Qué es un aval y qué entidades dan préstamos sin aval

Si eres emprendedor sabrás qué es un aval porque puede que ya te lo hayan pedido en alguna ocasión. Si no es así, tal y como la RAE lo define, un aval es la “obligación que alguien adquiere de hacer aquello a lo que otra persona se ha comprometido, en caso de incumplimiento”.

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Cuando trasladamos este concepto al terreno económico, por ejemplo, cuando hablamos de préstamos, el aval sería la seguridad que el que recibe el dinero (prestatario) le debe aportar al que le presta (prestamista) como condición para que se realice el contrato de préstamo y se lleve a cabo. Esta seguridad o compromiso puede consistir en un bien material o en una tercera persona, el avalista, que responderá por el prestatario si éste no puede hacer el desembolso de la devolución del préstamo en un momento dado.

El aval en las entidades bancarias

Veamos cómo funciona este concepto con un ejemplo práctico. Al pedir un préstamo en una entidad bancaria, ésta le pide al solicitante como aval un bien inmobiliario, una vivienda. En caso de que el solicitante de préstamo en un determinado momento no pueda cumplir con su obligación de devolver el préstamo, el banco se quedaría con dicho aval, es decir con la vivienda. Este es un ejemplo extremo, pero se ha dado mucho en caso de préstamos hipotecarios en varias entidades bancarias en los últimos años.

Ocasiones en las que no es necesario presentar un aval

De todas formas, existen situaciones menos extremas que no requieren llegar a ese punto del ejemplo anterior. Y es que hay entidades financieras no bancarias, que ofrecen créditos sin tener que presentar un aval. Nos referimos a empresas financieras que ya hay establecidas en Internet y que ofrecen sus servicios a través de procedimientos completamente online. -Puedes consultar más información aquí-. La solicitud del préstamo se realiza mediante la web de la empresa financiera y el dinero se transfiere a la cuenta bancaria online del solicitante sin suponer grandes tareas burocráticas como se da en los bancos.

En el caso de estas entidades financieras no bancarias, cuando no se realice el pago de una cuota, el prestatario se enfrenta a un coste adicional, pero en ningún caso tendrá que responder con un aval. Este no es necesario en ningún momento y se ha convertido en un requisito más propio de los bancos, aunque hay otras situaciones de la vida cotidiana en las que surge de nuevo este concepto. Por ejemplo, ante el alquiler de una vivienda cada vez son más los propietarios que requieren de un aval a sus futuros inquilinos, para asegurarse así el pago de las mensualidades.

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