La "pyme" que soñó Newton

¿Sabías que una empresa madrileña que factura 100 millones de euros es el líder mundial en centros de control de satélites en tierra después de desplazar del podio a la estadounidense Integral Systems?

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Esta empresa ha pasado de tener 3 empleados en 1985, a 300 en 1999 y a 1.100 en la actualidad.

Cómo puede ser que la NASA –a través de una contrata– te elija para desarrollar su sistema de tierra de la constelación de satélites de seguimiento y transmisión de datos y a ti te produzca alegría, pero, al mismo tiempo, te parezca tan normal? GMV es todo menos una empresa que carezca de autoestima por parte de sus trabajadores y directivos, pero, cuando se supo que había sido elegida este año por General Dynamics para actualizar la red de control de tierra de la NASA, el ambiente en los distintos sitios del grupo rozó la euforia. “Con este y otros éxitos anteriores –apunta Jesús Serrano, director general de GMV– hemos pasado a ser jugadores de primera división en el sector aeroespacial”.

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No es un farol. Muchas de las candidatas a hacerse con el contrato de la NASA eran ya veteranas en la industria espacial cuando GMV ni siquiera existía. La elección de GMV por el contratista de la NASA no fue, sin embargo, caprichosa ni casual. Ganó porque es la mejor: en poco más de dos décadas de existencia, la empresa madrileña se ha consolidado como líder en este importante nicho de mercado de la industria, los centros de control en tierra para satélites de telecomunicaciones, de la que desplazó del podium nada menos que a la norteamericana Integral Systems, una exitosa empresa que cotiza en el Nasdaq y ha doblado su valor bursátil en el último año.

Lo más deslumbrante de la historia de GMV es que empezó muy de abajo, casi de la nada. “Se fundó en 1985 –explica Serrano– por Juan José Martínez García, un catedrático de la escuela de ingenieros aeronáuticos de Madrid, con sólo dos ingenieros, al regresar de Europa, donde había trabajado en la ESA (European Space Agency). La oportunidad detectada por Martínez, ya fallecido (le ha sucedido su hija Mónica Martínez Walker), era el acceso a los contratos de la ESA en el marco de las contribuciones de España a la agencia.

160 satélites en órbita

Ahora es una multinacional, pero comenzó como una pyme, la pyme en la que le habría encantado trabajar a Isaac Newton... de haber sobrevivido tres siglos. Creada sólo con 3.000 euros, facilitados por el CDTI, la empresa factura ya 101 millones de euros. Los tres ‘trabajadores’ de 1985 (300 en 1999) ya son casi 1.100, el 85% licenciados universitarios y procedentes de 16 nacionalidades, y trabajan en los 11 centros de producción de la compañía, en España y otros 24 países.

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Más importante aún, GMV es la única empresa española que aparece en el prestigioso ranking de la revista Space News de las 50 primeras empresas del sector a escala mundial. Más de 160 satélites en órbita –en su mayor parte de telecomunicaciones– en 25 países del mundo son gestionados desde tierra a través de centros de control con la tecnología de esta empresa de Tres Cantos, una ciudad dormitorio de Madrid y en la que abundan firmas dedicadas a las tecnologías de vanguardia. “El 47% de los lanzamientos de satélites proyectos para el 2011 serán controlados con nuestros sistemas”, asegura Serrano. Esto porque ocho de los 10 operadores de satélites comerciales más grandes del mundo son clientes de GMV, entre ellos Eutelsat, el líder europeo del sector.

En GMV no niegan que, pese a disponer de tecnología y un conocimiento valiosos, el gran problema que ha afrontado la empresa durante años ha sido el de convencer a los clientes de su capacidad para ejecutar misiones y contratos complejos. Esto la ha obligado a acercarse al mercado con una cierta modestia. “Tratamos de empezar con contratos pequeños y, luego, una vez convencido el clientes de nuestra efectividad, avanzar hacía encargos de mayor complejidad”, continúa Serrano.

Fue así como se lanzó con pequeños contratos para la ESA, “con tan buen resultado que en poco tiempo ya nos valoraban muy positivamente”, asegura. Sólo cuatro años después de los primeros encargos, GMV era declarada por la ESA Centro de Excelencia en Mecánica Orbital, distinción que le dio paso a una progresión de sus actividades para la agencia europea. “Así, a finales de los 80, lográbamos entrar en programas de vuelos tripulados, navegación por satélite o sistemas de control”. Después acabaría participando en proyectos de tanta importancia como Galileo en el que, aclara el ejecutivo, “somos responsables del corazón de uno de los tres sistemas de que se compone, el control de tierra”.

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El paso siguiente, tras su consolidación en la ESA y en otras agencias espaciales públicas de todo el mundo, fue la entrada en el mercado de satélites comerciales, básicamente de telecomunicaciones (para la televisión), operados por empresas como Astra, Hispasat o Eutelsat. Todo un reto para ellos ya que exigía mayores niveles de financiación por la empresa y en el que solo GMV pudo entrar porque, como explica Serrano, “exigía el haber empezado antes por programas públicos, en los que acumulamos experiencia”.

También los primeros contratos comerciales fueron de pequeña dimensión. “El primero, con la francesa Eutelsat, el mayor operador internacional, fue un estudio sobre operaciones de dinámica de vuelo por 50.000 euros” , recuerda Serrrano.

De modo que, pese a la euforia provocada por la victoria en el concurso de EE UU para la modernización del TDRS (sistema de tierra de la constelación de satélites de seguimiento y transmisión de datos de la NASA), un contrato de cuatro años de duración, la verdad es que tampoco ha sorprendido más de la cuenta. “Nos eligieron porque nuestro sistema era el más flexible y, además, el más barato“, asegura Serrano. Dos años antes, en el 2009, GMV había ganado ya otro contrato con la NASA, este en el marco la LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter), una mision enviada a la Luna que incorporaba el sistema de planificación (el cerebro en tierra) de la empresa española.

Huelga decir que la empresa española utilizó en EE UU el mismo método de ir paso–a–paso que tan buenos resultados le dio con la ESA. Tras implantar en el 2005 su filial en aquel país, en Rockville, Maryland, cerca de Washington, dirigida e integrada básicamente por estadounidenses, GMV tardó 18 meses en conseguir su primer pedido, un contrato de 250.000 dólares para World Space, una empresa de radio por satélite. Este año, el mercado estadounidense supondrá ya el 12% de los ingresos del grupo.

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Otro puntal de su crecimiento fue la decisión tomada a mediados de los 90 de utilizar sus habilidades tecnológicas para entrar en otros sectores –transportes, telecomunicaciones o TICs–.

Saltar a otras actividades

“Nos dimos cuenta de que teníamos tecnologías y know how propio que podíamos aplicar con éxito en otras actividades”, explica el director general de la compañía.

Una de ellas, la gestión de flotas de transportes a través de satélite, un servicio que ahora mismo crece más que el área Espacio, y en la que GMV ganó contratos de gestión de centenares de autobuses en ciudades como Budapest o Putrajaya (Malasia).

Otro negocio en ascenso es la seguridad informática de cajeros automáticos. Más de 50.000 cajeros de todo el mundo están protegidos frente a ataques informáticos con productos de GMV.

Serrano opina que todo esto es sólo el principio. La fuerte apuesta en I+D (invierten el 10% de los ingresos) y la política de compra de empresas “nos abrirán más puertas en los próximos años...”.

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