Las claves de un negocio emergente

Dado que las cervezas artesanales no son de consumo masivo, para su penetración es fundamental todo tipo de  promoción y estrategia de publicidad.

Calidad. Según el sector se vaya expandiendo y los consumidores familiarizando con el producto –más sofisticado que la cerveza industrial–, mayor será el nivel de exigencia. “La cerveza es un producto vivo que hay que controlar, lo que no siempre es fácil“, apunta Nereo Garbín, de Cerveza Artesana.

El gusto local. El paladar cervecero no es uniforme en toda España. Tampoco lo es en las artesanas. En unos lados gusta más fuerte, en otros más afrutada, hay a quien le guste más clara o más rubia, y con más o menor grado de alcohol. “Eso le obliga al elaborador a buscar el paladar de la gente de su zona”, explica Garbin.

El coste. La artesana sale cara porque se produce en series pequeñas y consume más materia prima, lo que obliga a los elaboradores a ser cuidadosos con sus costes. Dada la avalancha de nuevas empresas, cada vez más profesionalizadas, los productores menos eficientes acabarán expulsados del mercado.


Distribución. Es vital la complicidad de los distribuidores para asentar la marca entre los clientes. Dado que los bares normales no tienen interés por el producto, el target son los restaurantes de nivel medio o alto, las cervecerías de calidad y las tiendas gourmet. “Esto obliga a utilizar los distribuidores de vino y no los de cerveza”, asegura Garbin.

Promoción. Es el factor crítico. Los cerveceros artesanos deben estar dispuestos a dedicarle varias horas al día. Todo vale: visitas a la fábrica, catas en los restaurantes y cervecerías, incentivos especiales a los distribuidores, asistencia a las ferias de cerveza que despuntan por España, presencia en las redes sociales, publicidad en la radio y mucha cartelería y merchandising.

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