Vincent Rosso: “Blablacar creció gracias al capital español”

Nadie en París quería financiar el proyecto de Blablacar. Fue Luis Martín Cabiedes el inversor que hizo posible el impulso de la empresa de coche compartido que cuenta ya con 65 millones de personas registradas y está en más de 20 países.

Vincent Rosso
Blablacar

Lo contó Vincent Rosso, cofundador y director general de Blablacar España hasta 2015, en el transcurso del último encuentro de networking Ponte Cara donde intervino como ponente. “Nadie en París quería financiar el proyecto de Blablacar. El primer inversor que confió en nosotros fue Luis Martín Cabiedes, quien también invertía por primera vez en una empresa extranjera. Hoy puede decirse que Blablacar existe gracias al capital español”.

La idea de Blablacar es de Fréderic Mazzella, nacido en la ciudad de Nantes, físico de formación y hoy experto en temas de movilidad sostenible. La intención, además de crear un negocio rentable, era revolucionar el sector de la movilidad pero no desarrollando tecnología nueva ni creando un producto diferente sino cambiando y optimizando el uso que se hace del coche.

Blablacar es un servicio de origen francés de vehículo compartido que hace posible que las personas que quieren desplazarse al mismo lugar y al mismo tiempo puedan organizarse para hacer el trayecto juntos y compartir gastos. Es una forma no solo de economizar en los desplazamientos, sino también de reducir la emisión de gases contaminantes, descongestionar las carreteras y sacar el máximo provecho al vehículo.

Según expuso Vincent Rosso, solo en España, ocho millones de asientos disponibles se mueven vacíos a diario. A esto es a lo que se refiere al hablar de “morir de éxito en el uso”, es decir, utilizar un producto que, tecnológicamente, supuso un avance para la humanidad pero que se vuelve en contra debido al abuso irracional del mismo.

El origen

Bajo esta premisa surge la plataforma de carpooling Comuto, el nombre original con el que Blablacar nace en Francia en 2006. A España llega en 2010, el país por el que inicia el proceso de internacionalización meses después de que Luis Martín Cabiedes hubiese decidido ya su inversión. Quien convenció a Martín Cabiedes fue Rosso, “el primer inversor de carne y hueso que veía en mi vida. No sé si fue suerte o intuición o las dos cosas pero 15 días después Luis invierte en esta empresa francesa, un gran acierto por su parte y una suerte para nosotros contar con un inversor como él”, dijo.

Las cifras de Comuto a escala europea cuando aterrizó en España en 2010 hablaban de “12 millones de páginas vistas al mes, más de 700.000 miembros inscritos, 160.000 viajes en coche compartido realizados al mes, un crecimiento mensual de más de un 150% desde el 2006”.

Actualmente, los datos aportados por Rosso son: 65 millones de personas registradas en la plataforma y presencia en más de 20 países dentro y fuera de Europa. La media de desplazamientos en Blablacar es, a escala global, de medio millón de pasajeros al mes y 100.000 en España, un tráfico que equiparó al de Iberia o Air France. En cuanto a la facturación, ya en 2017, se publicó que la empresa rondaba los 13.000 millones de euros.

Las claves del éxito, según su protagonista

En cuanto a los factores que hicieron posible ese crecimiento exponencial, Rosso enumeró algunas claves en el transcurso de su intervención:

-La crisis: Más que la concienciación social, a ellos les ayudó, en un principio, la crisis económica aunque dejó claro que fue una casualidad. “Nadie puede hacer un plan de negocios contando con una crisis de fondo”. Otro factor que dijo que les había ayudado a descubrir un punto caliente fue el elevado precio del Ave Madrid-Valencia, convirtiéndose esta en la ruta más transitada desde la plataforma.

-Un buen momento para integrar tecnologías: “Nosotros no inventamos nada, ni el coche ni el smartphone ni las redes sociales, pero fueron tecnologías que empezaron a expandirse y nosotros supimos integrar”.

-El foco: “Las personas tenemos tendencia a explorarlo todo. “Eso está bien, pero en los negocios, a la hora de ejecutar, hay que poner foco. Ser como el perro que va a por la pelota que le lanza el dueño, no a por la del vecino”.

-Ambición: “Ya que emprender tiene un alto coste personal y familiar, mejor hacerlo por algo que de verdad merezca la pena de verdad, que sea algo grande. Para eso hace falta ambición y pensar que si te pones a desarrollar un producto, mejor diseñar algo que sirva para distintos mercados, no conformarnos con una empresa capaz de llegar a 10 millones sino de hacerlo a 100 o 1000”. En este punto resaltó Rosso la ventaja de los emprendedores europeos de validar un mismo producto en mercados muy diversos sin necesidad de hacer grandes desplazamientos, dada la diversidad cultural del continente. “No tendríamos que tener miedo a los americanos. La mayoría de las empresas en EE.UU no saben hacer negocios globales”.

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