Sus inicios

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EMP. En sus inicios, su experiencia como empresarias se limitaba a la gestión de un pequeño hotelito familiar, ¿era suficiente bagaje para arrancar un proyecto?
C.M. Cuando eres empresario, no sabes de nada. Tienes una buena idea de negocio, pero eso no implica que seas experto en todas las áreas que supone un negocio. Las hay más sencillas. Si desconoces los temas financieros, puedes acabar controlándolos con un poco de formación. Pero en el caso de los recursos humanos, todo es más complicado porque trabajas con personas y éstas son impredecibles.
I.Ll. Es el área más difícil de gestionar y en la que hemos tenido verdaderos problemas, como cuando detectamos que el director financiero y una persona que llevaba ocho años con nosotras nos robaban o cuando nos denunciaron por mobbing para sacar dinero… Son cosas que te hieren mucho y dices: ¡Por favor!, no me lo merezco. A mí, el tema de los recursos humanos no me gusta nada.
C.M. Es lo menos gratificante. Aunque tenemos muy claro que un proyecto es un equipo y tienes que invertir en ello.

EMP. ¿Y eso en qué se traduce?
I.Ll. Estamos implementado herramientas para motivar y para que se cree un espíritu Rusticae. Queremos que la gente se enamore del proyecto. Ahora mismo hay cuatro unidades de negocio y a sus responsables les llamamos intraempresarios porque queremos que vea su unidad como un proyecto personal y empresarial autónomo del resto.
C.M. Desde el principio, teníamos claro que lo que fuésemos hacer lo queríamos hacer bien, con la máxima calidad posible, y que sólo así podíamos diferenciarnos. Y eso es lo que le pedimos a nuestra gente: que siempre busquen el máximo de calidad y de excelencia.

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EMP. Además de Rusticae, cuentan con Metrópoli, un club de calidad para hoteles con encanto en las ciudades; Degustae, un club para restaurantes con encanto; una consultoría para asesorar a los dueños de hoteles; un estudio de decoración y arquitectura especializado, un máster en dirección de pequeños hoteles, las tarjetas regalo, los momentos Rusticae… Abruma tanta diversificación…
I.Ll. Son iniciativas que van surgiendo en la mayoría de los casos de la necesidad de nuestros propios clientes. Vamos por un camino que creemos que es el camino correcto y que siempre está en movimiento. A veces decimos que cuando nos hacen una foto salimos movidas porque ya estamos dirigiéndonos hacia otro proyecto. Una empresa es algo vivo y tienes que ir reinventándote en función de la coyuntura económica, las tendencias y tu conocimiento del sector.

EMP. Apostando por la innovación, ¿no?
C.M. Se trata de tener capacidad creativa para generar continuamente iniciativas novedosas. Desarrollar acciones de márketing impactantes y económicas. Una de las medidas que nos han ayudado a posicionarnos como marca, y de una forma económica, ha sido nuestra capacidad para generar alianzas con otras empresas. Pensando un poco de qué manera podemos llegar a nuestro cliente target sin realizar grandes inversiones, buscamos establecer estrategias win win con otras compañías de otros sectores. Se trata de ser imaginativo y echarle morro, presentarte ahí y decir he pensado una forma de hacer las cosas de una forma nueva: cinco te dirán que no, pero ya habrá un sexto que acepte.

EMP. En el libro Pioneras, en el que se cuenta toda su trayectoria, no tienen ningún inconveniente en hacer autocrítica. ¿Es fácil gestionar el fracaso?
C.M. Hay que diferenciar entre el fracaso antes de empezar o el que ocurre cuando ya has arrancado. Una vez que estás dentro, lo que se producen son fracasos parciales. Hay que llevarlos con dignidad, reconocer que te has equivocado y aprovecharlos como una forma de aprendizaje. Tenemos una visión muy positiva y siempre nos planteamos que de todo hay que aprender y sacar algún provecho. Hay que impedir que el miedo al fracaso sea superior a la ilusión de llevar adelante tu proyecto.
I.Ll. Tienes que entender que no todo en la vida te va a salir bien ni que vas a hacerlo bien todo. Hay que asumirlo, y aceptar la prueba-error, o que te encuentras con problemas coyunturales o que te has equivocado en la estrategia elegida... y que no pasa nada.

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