Bio, especializada y sobradamente rentable

Es una empresa muy joven y ya se ha hecho un hueco en el sector de la biotecnología. AB Biotics es una de las cinco que cotiza en el Mercado Alternativo Bursátil (MBA), trabaja en varias áreas especializadas y empieza a ver los frutos de los desarrollos propios relacionados con la creación de probióticos y la farmacogenética.

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Sergio Audivert y Miquel Bonachera, los fundadores de la compañía, han preferido ceder parcelas de poder de la compañía al capital privado que poner en riesgo la consolidación de este proyecto empresarial de base tecnológica, cuyas expectativas de crecimiento son muy buenas.

Con 22 y 24 años, Sergi Audivert y Miquel Bonachera estaban haciendo un plan de negocio. Ahora, una década después, han conseguido el reconocimiento de su empresa de biotecnología. Por el camino, arruinarse y volver a empezar. Y sobre todo, ‘picar mucha piedra’. Ambos se conocieron en cursos de emprendedores organizados por la Generalitat de Cataluña dentro del plan autoempresa, para facilitar la entrada de jóvenes en el ámbito empresarial. Cada uno llevaba su plan de negocio, pero decidieron juntarse empezando por las dos siglas que encabezan su marca, AB Biotics (Audivert y Bonachera).

La empresa nació como una spinoff de la Universitat Autònoma de Barcelona. “Estar solo es muy duro y unir esfuerzos nos fue bien”, aseguran. Sergi es nutricionista y tecnólogo de los alimentos y Miquel bioquímico: “Somos técnicos pasados a la gestión. Desde el primer día queríamos generar negocio. Por eso, al arrancar la empresa hicimos un MBA en ESADE. Nunca nos hemos puesto una bata”.

Con un aval de sus padres de 50.000 euros empezaron en 2002. Al cabo de dos años estaban en quiebra técnica. “Vendíamos un producto para mejorar el queso. Habíamos hecho un estudio de mercado que decía que funcionaría. La realidad fue otra. A las empresas les gustaba, pero como tenían que hacer una pequeña inversión, se vendía más lento de lo que nosotros necesitábamos y para el capital que teníamos. Nuestras tecnologías son muy innovadoras, tienes que buscar tu oportunidad y aquel no era nuestro momento. Nuestro segundo oficio es el de ‘picapedrero’ y no teníamos capital para aguantar el tiempo que se requería ‘picar piedra”, señalan.

Adaptación al medio
Así que con 25 años, debiendo dinero al banco y con una empresa que no funcionaba, decidieron dar un giro al negocio reformulando las bases y vendiendo paquetes de investigación a la industria. “Aquella situación nos enseñó que para seguir adelante teníamos que ser eminentemente prácticos”.
En lugar de diseñar un producto e ir a venderlo, empezaron a ofrecer sus servicios como empresa de investigación. Las compañías, sobre todo pymes sin capacidad investigadora, les pedían que desarrollasen soluciones concretas.

La primera fue una empresa que vendía aromas para alimentación. “Les desarrollamos un principio activo que estimulaba el sistema inmunitario y hacía la bebida más saludable”. Hay que tener en cuenta que uno de los puntos fuertes de la empresa es el desarrollo de productos probióticos y nutracéuticos para la industria farmacéutica y alimentaria. “Nuestra versatilidad al empaquetar un proyecto de I+D es muy amplia”, explican.

Para desarrollar el producto subcontrataban investigadores, aunque poco a poco han ido ampliando su plantilla hasta ser actualmente 51 personas, la mitad doctores y físicos: “Miramos el estado de la técnica e investigamos nuevas vías para mejorar el estado tecnológico. Debemos aportar algo más. Si lo hay nos ponemos a trabajar y si no, no vale la pena continuar para acabar haciendo lo mismo que hay en el mercado”.
Todo lo que ganaban lo reinvertían en la propia compañía para desarrollar productos propios. Así fueron creando su base tecnológica. “Asignamos a nuestra gente proyectos muy focalizados y que a priori tuviéramos claro que serían rentables. Orientados a llevar un producto final al mercado. Lo aprendimos de la época en que todo nos fue mal”, recuerdan.
En 2008 tenían desarrollos propios y volvía a faltarles capital. Es cuando entró en la empresa como bussines angel el que ahora es presidente Miguel Sánchez Lafuente, que acababa de vender su laboratorio, Gelos, fabricante de Gelocatil al grupo farmacéutico Ferrer.

Salir a bolsa
En junio de 2010 decidieron salir a bolsa para acabar de financiar sus soluciones. Así lo justifican sus fundadores: “Nos pareció la mejor opción. Teníamos un grado de exposición personal muy elevado, la percepción del riesgo era muy alta. Tampoco quisimos entrar en la solución de una empresa de capital riesgo porque nos hubieran pedido una focalización muy grande de producto, al estar ellos ya muy diversificados. Ahora somos un proyecto muy equilibrado”.

En este momento es una de las cinco únicas compañías de biotecnología españolas que cotizan en el MAB (Mercado Alternativo Bursátil). Y es que “cotizar en bolsa nos dio más visibilidad y permitió que muchas empresas se pusieran en contacto para solicitar nuestros servicios de investigación”.

Después de la última ampliación de capital, los dos socios iniciales tienen cada uno un 17% de la compañía. En bolsa hay un 45% y el resto lo tienen Angel Sánchez Lafuente, Josep Lluís Balades y Buenaventura Guamis. “Cuando eres emprendedor debes decidir si quieres ser rey o rico y nosotros queremos ser ricos y el retorno de la inversión. No te preocupa el porcentaje de participación sino tirar adelante”, aclaran.

El mismo año de su salida a bolsa lanzaban al mercado sus propios productos que ahora representan el 30% de su facturación, cuando hace dos años esa cifra era cero. “Nuestra vocación en generar tecnología propia, que es la que te da más rentabilidad”, resumen.

Areas de negocio
La empresa tiene tres áreas de negocio bien diferenciadas. Por una parte está la que hasta ahora ha sido la base fundamental de sus ingresos. Se trata de la que desarrolla paquetes de proyectos de I+D concretos para industrias del sector alimentario o farmacéutico. Para ellos desarrollan soluciones biotecnológicas diferenciadoras y patentables de alto valor añadido. Entre otras han colaborado con Damm, Casa Tarradellas o Carinsa y con los laboratorios Vendrell, Ferring Farmaceuticals o Lacer.

Para potenciar este área, en 2011 adquirieron Quantum Experimental, una compañía de servicios médicos y análisis muy especializada, por 1,5 millones de euros. Las sinergias entre las dos compañías permite a AB Biotics ofrecer un servicio integral que abarca todas las fases, desde el diseño de la fórmula al registro del producto para su documentación.

Su segunda área es la de desarrollo de probióticos, es decir fórmulas basadas en microorganismos vivos que promueven beneficios en la salud. Es la que se encuentra en estos momentos en expansión. Audivert y Bonachera dicen que todo lo que ahorraban lo invertían en esta área para desarrollar productos propios.
Los años de investigación han dado sus frutos hasta conseguir recientemente sacar varios al mercado. El primero fue AB Life, que permite reducir entre un 14 y un 18% el nivel de colesterol. En España han vendido la licencia a Laboratorios Lacer que lo comercializa bajo la marca Primacol. A nivel internacional, han llegado a un primer acuerdo con la compañía Inspharma para su distribución en el sudeste de Europa. Se trata de su primera licencia internacional. Precisamente, el 29 de diciembre de 2011 cerraron en el MAB una ampliación de capital de 4,3 millones de euros para realizar la primera parte de su plan de internacionalización.

La tercera área de negocio es la genética. Se centra en el desarrollo de análisis genéticos para elaborar estudios de farmacogenética, es decir, la forma en que los pacientes responden ante determinados medicamentos en función de su herencia genética.

En 2010 lanzaron al mercado el primer producto fruto del trabajo de investigación en esta área: el Neurofarmagen. Mediante una muestra de saliva se realiza un análisis genético que permite al médico valorar cómo responderá un enfermo a determinados medicamentos para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas.

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