Una fábrica de caprichos

Con Hurtan se confirma que los sueños hacen empresa. El de Juan Hurtado era fabricar sus amados roadster de los años 40 y 50 con tecnología moderna. Y lo que hasta 1995 realizaba en los ratos libres, a partir de ese año, y con el apoyo de sus hijos, se ha convertido en un próspero y exclusivo negocio.

Ésta es la historia de una pequeña empresa familiar radicada en Santa Fe (Granada) y fundada por Juan Hurtado. Siendo todavía un adolescente, Juan abandonó su Almería natal para emigrar con su familia a Barcelona en los años 60. Allí trabajó en los departamentos de diseño y desarrollo de varias empresas automovilísticas, colaborando en la creación de cabinas de camiones de varias marcas y acabando en una filial de Seat. Esta experiencia le sirvió para poder volver a su tierra y montar su propio taller en Maracena (Granada), donde comenzó a ofrecer servicio posventa a concesionarios oficiales, especializándose en la reparación y transformación de carrocerías. En sus ratos libres empezó a alimentar su sueño: fabricar prototipos de inspiración clásica. A la par, tenía en la cabeza una idea. ¿Por qué dejar coches como nuevos en su taller cuando podía hacerlos realmente nuevos?

La gran ocasión llegó casi por casualidad. “Empezamos a fabricar en 1995. Un proveedor amigo nos pidió un coche para llevar algo distinto a una feria de muestras de maquinaria. Fue el primer contacto con el público. Empezó el boca a boca y comenzamos a vender algunas unidades. Al año siguiente, nos planteamos ir a ferias de coches clásicos, como Retromóvil, en Madrid; o Auto Retro, en Barcelona. Decidimos cambiar de negocio y dedicamos al 100% a la fabricar coches”, explica Juan Ignacio Hurtado, hijo de Juan y responsable del departamento comercial de Hurtan.
“Para mi padre, la ilusión de su vida era desarrollar un coche con las ventajas de la mecánica moderna (dirección asistida, servofreno, ABS...), pero que tuviera una línea clásica”, afirma.

UNA ILUSIÓN HECHA REALIDAD

La compañía decidió volcarse en la creación de vehículos de corte clásico, a la usanza de los deportivos descapotables de las décadas de los 40 y 50, y nacieron los primeros modelos con la marca Hurtan. “Al principio fabricábamos coches más sencillos, muy austeros, con mecánica de Renault 5, sin dirección asistida... Un coche muy de paseo. Poco a poco, hemos ido desarrollando y perfeccionando el producto. Ya no fabricamos un coche, fabricamos caprichos. Eso nos ha hecho llegar al desarrollo del Grand Albaycín, que está al nivel de cualquier automóvil de este estilo en Europa, como Morgan o Wiesmann”, apunta Juan Ignacio.

Ahora tienen tres coches en catálogo (Albaycín de 2 y 4 plazas y Grand Albaycín). Por tratarse de una fabricación por encargo, su producción varía según los años, aunque suele oscilar entre los 50 ó 60 vehículos, cuyo precio oscila entre 32.000 y 70.000 euros. Con sus nuevas instalaciones, muy cerca del aeropuerto (“los clientes vienen en avión”) han aumentado su capacidad de producción anual a 150 unidades.

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