Entrevista a Rosa Clará

Instalada en el éxito desde hace años, Rosa Clará viste a las novias de medio mundo desde su cuartel general en Barcelona mientras planea la conquista de nuevos mercados.

Rosa Clará pertenece a ese exclusivo grupo de mujeres que han conseguido crear una empresa de la nada, pilotarla hacia el éxito y, por si fuera poco, criar por sí sola a un hijo haciendo frente a maratonianas jornadas de trabajo. Su agenda es trepidante y lo mismo incluye una reunión de trabajo en China que un viaje relámpago a Miami para probar el vestido de novia a Paulina Rubio. Porque ningún diseño sale de su empresa sin contar con su supervisión, un hecho revelador que indica hasta qué punto controla el más mínimo detalle de sus creaciones. El rápido crecimiento de su firma se refleja en la propia sede central del grupo, un gran edificio de 5.000 metros cuadrados inaugurado en 2002 que ya va quedándose pequeño, según reconoce ella misma. Aquí, entre organzas, pedrerías y tafetanes de seda, rodeada de las fotos de todas aquellas novias más o menos ilustres que han ido pasando por sus manos a lo largo de los años, Rosa Clará repasa su trayectoria y advierte que lo logrado hasta ahora no es nada en comparación con lo que tiene por delante. Como dice ella misma, “en esta casa no para nadie y antes de acabar un proyecto ya estamos iniciando otro”.

EMPRENDEDORES. Usted trabajaba en una empresa del sector pero un buen día decide crear la suya. ¿Por qué?
Rosa Clará. Me di cuenta de que todo lo que se hacía en el mundo de la moda nupcial era igual de monótono. A los 31 años tuve un hijo y paré durante año y medio, y a la hora de volver lo hice montando una tienda. Un año después creé la empresa. Todo empezó de una forma sencilla, no como un gran proyecto, pero lo cierto es que las cosas han ido muy deprisa. Hubo buenas ideas, un buen punto de partida y un equipo de gente detrás empeñado en que todo saliera bien, con muchas horas de trabajo por delante.

EMP. Estuvieron a punto de morir de éxito.
R.C. Pues sí, porque en la primera feria a la que acudimos en Barcelona presentamos nuestra primera colección y tuvo un éxito inesperado. Empezamos a hacer la lista de lo que necesitábamos para fabricar lo que habíamos vendido y nos dimos cuenta de que no teníamos dinero para comprar más tejido y seguir confeccionando. Hubo unos 15 días de una crisis profunda, pero al final una serie de bancos concedieron los avales para que pudiéramos seguir adelante. Que nadie se engañe, arrancar cuesta mucho.

EMP. Curiosamente, de todos los diseñadores con los que colabora, fue el único español, Jesús del Pozo, quien más se le resistió al principio.
R.C. Claro, porque entonces estábamos empezando y tuvimos que explicarle muchos sueños y pocas realidades. Sin embargo, creyó en el proyecto y lleva con nosotros desde que empezamos. Las licencias de diseñadores internacionales, además de acercarnos a las novias, nos han permitido desembarcar en países donde nuestra marca no es fuerte. Dentro de un mes, por ejemplo, abrimos una franquicia en la mejor calle de París, un local de 600 metros cuadrados. Si llego como Rosa Clará los franceses probablemente no me conocerán. Pero si llevo de una mano a Karl Lagerfeld y de la otra a Christian Lacroix, la cosa cambia.

EMP. La moda nupcial española no se resiente ni en tiempos de crisis. ¿Cómo vive usted esta coyuntura?
R.C. Hemos creado un sistema que nos permite fabricar poco y gestionar mucho, de manera que pequeños equipos internos gestionen grandes equipos externos. Siempre contratamos a los mejores, pero externamente. Por ejemplo, en comunicación hay una sola persona en la empresa que dirige todas las agencias de comunicación que tenemos contratadas en cada país. En cuanto a los talleres, hacemos lo mismo: nos encargamos internamente del control de calidad, el patrón o el corte, pero los vestidos se cosen externamente en talleres que hemos ayudado a subvencionar todos estos años. Todo eso hace que afrontemos la situación sin miedo porque no tenemos enormes estructuras. Esto nos permite mirar la crisis con preocupación, como todo el mundo, pero con un poco más de tranquilidad.

EMP. ¿Pero habrá más secretos para alcanzar el éxito?
R.C. El gran secreto es innovar, innovar e innovar. En estos momentos, la empresa o la persona que se queden paradas irán para atrás. Estamos en crisis, pero también hay oportunidades tremendas que debemos aprovechar. Se están dando menos créditos en todo el mundo, por lo que puede que 2010 el ritmo de aperturas que llevamos ahora se frene un poco, así que estamos estudiando cómo crecer en espacios multimarca. Estamos en más de 1.000 puntos de venta multimarca, pero puedo doblar esa cifra. Y pienso hacerlo. Como al abrir menos tiendas tengo que crecer por algún lado, he contratado a un especialista en retail multimarca internacional que nos ayude a crecer en este segmento.

EMP. Sin embargo, presumen ustedes de tener poca rotación de personal.
R.C. Sí, porque hay un buen clima laboral, hay respeto y se paga bien al personal. Aquí se dirige en femenino, creo que es una manera distinta de dirigir: hay más sensibilidad.

EMP. Su trayectoria profesional ha levantado ampollas en Pronovias, la empresa para la que trabajó antes.
R.C. Cuando nos demandaron, ganamos, y esto ocurrió como 15 años después de que yo hubiera salido de esa empresa, con lo que está claro que la demanda no tenía ningún sentido. Yo creo que lo peor durante toda esta etapa han sido los ataques indiscriminados, no ya de Pronovias, sino de la competencia, que durante muchos años ha tenido un monopolio que en un momento determinado se terminó. Creo que en este país el éxito ajeno se digiere mal.

EMP. En su empresa ha asumido el papel de directora creativa mientras otras firmas contratan a una figura externa. ¿Le cuesta delegar?
R.C. Cada vez lo hago más, aunque todavía estoy aprendiendo. En producción me meto poco, éste es un apartado que dirige mi socio, Enrique Coronado, que tiene el 33% de las acciones de la compañía. Pero no sale un solo traje de esta casa que no esté supervisado por mí de la a A la Z y creo que ésta ha sido, precisamente, una de las claves del éxito, el control de mi producto. Es lo que más me está costando delegar porque, aunque la gestión empresarial es importante, somos lo que somos por el producto que ofrecemos.

EMP. Y en medio de toda esta vorágine, ¿cómo hace usted para conciliar el trabajo con un hijo en plena adolescencia?
R.C. Mi hijo lo lleva bien porque es lo que ha visto desde que ha nacido. Yo, evidentemente, he tenido los remordimientos que han tenido todas las madres en mi situación, pero he procurado hacerlo bien, cumplir con él y organizarnos. Hasta hace pocos años, las semanas previas a los exámenes de mi hijo han sido sagradas. No planificaba viajes. Y si ha hecho falta, esos días yo me iba del trabajo a las tres de la tarde. Ahora tiene 17 años y si algún fin de semana desaparezco creo que lo celebra como lo hemos celebrado todos (ríe).

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