El imperio de las chuches

Con un millar de referencias, a las que incorpora entre 40 y 50 novedades por año, la distribuidora de productos de confitería Migueláñez ha hecho de la innovación su estrategia diferencial y su fortaleza comercial.

Las 12 uvas de fin de año. Una costumbre que se remonta a 1909. Entonces, y debido a una extraordinaria cosecha, los viticultores inventaron este rito para dar salida al sobrante. Muy arraigada en la sociedad, no toda la gente sigue la tradición, al no gustarles este fruto. Consciente de tal realidad, Migueláñez ha sustituido las uvas por caramelos de goma, aptos para celíacos –entre otras propiedades- y presentados en dos formatos: en una copa de plástico que se puede reutilizar para el brindis o en un envase con forma de racimo.

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CALIDAD Y SALUD

El episodio ilustra la filosofía de una empresa que ha desarrollado unas pautas de trabajo con las que pretende identificar las potenciales demandas de sus consumidores. Y no sólo eso. Además se ha planteado responder a las mismas con una gran rapidez en el desarrollo de sus productos, intentando siempre ir un paso por delante de sus competidores.

Migueláñez exhibe su “personalidad” creativa en cada una de sus actuaciones. Recientemente, presentó una nueva línea de caramelos blandos o jellies sin colorantes artificiales, con la particularidad añadida de que están elaborados con goma hahal, que los hace aptos para su consumo entre la comunidad musulmana.

En su mente siempre está dar una vuelta de tuerca a los productos. Esto explica, por ejemplo, el lanzamiento del tripack fondue, un pack que engloba tres sabores distintos como el chocolate negro, chocolate con leche y chocolate blanco.

Otra de sus líneas estratégicas es analizar la idiosincrasia de los ‘momentos de consumo’ de sus productos más tradicionales para intentar aportarles connotaciones de ‘experiencias únicas’. En las pasadas Navidades, por ejemplo, comercializaron unas tazas de cerámica, rellenas de figuras de chocolate para colgar en el árbol; o unas bolsas de peluche con la forma de los Reyes Magos, que incluían carbón dulce.

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Todos los frentes están cubiertos por este poso innovador. También los más nimios. Si os fijáis en cualquiera de sus artículos, comprobaréis que incluye un código de barras exclusivo, con la silueta de la compañía. “Esto no te aporta más ventas, pero sí transmites un ambiente de

innovación y cuidado por los detalles”, ilustra Mario Migueláñez, director general de la sociedad e hijo del fundador Onésimo Migueláñez.

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