Cuando montar una empresa es la única forma para ejercer tu vocación

Durante tres años, Ana Luengo ocupó la presidencia de la Federación Europea de Arquitectos Paisajistas. Entre sus proyectos actuales está la restauración de la Puerta de la Independencia del Parque de El Retiro, aunque todavía hay quien le pregunta si lo suyo es la jardinería.

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Ana Luengo

Ana Luengo Añón presidió durante años la Federación Europea de Arquitectos Paisajistas (IFLA Europa). Entonces, fue elegida por unanimidad con los votos de los representantes de 34 países europeos y eso que, en España, ni siquiera está reconocida la actividad del arquitecto paisajista como disciplina. El problema era que el cargo, aunque de pronunciación rimbombante, no estaba pagado y ella tenía una empresa que atender.

En su periplo de formación como doctora arquitecta paisajista, Ana Luengo pasó por las universidades de Francia, Londres y Portugal. En esto tuvo suerte. No solo por la cuna acomodada, sino también porque pudo contar con la orientación de su madre, Carmen Añón Feliú, Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales 2017 y verdadera pionera en España en la conservación y puesta en valor de jardines históricos y paisajes culturales. “De no ser por mi madre , igual yo ni hubiese sabido que existía eso de la arquitectura del paisaje”, dice.

Con los estudios finalizados, ya de vuelta en Madrid, Ana Luengo se enfrenta a la realidad de que no existen en España empresas donde trabajar y un imaginario social donde la profesión de paisajista dista poco de la del jardinero. “Todavía encuentro a personas que me dicen, ah, que eres jardinera. Un oficio que, por cierto, me parece muy digno y a reivindicar, pero no es exactamente lo mismo".

Dejando ya lo anecdótico, lo cierto es que Luengo se percató de que, “o me buscaba la vida por mi cuenta o tendría que trabajar fuera”. Así es como, en 1992, decide asociarse con Coro Millares, ingeniera agrónoma a quien conoció en un master de paisajismo, para fundar Citerea , el vehículo que les permitiría dedicarse a lo que les gusta. La empresa se dedica a la realización de proyectos de paisajismo, dentro del B2B y el B2C. “Tanto nos encargan trabajos para diseñar una terraza en un ático, como la realización de una cubierta ajardinada, un parque o una finca agropecuaria”, aclara.

Las obras en el Parque de El Retiro

Pero también ejecutan trabajos para la Administración Pública. En este ámbito, el proyecto que ahora les ocupa es la recuperación de la entrada principal al Parque de El Retiro, la Puerta de la Independencia, hasta el Estanque Grande. El proyecto es delicado, dado que conjuga el pasado histórico de los Jardines, considerado Bien de Interés Cultural, con sus necesidades actuales y futuras, dotándolo de los últimos avances técnicos en ingeniería medioambiental. Una de las intervenciones más novedosas es la creación, por vez primera, de un suelo técnico en el Jardín. La solución, que podría equipararse a una tarima flotante, persigue preservar la salud de los árboles desde la raíz. “Por esa puerta transitan millones de visitantes de forma que el pisoteo constante acaba compactando tanto la tierra que conduce a la muerte del árbol por asfixia radicular”, resume Luengo Añón. El proyecto contempla también la recuperación de los árboles que el paseo ha ido perdiendo, bien porque han caído, bien porque han sido retirados ante el riesgo de desplome.

Finalmente, la otra línea de negocio dentro de Citerea corresponde a los proyectos culturales, “los menos rentables de todos”. Dentro de este ámbito, organizan cursos y talleres, conferencias o montan exposiciones. Todo esto lo compagina Ana Luengo con la actividad docente en diversas universidades españolas y europeas.

En 27 años de actividad empresarial, han pasado por todo, bueno y malo, pero todavía hay meses en los que se tambalean las cuentas. Los errores no los cita porque la lista sería larga, pero, entre sus principales aciertos, refiere la asociación con Coro Millares. La empresa la montaron con recursos propios, “con dos duros, como se decía entonces y, como no teníamos capital, lo que invertimos fue mucho tiempo". Y, aunque nunca ha estado en sus planes un crecimiento exponencial, sí que le obsesiona la previsión de las cuentas al menos a un año vista. La cautela, más que por ella, es por el equipo de profesionales que trabajan en Citerea, variable y multidisciplinar conforme a los proyectos que surgen. "Yo tengo claro que el capital más importante de la empresa es el las personas que trabajan conmigo”, afirma.

Los inconvenientes de ser una microempresa

Como la gestión empresarial la tienen externalizada, reconoce que la parte más complicada para ella es el trato con los clientes a quienes, en muchas ocasiones, termina viendo como amigos. “Me cuesta separar la faceta profesional de la personal porque me involucro demasiado. Todos los proyectos me los planteo como si fuesen para mi, igual es por eso de ser una microempresa".

Tampoco observa grandes cambios a lo largo de los casi 30 años que lleva como empresaria en el trato de la Administración. “Por mucho que digan que han mejorado las cosas, no veo políticas reales para favorecer la actividad de los autónomos y las microempresas. Generes o no empleo y riqueza, seguimos arriesgándolo todo. Y eso de que eres tu propia jefa, pues sí, pero antes están los impuestos, los clientes, los empleados…Por eso digo que tener una vocación es una suerte porque, en caso contrario, esto no se aguanta fácilmente”.

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