Mermeladas Bubub, el dulce que transformó una experiencia amarga

Mermelada de cebolla, txacolí o gin-tonic, frutas especiadas… los sabores y colores de esta compañía que nació fruto de un momento de crisis no dejan indiferentes. La trayectoria de Mermeladas Bubub es la de un cuento en el que no faltan la magia, las hadas madrinas e incluso un castillo.

mermeladas bubup

La historia de Mermeladas Bubub se podría contar como un cuento. Solo que en lugar de monstruos, huracanes o duendes… tendríamos que hablar de crisis, la presión del tiempo y también, de hadas madrinas en forma de amigos, familiares y programas de ayuda al emprendimiento.

No es de extrañar que Susana Azanza, la protagonista de esta historia, nos narre su aventura en el mundo repostero como si fuera una fábula. 

Como en toda buena historia, todo comienza con un momento de tensión, que en este caso fue la crisis económica de 2008. “Eso que escuchas en las noticias: descalabro económico importado de EE.UU., cierre de empresas, desahucios… lo vivíamos con preocupación, pero desde fuera. Y ¡de repente, azota a nuestra familia! Nos dio un tantarantán”, explica Susana.

La pulsión de supervivencia es mayor que nada y “llegado el punto, serenos, nos preguntamos: ¿Con qué recursos contamos? Tic tac, tic tac… comenzaba la cuenta atrás”, comenta Azanza.

¡Eureka! ¿Y si hago mermeladas diferentes?

De esta forma, sumaron los recursos y las ideas con que ya contaban: una casa en el pueblo, en Zaragoza; también, los conocimientos de Susana, que había tenido una pastelería y un restaurante (aunque en esos momentos se dedicaba a vender herrajes para armarios y cocinas). La idea apareció como polvo de estrellas: “ ¿Y si hago conservas en el pueblo? Mermeladas diferentes, por ejemplo. ¡Sí, eso haré! Comencé haciendo probatinas y me apunté a un curso de la Fundación Incyde de creación y consolidación de empresa para dar forma empresarial al proyecto. Y así comenzó todo”, añade la emprendedora.

Susana, Arantxa y Curro, la familia fundadora de Mermeladas Bubub.

Para distinguirse en el mercado, Susana tenía claro que tenían que aportar imaginación en lo culinario. Así, además de sabores sorprendentes (desde pomelo con jengibre y moscatel a ciruela con pacharán o gelée de gin-tonic), también querían transmitir “una imagen atrevida y fresca”, como bien se aprecia en sus originales etiquetados.

Así nació el pájaro-pie

“Ya la elección del nombre fue un reto. Bubub, una palabra capicúa, que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, fue una creación de Curro Fatás, mi pareja, conocido por ser integrante del grupo musical Puturrú de Fuá, entre otras cosas. Curro se inventó a Bubub, un pájaro-pie hecho con polvo de estrella… ¡Amor a primera vista!”, explica Susana.

La apuesta por la imagen corrió a cargo de la hija de Susana y Curro. Arantxa Escartín Azanza, diseñadora gráfica y con un máster en Marketing, Comunicación y Ventas dio vida al personaje, diseñó las etiquetas, la imagen de marca, la web, las redes sociales…

“Bubub está vivo, tiene una personalidad transgresora, es divertido y colorista, por eso sus mermeladas tienen recetas atrevidas, con especias y licores. MundoBubub es un microcosmos creador en donde la ley de la gravedad es sustituida por la ley de la ingravidez y la fantasía y la imaginación son los soles que le dan la luz, apunta la directora de la empresa.

El despegue del Reino Bubub

Primero fue el hallazgo de unas instalaciones idóneas y preparadas para iniciar la actividad: la quesería El Acebo del Moncayo, en Trasmoz (Zaragoza), “a tan solo tres kilómetros de nuestra casa. Fue otra historia de amor, esta vez entre caseros e inquilinos”, asegura Azanza. Después, la ayuda económica y el apoyo de amigos y familiares para poder arrancar.

“Enseguida comenzó la magia. El Comidista nos hizo un superreportaje para El País y al poco tiempo entramos en los Clubs del Gourmet de El Corte Inglés, crecimos mucho en las RR.SS.…”, explica la fundadora de la compañía. 

Una mano para seguir creciendo

Pronto, se encontraron con una necesidad de crecer que requirió de mayor inversión. “La mayor demanda implicaba tener que comprar más frascos, más materia prima, más etiquetas, más cajas… Necesitábamos liquidez y es ahí donde, gracias a Enisa pudimos atender la inesperada y maravillosa demanda de nuestras mermeladas”, comenta Azanza. 

Después llegaron las primeras exportaciones a Dinamarca, Inglaterra, México, Bélgica, Taiwan… Y sus primeras master classes, charlas, conferencias y ponencias.

Con su crecimiento, Mermeladas Bubub ha ido incorporando nuevos socios. Además, han emprendido nuevas hazañas, como la de gestionar un castillo del siglo XIII convertido en hotel rural: el Castillo de Añón de Moncayo

Una finca cerrada para mentes abiertas

Proyectos de futuro no le faltan a Susana: “Lo próximo será uno que me ha rondado en la cabeza desde hace tiempo: Finca la Cerrada, para mentes abiertas,  un obrador de platos preparados, dulces y conservas, un espacio para show cooking donde degustar y compartir en plena naturaleza lo aprendido y cocinado”, expone la emprendedora.

Para Azanza, el secreto de su éxito radica en “seguir nuestro instinto con trabajo, trabajo y más trabajo y, siempre, con un toque de creatividad y osadía”, asegura la fundadora de Mermeladas Bubub.