para cuando quiso cobrar 10 dólares por envío, pues eso, ya era demasiado tarde (y ya había despedido al 50% de la plantilla). Los 280 millones de euros se los gastó en almacenes (para poder servir en menos de una hora necesitaba tenerlos a mano), en stock y en personal para manejarlo. Todo en menos de tres años. Pero, claro, esto fue hace 14 años y no se sabía todo lo que se sabe ahora sobre comercio electrónico y empresas de servicio a través de Internet: un negocio es la intermediación y otro diferente, el retail. El tipo de operaciones era completamente distinto, al igual que era diferente el músculo que se necesitaba para que funcionara.

Intermediarios entre consumidores
Las startups que entran ahora en los servicios a domicilio, que se autodenominan como aplicaciones de estilo de vida, continúan apostando por la tecnología para resolver el problema del envío a domicilio como sus, RIP, predecesores, pero, a diferencia de estos, no entran ya en el negocio del retail. El dinero ahora está en cobrar un fee mensual a la cadena del retail y en actuar únicamente como intermediarios. Drizly, una aplicación para dispositivos móviles que envía bebidas espirituosas a domicilio, es el perfecto ejemplo del nuevo tipo de empresas que se están montando más de una década después en el sector de la intermediación y el envío a domicilio.

Favor Delivery es una red de recaderos que hacen esas tareas que te dan tanta pereza.

Vista desde fuera, esta empresa plantea dos dudas. La primera: ¿qué pasa con los pedidos pequeños en las zonas que estén más retiradas? La segunda: ¿qué impide que entre Amazon o que una empresa del sector de la distribución de bebidas espirituosas aproveche la misma tecnología y pueda prestar ese mismo servicio con un mejor coste? Porque hace 14 años, Amazon no era el gigante del retail actual.

Ahora es cuando vas tú y dices que siempre puedes montar el negocio y vendérselo a Amazon o a esa empresa de distribución, pero eso no responde las dos preguntas.

Tu margen es mi negocio
“No se puede generalizar, pero si hablas de un sector en el que se compita directamente con Amazon, creo que tienes un problema con un modelo de intermediación. Que vas a un nicho sin competición. Si vas a entrar con un modelo de este tipo donde haya un competidor grande, no vas a tener escala. Si para hacerlo bien vas a necesitar tamaño y compites con un grande, estás abocado al fracaso”, explica Ignacio Grimá, experto en planificación estratégica y financiera e inversor privado en startups.

Puede funcionarle al primero que entra...
“Si en el sector no hay ningún jugador que lo haga y lo hacen primero, normalmente los demás lo van a seguir, salvo que sea muy de nicho. Al final lo que ocurre es que se cargan el mercado. Está ocurriendo, por ejemplo, con el modelo de El Tenedor en restaurantes. Todos tienen que entrar a abaratar precio. El primero gana más y tiene margen, pero el resto... ya no es lo mismo. Hay modelos perversos. Bien es cierto que quien sale beneficiado es el consumidor”, matiza.

“Aunque en la distribución sea un coste menor que hace 10 años y que va a ser más eficiente y todo lo que tú quieras, sigue siendo un incremental sobre un producto de marginal bajo”, argumenta Ignacio Grimá. Es una cuestión de escala. Está demostrado que no se puede enviar gratis por debajo de un umbral, así que ¿cuántos consumidores prefieren pagar porque les lleven a casa productos? ¿Es un número suficiente como para que sea rentable?

Por eso, estos negocios tienen más capas de negocio: buscan también al cliente-empresa (para fiestas, por ejemplo), quieren vender información sobre los hábitos de consumo a cadenas de tiendas y a fabricantes.

En una entrevista con la revista Business Week, Nick Rellas, uno de los fundadores de Drizly, aseguraba que “Amazon me quita el sueño por las noches”.

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