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¿Por qué no debes ignorar el balance de situación?

Para tener un manejo responsable de tu empresa es bueno tener en cuenta el estado de tu patrimonio. El balance de situación te ofrece una buena panorámica.

25/01/2016
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Partiremos de una obviedad: para tomar una decisión de futuro razonable conviene ser consciente de los recursos con que contamos. Soñar está bien – y es gratis – pero los sueños no se cumplen sólo por arte de voluntarismo.

Las circunstancias cuentan y también tus recursos. Ya lo decía Epicteto, ese filósofo griego que escribió una obra genial y de nombre inolvidable (Manual de vida): “Antes de obrar, retrocede para tener una visión más amplia, para no actuar a la ligera obedeciendo a un impulso”.

Una manera de conseguir una visión más amplia de tu negocio es mirando la situación de tu patrimonio, es decir, mirar y analizar aquello que tienes, pero también aquello otro que debes. Ninguna decisión sensata puede excluir ninguno de esos dos aspectos.

En contabilidad tenemos un informe que nos muestra cuál es la situación de nuestro patrimonio en un momento determinado. El nombre no es muy ingenioso, pero cumple con su deber: balance de situación.

¿Qué es el balance de situación?

Imagina que estuvieras dotado de la mejor de las tecnologías y que pudieras radiografiar o hacer una foto que mostrara el esqueleto patrimonial de tu empresa. Pues bien, esa tecnología ya existe desde mucho tiempo, y es lo que llamamos balance de situación, que en la actualidad un buen programa de facturación y contabilidad te puede hacer en un plis plas.

Del balance de situación conviene destacar su carácter instantáneo. Si, por poner un ejemplo, se hace con fecha de 31 de enero a la hora de cierre de las operaciones, al día siguiente, con la primera operación (una compra o una venta), el balance de situación cambia repentinamente.

¿Qué define, entonces, el balance de situación? Para ser concretos, cuando hablamos de balance de situación hablamos de un informe que muestra, por un lado, los bienes y derechos de propiedad de tu empresa, y, por el otro lado, las deudas y obligaciones que tiene contraídas con terceros.

A lo primero, lo que tienes, se conoce como activo; y a lo segundo, lo que debes, se le llama pasivo. Examinémoslo más de cerca.

¿Cuáles son los elementos del balance de situación?

Los elementos ya los hemos citado: el activo y el pasivo. Así nos podríamos ir a casa, pero con citarlos no es suficiente. Conviene explicarlos más y un poco mejor.

Vayamos a por lo que tenemos: los activos. Ya hemos dicho que son aquellos bienes y derechos que posee tu empresa. Pero esto tampoco es decir mucho. Quizá consigamos decir algo más con aclarar que los activos son los recursos que dispones para realizar tu actividad.

Lo ilustraremos con dos ejemplos:

     El mobiliario de tu empresa, la maquinaria, las marcas y patentes así como el ordenador con el que trabajas son activos, porque están orientados a la realización de tu actividad. A estos en concreto se les conoce como activos no corrientes. ¿Por qué? Porque es una parte de tu patrimonio de larga duración, que no está sujeto al ciclo de actividad económica (un año) y, por tanto, no está a la venta. También se le llama activo fijo o inmovilizado.

     Las materias primas o las mercaderías objeto de venta o facturación, lo que te deben tus clientes o el dinero que tu empresa dispone en el banco y en sus cuentas bancarias son también otra clase de recursos de los que te vales para tu actividad. A estos se les llama activo corriente. Es decir, se trata de elementos sujetos al ciclo económico (inferior a un año) y están destinados a la venta. De ahí que el activo corriente – también conocido como activo circulante – se defina como dinero, ya que está previsto que se convierta en dinero a través de la venta o el cobro.

Tanto el activo corriente como el activo no corriente se subdividen en otras categorías que no detallaremos aquí para no liarte más. Por lo que pasaremos ahora a hablar del pasivo.

El pasivo representa la otra moneda de la estructura patrimonial de tu empresa. El pasivo lo forman aquellos recursos que tienen como objeto financiar la empresa: un préstamo bancario, el aplazamiento de los pagos a los proveedores, las aportaciones de los socios o accionistas de la empresa, los beneficios retenidos (las reservas) por la empresa o una subvención.

Cuando hablamos de pasivo, ahora bien, conviene hacer una primera distinción: el pasivo y el patrimonio neto. Al primero también se le conoce como pasivo exigible porque puede ser reclamado por un tercero, que resultar ser ajeno a la empresa. Por ejemplo, un préstamo bancario o el dinero que debes a tus proveedores.

El segundo, aun siendo también un recurso para financiar la empresa, cuenta con la ventaja de que, al no ser ajeno a la empresa, no es exigible. Al menos, durante el tiempo que dure el funcionamiento del negocio. Estos recursos son las aportaciones de los socios y accionistas (el capital social), las reservas de la empresa o las subvenciones o donaciones recibidas.

Del mismo modo que el activo, el pasivo (exigible, no el patrimonio neto) se puede dividir en pasivo corriente y no corriente. Se impone la misma lógica:

  • Pasivo no corriente: son deudas que vencen en más de un año. Para que la empresa funcione bien, el pasivo corriente debe estar destinado a financiar la adquisición de recursos de larga duración que garanticen el funcionamiento de la empresa. Normalmente lo constituyen los créditos de financiación del banco.
  • Pasivo corriente: son deudas que vencen en menos de un año. Por ejemplo, lo que debes a tus proveedores o préstamos de diez meses financiados por el banco.

Pues bien, ya tenemos los elementos descompuestos y ya podemos enunciar la ley básica de funcionamiento:

                 Activo = Pasivo + Patrimonio neto

¿Te suena? ¡Claro que sí, es la regla básica de la contabilidad que te explicamos hace poco!

La importancia del balance de situación

Saber leer el balance de situación es importante para entender cómo va tu empresa y, de ese modo, tomar decisiones con fundamento. El balance de situación no te va a decir qué debes hacer, pero sí que te ofrece una información importantísima sobre la salud de tu empresa para actuar en consecuencia.

Así, a primera vista, el balance de situación te informa:

  • Sobre la liquidez de tus activos, es decir, si tienes posibilidad de convertirlos en dinero a corto plazo (a corto plazo quiere decir en menos de un año).
  • Sobre la calidad de tus pasivos, es decir, sobre el periodo de vencimiento de tus deudas y obligaciones, que puede ser a largo plazo (en más de un año) o a corto plazo (en menos de un año).

Pongamos que en tu empresa dispones de muchos pasivos que vencen en menos de un año y, en cambio, poca liquidez (activos corrientes) para afrontar esos vencimientos. Eso es indicio de una mala situación financiera; muy corriente, por cierto, en momentos de crisis económicas.

Además, como el balance de situación es un informe público, está expuesto al juicio de bancos, inversores y potenciales compradores. De ahí su importancia para estos a la hora de ofrecerte un crédito, invertir en tu negocio o, simplemente, comprarlo.

En resumen, el balance de situación muestra el músculo financiero de tu empresa para ayudarte a afrontar los momentos de crisis económicas así como los periodos de expansión y crecimiento. No conviene ignorarlo, pues ten por seguro que él no te ignorará a ti.

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