Emprender a la africana desde Bilbao

Koop SF34 es una incubadora y un espacio de coworking distintos, a la africana que dicen ellos. Así tiene que ser porque ni los emprendedores a los que se dirigen ni los proyectos son los típicos. Se trata más de sacar de la marginalidad a los emprendedores y demostrar que las personas migrantes son capaces de aportar a la sociedad de muchas formas.

koop SF34

Que si mucho colorido, que mucha vida en las calles y mucha mezcla intercultural cosmopolita. Pero muchos de estos barrios que visitamos de vez en cuando como sitios pintorescos, ocultan en sus casas dormitorios hacinados de migrantes, niños sin escolarizar y bolsas de pobreza y marginación social que es mejor no verlas. 

Barrios de este tipo existen casi en todas las grandes ciudades, pero el caldo de cultivo que dio lugar al nacimiento del proyecto Koop SF34 tiene su origen en el barrio de San Francisco, en los extramuros de Bilbao. Aquí, en apenas dos o tres calles, se concentra toda la migración que llega a la capital vizcaína, situación que sorprende hasta a los propios vecinos del municipio.

George Belinga Narváez no responde al perfil tipo de la zona. Él nació en Barakaldo, hijo de padre camerunés y madre bilbaína. Tras licenciarse en Empresariales y terminar un master de nuevas Tecnología de la Información, estuvo 10 años trabajando para grandes empresas y consultoras en Francia, Inglaterra, India o Alemania. En este último país llevaba residiendo cinco años cuando estalló la crisis económica de 2008 en nuestro país que le obligó a regresar a Bilbao para echar una mano a sus padres con el negocio al que, finalmente, no lograron salvar de la quiebra.

“Cuando regreso a Bilbao después de muchos años, siento que estoy más cerca de sentirme cómodo en el barrio de San Francisco que en el barrio en el que me he criado. -cuenta Belinga- Allí no llamo la atención, nadie me mira. El problema identitario siempre está ahí para una persona que es racializada, es decir, personas no blancas o que no coinciden con el prototipo y yo no doy el perfil de vasco. Cuando ando por Bilbao la gente asume que soy de fuera y eso es algo que te hace vivir la vida como un extranjero en tu propia ciudad”.

Así que cuando los padres de George Belinga cerraron el negocio y decidieron trasladarse a vivir a Camerún, él tuvo que empezar de cero. Abre entonces una tienda de colchones de segunda mano con Betto  Snay como socio, un angoleño rapero y emprendedor con un marcado componente solidario.

“Obviamente, la tienda de colchones no la montamos para dar un pelotazo y forrarnos -prosigue Belinga-  pero sí que nos sirvió para darnos cuenta de la realidad de las personas que habitan el barrio de San Francisco. Muchos llegaban pidiendo trabajo mientras que otros, sencillamente, venían a contar sus dificultades en el día a día”.

George Belinga Narváez, uno de los impulsores de Koop SF34

La incubadora y el coworking

El gen emprendedor de Belinga, pertenecer a una familia donde el tema social ha estado siempre como telón de fondo y conocer de primera mano la realidad de muchas de las personas que residen en el barrio de San Francisco, llevó a los dos socios a concebir una propuesta nueva: crear un espacio multicultural de emprendimiento en el que demostrar que, más allá de la mentalidad y el confort subsidiarios, las personas migrantes son capaces de aportar valor a la sociedad de muchas y diversas formas.

Nace así en 2016 el proyecto de Koop SF34 en el núcleo del barrio de San Francisco. El local, de 400 metros cuadrados, corresponde a la cesión de una Ikastola. Asimismo, y aunque el propósito original era constituirse en cooperativa, finalmente optaron por la fórmula jurídica de asociación sin ánimo de lucro.

La idea es ofrecer espacios tecnificados para que cualquier persona del barrio, con una idea y ganas de emprender, pero sin recursos económicos, pueda poner en marcha su negocio en las instalaciones de Koop SF34. “Tu tienes tu idea, vienes y lo que nosotros hacemos es proporcionarte todo el material necesario para arrancar el proyecto. Le llamamos coworking a la africana porque, mientras que un coworking clásico, se ofrece mesas, sillas, ordenadores o conexión a internet, aquí, además de todo eso, encuentras espacios tecnificados o habilitados para hacer cosas en él. Así, si por ejemplo, quieren montar es un negocio de moda, disponemos de máquinas de coser, mesa de patronaje, tijeras…”, explica Belinga.

De esta forma Koop SF34 acoge en este momento en su espacio original un total de 23 proyectos de lo más variopinto. Desde el ejemplo ya citado, hasta otro de clases de baile deportivo (Acev Dance) u otro que fusiona el fitness y el boxeo a través de la música (AfroFit Boxing). El espacio se subdivide en distintas salas para distintos contenidos como moda, audiovisual y otra polivalente.

Cada uno de los 23 proyectos ha arrancando aprovechando el equipamiento y el espacio de Koop SF34. Al principio de manera gratuita y, una vez que empiezan a generar ingresos, aportando un 20% de los mismos para el mantenimiento y avance de la organización.

Los hay también que alcanzan tracción suficiente como para necesitar una espacio mayor y ampliar los horarios de trabajo. Cuando esto sucede, lo normal es que se desliguen en la organización. Estos representan, para ellos, los casos de éxito. 

“Obviamente, nosotros no hablamos de startups ni de darle la vuelta a los mercados. Partimos de la realidad del barrio, del nivel formativo de sus habitantes y de sus habilidades. Se trata, primero, de combatir la alta tasa de desempleo y el desarraigo que sufre gran parte de la población migrante en Bilbao potenciando las capacidades intrínsecas del colectivo, al mismo tiempo que se tratamos de mejorar su formación. Si luego son capaces de hacer avanzar un proyecto, en lugar de quedarse solo como solución de autoempleo, genial”.

La comunidad digital de Kamanga

La mayoría de los negocios puestos en marcha por los emprendedores de Koop SF34 han estado ligados a conceptos más tradicionales dentro del mundo analógico. Sin embargo, ahora se proponen impulsar los negocios digitales gracias a un nuevo espacio cedido por una donante particular, también dentro del barrio. 

A este le han bautizado con el nombre de Kamanga, el mismo que tuvo la primera discoteca africana que triunfó en Bilbao y término de origen camerunés que puede traducirse al castellano como diamante. “Aludimos así a esos chavales de entre 18 y 25 años a los que queremos integrar en el proyecto y que para nosotros son como diamantes en bruto”, explica Belinga.

En este nuevo espacio lo que se proponen es crear una comunidad digital orientada a los más jóvenes donde los emprendedores aprendan a crear contenidos de todo tipo de manera profesional. Este programa, ya en funcionamiento, cuanta actualmente con 8 chavales con los que el número de emprendedores que orbitan en este momento en torno a Koop SF34 asciende a 31.

Por último, hay que hablar de un tercer espacio que acoge lo que antes se conocía como el mercado de las especias. Enfocado en la gastronomía, supone más una solución de economía semi informal con la que se posibilita a algunos residentes del barrio obtener un complemento salarial vendiendo platos típicos de su gastronomía.

El espacio emprendedor más multicultural

Ya se ha dicho que en total son 31 los proyectos emprendedores que acoge ahora la organización, pero lo que más llama la atención es que entre todos ellos representan a 16 culturas y países distintos. Los hay de Irán, Colombia, Senegal, Venezuela, Afganistán, Nigeria, Camerún, País Vasco, Marruecos…

“Esa es la magia que hemos conseguido generar con Koop SF34. No es tanto crear sinergias o compartir conocimiento como generar redes y conseguir que se relacionen entre ellos. Lo normal de los colectivos migrantes es que no salgan de su propio círculo de compatriotas. Aquí se mezclan y se relacionan todos, sin importar el país de origen. Ese es uno de nuestros grandes logros porque entendemos que asociarse por nacionalidades es un error”, dice Belinga.

Pero reconoce también una serie de retos pendientes de alcanzar. Uno de ellos atraer a más mujeres emprendedoras. “El problema es que el espacio es un reflejo de la realidad de las personas migrantes, hombres en un 70% y muchas de las mujeres que llegan lo hacen por reagrupación familiar. Nuestra voluntad es que no sea un espacio tan masculinizado y, en la medida en la que podemos, tratamos de corregirlo. En la dirección del proyecto, estamos, por ejemplo, dos mujeres y dos varones”.

Les gustaría también dinamizar más el espacio con charlas inspiradoras y visitas de otros emprendedores u organizar salidas del barrio a otros entornos de emprendimiento al objeto de descender la tasa de abandono. Hasta ahora cuentan con cinco casos de éxito: dos gimnasios, una gestoría, un tema de moda y un tema de baile, pero también son muchos los que terminan cambiando el emprendimiento por un empleo por cuenta ajena lo cual, en este caso, también esto forma parte del éxito.

En cuanto a la forma de financiarse en Koop SF34, el 50-60% de los fondos proceden del voluntariado a lo que hay que sumar un 20% de servicios que prestan para terceros y el 20% restante de ayudas públicas. Al margen queda la financiación obtenida para proyectos específicos, como el de Life Container, dentro del proyecto de Afrikanized Commerce, con el que Belinga y su socio apuestan por un negocio de producción sostenible y el mercado justo del cacao.

Aunque igual la iniciativa de Koop SF34 no ha trascendido aún mucho más allá de los términos geográficos de Euskadi, el proyecto ha recibido ya prestigiosos premios como, el de la Fundación Novia Salcedo, que Belinga recogió de manos del Rey Felipe VI. No obstante, el sueño no es ganar notoriedad en todo el territorio nacional sino conseguir replicar el modelo en otras ciudades y países. “Sobre todo, en los países de los que parten los movimientos migratorios donde creo que el programa tiene incluso más potencial y porque allí, con el mismo presupuesto que aquí, se puede hacer mucho más” concluye Belinga.