Buscador
cerrar

Por qué la contabilidad (también) es cosa de emprendedores

18/01/2016
Linkedin Whatsapp

Cualquier buen emprendedor no debería subestimar el poder de la contabilidad. El buen funcionamiento de su negocio depende de ello.

¿Qué es la contabilidad?

La contabilidad es poder. Quien posee este conocimiento controla su negocio; puede hacer lo que quiera, porque aquello que haga lo hará en función de ese conocimiento preciso.

Pero también tiene otra cara. Un poco oscura y menos edificante. Hay un chiste que lo ilustra bien: “Cuáles son las dos reglas básicas para una contabilidad de éxito:

  1. No les digas todo lo que sabes;
  2. (Ha sido borrado)”.

¿Por qué ese secretismo? Porque la contabilidad, si entendiéramos un negocio como un organismo vivo, ofrece una radiografía de todo lo que hay dentro, tanto lo saludable como lo menos saludable. Y eso no sólo está a tu vista sino a la vista de un inversor, un banco o un inspector de Hacienda.

La contabilidad consiste, pues, en un reflejo fiel del patrimonio de tu negocio, su situación financiera y los resultados de tu actividad. Para darle cuerpo a tanta abstracción: la contabilidad recoge tus ingresos, tus gastos, lo que te deben, lo que tú debes, los productos que vendes, etc.

La importancia de la contabilidad para los emprendedores

A partir de la información que una contabilidad (rigurosa) te provee, puedes tomar decisiones más o menos acertadas (está claro que no todo depende de ti); incluso aquellas más intuitivas, pues no hay buena intuición que no esté mediada por un buen conocimiento previo (y quien diga lo contrario es un temerario, un tío con suerte o ambas cosas).

Pero la contabilidad no sólo tiene ese propósito interno, de (buena) gestión. También tiene una función externa, que interesa a tu entorno económico: al banco con el que negocias un crédito; al accionista que está interesado por el futuro de sus acciones; y al inspector de Hacienda, preocupado por recaudar todo lo posible.

Por ley puede que no estés obligado a llevar una contabilidad rigurosa, por ser autónomo, por ejemplo (con un registro de tus facturas de ingresos y gastos te basta). Pero puede que sí, pues tienes una pyme, y la ley te obliga a llevar unos registros contables (libros e informes contables).

Sea como fuere, cuanto mejor sean tus conocimientos contables, más eficiente será la gestión de tu negocio. Y lo podrás “vender” mejor, tanto a bancos, accionistas, clientes y potenciales compradores. Y, además, estarás en paz con Hacienda.

Nociones básicas de contabilidad para emprendedores

La contabilidad es compleja. Y más pesada que un amante despechado. Pero eso no quiere decir que no se deje llevar por unas pocas reglas básicas (la contabilidad, claro; el amante es más complicado).

La principal regla, la más básica de todas (y la única que te vamos a contar), tiene que ver con el cuerpo de tu negocio, es decir, el patrimonio, los elementos que lo forman y la relación contable entre ellos.

¿Qué es el patrimonio de tu negocio? Por patrimonio se entiende un conjunto muy amplio:

  • Los bienes de tu empresa: desde el producto que vendes hasta el material con el que lo produces pasando por tu oficina, ordenador de trabajo, etc.
  • Los derechos de tu negocio: comercializar una marca, una patente, etc.
  • Las obligaciones: tus deudas con bancos, otros acreedores, proveedores así como con los accionistas (aportaciones de capital, por ejemplo).

Como puedes ver incluye todo aquello que está involucrado para que tu empresa funcione. A cada uno de estos componentes se les llama “elementos patrimoniales”. Veamos unos ejemplos:

  • El dinero en efectivo en la caja y el que tienes en la cuenta del banco.
  • El derecho a cobrar aquello que vendes y la obligación de pagar a tus proveedores.
  • La materia prima con la que fabricas tus productos, los ordenadores con que llevas la gestión de tu negocio, la silla y la mesa en la que trabajas (el mobiliario de la empresa, en suma).
La regla de oro de una contabilidad para emprendedores

¿Y cómo se relacionan todos estos elementos? Para entenderlo nos valdremos de un ejemplo en el que tú serás el protagonista.

Pongamos que eres un empresario, has creado una sociedad y has aportado 1.000 euros a la cuenta bancaria de la sociedad. Luego has comprado mobiliario a crédito por un valor de 400 euros. A continuación has comprado mercaderías que vas a guardar en un almacén por el valor de 200 euros. Por último, tu sociedad ha recibido un préstamo bancario por 600 euros.

Los elementos patrimoniales serían, siguiendo este orden, los siguientes:

     1. Tu aportación como empresario y la cuenta bancaria. El primero es una deuda que la sociedad tiene contigo (1.000 euros). El segundo (la cuenta bancaria) es un bien que forma parte de tu empresa.

     2. El mobiliario comprado y la deuda con el acreedor del crédito. Lo primero es un bien de la empresa; lo segundo, una deuda (400 euros).

     3. Las mercaderías en tu almacén y la deuda con tu proveedor. Lo primero es un bien de la empresa y lo segundo otra deuda (200 euros).

     4. El dinero del préstamo en la cuenta de la empresa y el préstamo recibido. Lo primero es un bien que pertenece a tu empresa; lo segundo, otra deuda que has contraído con el banco (600 euros).

Pues bien, a los bienes y derechos que forman parte de tu empresa se los conoce con el nombre de activo. Y a las deudas y obligaciones que has contraído se las conoce con el nombre de pasivo.

Es cierto que en cuanto al pasivo, hablando con rigor, se distingue el pasivo del patrimonio neto, que hace referencia, básicamente, a las aportaciones de capital y a los beneficios generados y no distribuidos por la empresa (las reservas).

A todo esto y para acabar. La regla básica que te queríamos mostrar es la siguiente:

Activo = Pasivo (+ Patrimonio neto).

Es decir, tu empresa tiene ahora mismo un valor en activos de 2.200 euros que equivale a los 2.200 euros en pasivos y patrimonio neto.

En otras palabras: que los bienes y derechos (activos) de tu empresa equivalen a la suma de los 400 euros que debes al acreedor del crédito para comprar mobiliario, a los 200 euros que debes al proveedor de las mercaderías, a los 600 euros que debes al banco por el préstamo y a los 1.000 euros que tu empresa te debe por tu aportación (aunque esto último te parezca irrisorio, desde el punto de vista contable es así).

Por mostrarlo gráficamente:

Activo Pasivo
2.200 1.200
  Patrimonio neto
  1.000

Es decir: Activo (2.200 euros) = Pasivo (1.200 euros) + Patrimonio neto (1.000 euros)

Esta es la regla fundamental que conviene no olvidar, pues sobre ella descansa la estructura de tu contabilidad.

Encuentra tu franquicia
Suscríbete
  • Suscríbete a la revista y consigue 12 números por solo 28,80 € (un 20% menos).

  • Emprendedores en un iPad

    Accede a nuestro Quiosco Digital y disfruta de la revista en tu tableta, estés donde estés.

  • ¿Quieres recibir todas las semanas lo mejor de Emprendedores en tu correo? Solo tiene que darte de alta en nuestra Newsletter.



Ver más articulos