Actor de reparto con El Fary, organizador de apuestas deportivas y, ahora, CEO de Reclamador

En solo siete años Reclamador ha conseguido: una plantilla de 130 personas, más de 70.000 casos resueltos con un 98% de éxito, 250.000 clientes registrados y 3.3M de ebitda. Tan interesante como la historia de empresa, es la de su fundador: Pablo Rabanal.

Pablo Rabanal, CEO de Reclamador
Maximo Garcia de la Paz

Algunos le han comparado con el hombre del Renacimiento, pero Pablo Rabanal, CEO de Reclamador, prefiere presentarse como un “Robin Hood con ánimo de lucro” y como una persona que se guía por la tripas. Está convencido de que los planes de vida no siempre se cumplen y de que es en la coherencia interna donde se encuentra la motivación para hacer las cosas.

Hasta dar con la tecla

De pequeño quería ser jugador de baloncesto, pero se quedó algo bajito. Hijo de familia de emprendedores, ya en la adolescencia se animó a estudiar empresariales en Icade, pero tampoco estaba muy convencido de que este fuera su hábitat natural, así que compaginó la licenciatura con la escuela de teatro. Tras hacer unas pequeñas prácticas en IBM, vio que aquello no iba con él y se pasó a la carrera de actor. Aquí consiguió un pequeño papel de reparto con el Fary, otro de extra en Airbag y algún que otro anuncio. Vamos, que tampoco esta faceta se presentaba muy prometedora. Trató de reciclarse y cursó un master para la industria audiovisual, “que era un poco la unión del mundo de los negocios con la parte artística”, dice.

El paso siguiente fue meterse en una productora de cine con Elías Querejeta y otros socios. Aquí estuvo durante 5 años, 2 de ellos como director general, hasta que, a raíz de ‘Los lunes al sol’, se produjo una pelea entre los socios que acabó también con la productora. Intentó seguir en la profesión como agente de actores, pero no funcionó.

“De repente me encontré en tierra de nadie con la necesidad de buscarme la vida”. Lo hizo repartiendo publicidad por la calle vestido de pelota de tenis, una época a la que agradece haberle procurado “una lección de humildad”. Eso es ahora, porque cuando le tocó vagar por las calles durante los 2 o 3 años que duró el aprendizaje, también tuvo tiempo para hundirse.

“De repente me pasó una cosa y es que yo, que creía que me iba a dedicar a promocional el cine toda la vida, me cansé de eso y decidí resetearme”. Tenía más de 30 años cuando coincidió con un amigo de la infancia con el que se le ocurrió organizar lo que denominaron ‘Póker al sol’. La idea era organizar competiciones entre jugadores en sitios turísticos rodeados de sol y playa. En esto se hallaba cuando conoció a los fundadores de Bwin, empresa internacional de apuestas deportivas, para la que Pablo Rabanal y su socio terminarían desarrollando toda la parte del retail en nuestro país.

“En el mundo del juego se ganaba muchísimo y a mi me gustaba apostar porque me encanta el deporte, hasta que vi algo que tampoco me convenció mucho y es que había gente que se quedaba enganchada. Me parece respetable, pero yo no acababa de sentirme cómodo ganándome la vida así".

El incidente que dio lugar al Reclamador

Ahora con dinero, Rabanal deja el trabajo y toma la decisión “equivocada” de tomarse un año sabático. Errónea porque perdió la disciplina de la productividad y porque, cuando quiso volver, la crisis ya estaba encima.

Nuevo intento frustrado de reengancharse al mundo del cine con una empresa orientada a desgravar impuestos a quienes invirtiesen en esta industria, antes de tomar la decisión, ahora ya firme, de montar algo que solo dependiese de él. “Tenía que ser un negocio online porque quería ser yo quien llevara las riendas y porque ya no me quedaba mucho dinero. El problema es que no tenía ni pajolera idea de internet”. La carencia la suplió con otro Máster, éste de Negocios de Internet.

Mientras, tuvo un incidente con la operadora de telefonía móvil que tenía contratada. “Estando en La Berlinale se me desconfiguró el móvil. Al regresar a Madrid intenté solucionar el problema y no había forma de dirigirse a una oficina ni de hablar con alguien con capacidad de decisión. Tampoco en la oficina del consumidor me hicieron caso. Cambié de compañía y siguieron pasándome los recibos, me negué a pagarlo y acabé en una lista de morosos. Me parecía imposible que eso pudiera pasar y que no hubiera forma de solucionarlo".

De esta situación tan frustrante surge la idea de Reclamador. Antes de montarla, se dedicó Rabanal a investigar aquellos sectores que acumulaban más reclamaciones por parte de los consumidores y vio la oportunidad en las aerolíneas, un mercado en el que, si todos reclamásemos las incidencias que se padecen, las devoluciones ascenderían a 600M de euros.

¿Cargándose la profesión?

La idea, no obstante, era extender el derecho a reclamar a todos los ámbitos posibles. A día de hoy, la empresa gestiona casos en áreas de todo tipo: aerolíneas, fiscal, accidentes de tráfico, negligencias médicas, laborales…La cantidad mínima para reclamar es de 250€ con un beneficio para la empresa que, dependiendo del producto, oscila entre un 10 y un 25%. La otra peculiaridad es que solo cobran a éxito, circunstancia que, según el CEO, se da en el 98% de los casos.

“Yo creo que lo que aportamos es una visión no legal al mercado. Al cliente se lo ponemos fácil, somos transparentes, les traducimos a cristiano lo que no entienden y gestionamos bien las expectativas”. Pero esta idílica visión sabe Rabanal que cuenta con sus detractores en el mundo del Derecho .“Cierto que hay abogados que dicen que nos estamos cargando la profesión, pero siempre respondemos lo mismo: ¿Cuántos casos en los que tuvieses 62€ de beneficio llevabas antes? Si es que ninguno, no me estoy cargando nada, lo que estamos haciendo es crear una nueva categoría en la que tiene cabida toda esa gente que antes no encontraba profesionales legales para reclamar pequeñas cuantías”.

Los datos

Con prácticas como las referidas han conseguido en Reclamador tener a 250.000 clientes particulares dados de alta. Los casos resueltos ascienden a 70.000, equivalente a cerca de 200 millones de euros, llevan más del 22% de los pleitos mercantiles de España y cerraron el año pasado con 3.3 M de euros de ebitda.

Ocupan una oficina en la zona de Legazpi, en Madrid, de 1.000 m2 en un espacio sin tabiques donde Rabanal suele sentarse en una esquina cerca de la entrada, junto al resto de los compañeros: 55 abogados, 20 del equipo de producto (ingenieros y usabilidad) y, el resto, atención al cliente.

¿Qué sería de todos ellos si a Pablo Rabanal le diese por dedicarse a otra cosa? “Bueno, no tengo ninguna intención de desvincularme del proyecto, pero yo te diría que una startup es algo muy personal hasta que coge cierta dimensión. Entonces tienes que empezar a delegar en otros profesionales. No hablo de venderla, sino de ceder el paso a otros que sepan llevarla a otro nivel. Yo creo que estoy preparado para ello, de hecho se acaba de incorporar un director general”.

¿De todo lo conseguido hasta ahora, de qué te sientes más orgulloso? Es la última pregunta que le hacemos. “Pues de haber conciliar un negocio con vocación de ganar dinero, pero también con vocación de ayudar a la gente. Cuando digo que somos un Robin Hood con ánimo de lucro, lo digo convencido”.

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