¿Por qué las aplicaciones de motos están luchando por África?

Las oportunidad de negocio en relación al mundo digital en el continente africano son infinitas

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FLORENT VERGNESGetty Images

Imagina el calor sofocante de una ciudad como Nairobi, la urbe más poblada de África con más de 6 millones de habitantes. Ahora imagina el rugido de las motocicletas circulando por doquier en esa ciudad. Es el caos. Este es el transporte típico del continente africano, ya que comprar un coche es un gasto demasiado caro para el africano medio.

De hecho, la moto es la mejor forma de transporte en África si quieres evitar atascos de varias horas. Por eso han surgido negocios particulares como las moto-taxis, que proliferan en las capitales más importantes del continente. Aunque son ilegales en países como Sudáfrica y Zimbabwe, estos taxis son populares en gran parte de África oriental, donde se los conoce como "boda bodas", "moto-taxis" o simplemente "motos", y en partes de África occidental, se llaman "okadas". Jóvenes africanos sin trabajo pusieron en marcha la industria y ahora brindan un servicio a millones de personas.

Pero la conducción temeraria de estos taxistas ha propiciado que aparezcan una buena cantidad de detractores en el continente. En Ghana, se está produciendo un debate sobre si prohibirlos, pero cuando el gobierno de Ruanda lo hizo hace unos años, pronto se dieron cuenta de que fue una idea nefasta, ya que las calles de Kigali se detuvieron por culpa de la medida.

Por su parte, el gobierno de Ruanda está buscando empresas privadas para ayudarles a regular un sector donde la mayoría de los conductores son autónomos y muchos otros trabajan en negro.

Este mercado puede valer alrededor de 80.000 millones de dólares, según informa la BBC. La batalla por hacerse un hueco en esta industria de los moto-taxis es latente. Los inversores están respaldando nuevas empresas comprometidas con el avance de la "Uberización" dentro del sector. Un concepto que ha surgido en base al modelo de negocio de Uber y empresas tecnológicas con especial foco en la flexibilidad y la velocidad de servicio.

Por un lado, antiguas marcas de motocicletas como SafeMoto y YegoMoto intensifican los esfuerzos para convertirse en nombres conocidos en Ruanda. Por otro lado, aparecen aplicaciones venidas de todas partes del mundo para conseguir hacerse con un mercado no digitalizado.

Así, una empresa llamada SafiRide, fundada por estudiantes universitarios de Estados Unidos, lanzó taxis de motocicletas eléctricas, prometiendo no sólo examinar a sus conductores sino también reducir la contaminación. Estas motocicletas electrónicas pueden recoger clientes directamente en las carreteras o mediante una aplicación en cinco ciudades de Ruanda.

En parelelo, la start-up nigeriana MAX.ng, cofundada por Adetayo Bamiduro y Chinedu Azodoh, ex alumnos de la MIT Sloan School of Management, recientemente recaudó 6 millones de dólares de inversores de capital y un millón en subvenciones para desarrollar sus operaciones en África.

Según los estándares de Silicon Valley, esto no es mucho dinero, pero es significativo si lo comparamos con compañías emergentes en otros mercados similares al africano, como pueden ser en algunos países asiáticos en desarrollo. Las empresas tecnológicas africanas luchan por atraer inversores y, de momento, lo están consiguiendo.

En junio, MAX.ng, que actualmente opera en Lagos, también aseguró la participación de Yamaha. El acuerdo con MAX.ng ​​representa el segundo movimiento estratégico de Yamaha para respaldar una empresa de transporte que presta servicios a los mercados emergentes. La empresa japonesa ya había invertido antes en la empresa Grab, un modelo de negocio similar en el sudeste asiático.

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