Gonzalo Abia y Daniel Vara, promotor de Tyris

“Cuantos más seamos, más rápido crecerá el mercado de las artesanales” 

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Gonzalo Abia (a la izda), junto a su socio y amigo Daniel Vara, crearon esta microcervera de éxito.

La pasión de Gonzalo Abia por la cerveza nació en el año que pasó en Alemania con un Erasmus y se reforzó “un día de 2008 en que probé una cerveza artesanal italiana en Nueva York“, recuerda. Y se fue dejando conquistar por la extrema variedad de sabores de las artesanales hasta tal punto que un buen día se compró un pequeño equipo de producción para fabricar cerveza en el garaje de la casa de sus padres, en Valencia. Los amigos se quedaron tan encantados que tiempo después Gonzalo, geógrafo de 33 años, se preguntó si no sería interesante convertir su hobby en una verdadera actividad. “Hipotequé la casa y vendí el coche. Con los 300.000 euros que reuní, invertí en maquinaria”. Una aventura a la que se sumó Daniel Vara, amigo desde el instituto y también geógrafo, entonces consultor medioambiental, que se ocupa de la parte técnica.

La producción se inició en marzo del 2010 con la marca core, la Tyris de Valencia, una weissbier a la española, hecha de trigo: el año pasado vendían 90.000 botellas y este año cuentan con doblar hasta las 180.000. Pese a lo minúsculo de su producción, Gonzalo y su socio se apañan para ofertar a sus clientes (unos 120 en varias ciudades de la Comunidad) cinco tipos de cerveza distintas. “Además de la Weissbier, tenemos VIPA, una indian pale ale muy de moda en EE UU, más amarga y robusta, con 6,1 grados, y Au Yeah, también de sabor muy americano”, comenta. Abia asegura que se están cumpliendo los objetivos del plan de negocio a tres años, que fijaba el breakeven (punto de equilibrio) en 2013. “Claro que, según vamos creciendo tenemos que invertir en nuevos equipos y contratar más gente (dos personas más entre el 2011 y el 2012), el umbral de rentabilidad se retrasa”. La idea es que los 110.000 euros del año pasado suban a 240.000 este año. “Por encima de los 270.000, “ya ganamos dinero”, afirma.

Con las labores técnicas, de embotellado y etiquetado en manos de los empleados, Gonzalo se ocupa ante todo de promocionar el producto y crear marca, lo que no es sencillo, pues la artesanal es una cerveza cara: Tyrys de Valencia sale de planta a 1,5 euro y se vende entre 3,5 y 4 euros. No es un producto al alcance de todos lo que exige mayor esfuerzo comercial.

“Acompaño al distribuidor para abrir el mercado se la doy a probar al hostelero y trato de convencerle que tener Rosita es un elemento distintivo para su local”, explica.

La empresa, en cifras

Fundación: 2010
Inversión neta: 300.000 €
Facturación 2011: 110.000 €
Botellas producidas 2011: 90.000 unidades
Empleados: 4

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