Surcando los mares

En Arenys de Mar, un pequeño pueblo barcelonés, Aresa Boats construye embarcaciones para todo el mundo. Contagiada por el espíritu aventurero de su propietario, Óscar López, la compañía ha reinventado un sector históricamente dañado y ha hecho de la internacionalización el antídoto contra la crisis, conquistando África.

La recesión económica ha provocado una auténtica marejada en negocios como el de los barcos de lujo, hasta el punto de llevarse por delante varios astilleros del país. En Aresa Boats, una empresa que este año cumple medio siglo y que ha tenido tiempo suficiente como para vivir varias crisis, sus promotores tienen claro desde hace años que dedicarse a un solo nicho de mercado es ir directo al naufragio.

Ya en la Transición del franquismo a la democracia, la compañía vivió una situación similar a la actual con la incertidumbre económica provocada por el cambio de régimen político. El negocio de los yates de lujo, su principal fuente de ingresos en aquel momento, resultó seriamente dañado, lo que obligó a la firma a buscar nuevos productos que le permitieran mantenerse a flote. Comenzó así a diversificar su oferta, con la construcción de embarcaciones de servicios portuarios y de vigilancia costera, a las que se unirían más tarde las de transporte de pasajeros, mercancías y pesca profesional.

El éxito de Aresa Boats ha sido posible gracias al empuje de Óscar López, que entró en la compañía antes de iniciar los estudios de Ingeniería, con sólo 17 años, y fue escalando posiciones hasta hacerse con su propiedad cuando apenas tenía 35. Hijo y nieto de pescadores, López ha reinventado desde entonces el concepto de astillero tradicional, dando un giro a su pro-­­ ducción mediante el uso de nuevos materiales para la construcción de embarcaciones gracias a una importante labor de I+D.

Surcando nuevas fronteras
“Fuimos pioneros en la utilización del poliéster en el sector para pintar embarcaciones de composites de grandes dimensiones”, explica el presidente de Aresa Boats. Entonces lo que predominaba era el uso del poliuretano, un material que te obliga a pintar y reparar la embarcación de forma periódica. El poliéster, en cambio, tiene un mantenimiento mucho más sencillo, hasta el punto de que una nave puede estar entre 15 y 20 años sin que tengas que pintarla. “Uno de nuestros hitos ha sido, precisamente, el de producir el mayor barco de poliéster construido nunca en un astillero español, con 40 metros de eslora. Fue posible gracias a que tenemos el mayor molde hembra de poliéster existente en una empresa privada de Europa”, añade.

En un negocio marcado por las reconversiones, el paro y la continua restructuración, Óscar López tuvo claro que si quería sacar adelante su compañía tenía que buscar en el extranjero el negocio que se agotaba en el mercado interior. Consciente de ello, Aresa Boats comenzó a explorar nuevos mercados y en 1978 firmó con el Gobierno de Senegal un contrato para el suministro de embarcaciones de vigilancia interior. Tres años después alcanzó un acuerdo con la Marina de Túnez para servir a este país embarcaciones militares.

Comenzó así una fructífera relación con el continente africano que continúa hoy y que se ha convertido en una de las más importantes fuentes de ingresos para la compañía. “Aunque no sea un mercado natural para la empresa, África es un continente con muchas posibilidades”, puntualiza López.

China, enemigo a batir. En la conquista de África, China es el principal rival al que tiene que hacer frente Aresa Boats. “En realidad, estamos compitiendo con el propio Gobierno chino, que, además, de contar con la ventaja de que vende su producción en dólares, tiene mano de obra barata y maneja bajos costes. Por si fuera poco, financia todo lo que vende”, comenta su presidente.

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