Antenas fractales para móviles e inalámbricos

Esta compañía ha encontrado un floreciente mercado en un nicho que ellos mismos han sabido crear. 

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Rubén Bonet, coofundador

FRACTUS

Cuando el doctor Carles Puente invitó a su amigo Rubén Bonet a fundar una empresa de tecnología fractal para antenas, no tardó mucho en convencerle. Puente, que llevaba varios años investigando las tecnologías fractales en su cátedra de telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Barcelona (UPB), había llegado a algo rompedor: unas antenas que, dice Bonet, “en lugar de basarse en líneas o cuadrados, se estructuran sobre formas geométricamente complejas“.

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Las nuevas antenas, multibanda, miniaturizadas y ahora integradas en el microprocesador de los aparatos móviles, contribuyeron a acabar con aquellas enormes antenas externas antediluvianas que todos conocíamos y que ya son historia. Fundada en 1999, con 60.000 euros de inversión entre ambos, Fractus empezó a lograr contratos, si bien tuvo que esperar varios años para dar resultados masivos. “Además de buscar clientes, nuestro gran trabajo en los tres primeros años fue conseguir financiación para despegar”.

Régimen de licencias

La empresa, que al año siguiente de su fundación (en 2000) registraba unos cuantos centenares de miles de euros de ventas, superaba el año pasado los 25 millones (95% de fuera de España), con 30 millones de antenas producidas mediante subcontratación: a lo que habría que sumar unas cuantas decenas de millones más fabricadas bajo licencia por marcas como RIM (Blackberry), LG, Motorola o Siemens.

Datos relevantes

Facturación: 25 millones de euros anuales.

Producción: 30 millones de antenas (desde 2000).

Plantilla: 115 empleados.

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