Joyas de lujo accesible

Accesibilidad. Esa es la seña de identidad de esta firma española, que puso en marcha a mediados de los 70 un matrimonio compuesto por un cazador profesional y una diseñadora, y que ahora sus dos hijos han internacionalizado con éxito.

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Iván Moreno y Carmen Lizarriturri, en la sede de la compañía, en Madrid.

"Realmente, la que tiene mérito es mi madre, Carmen Lizarriturri, que con 27 años se quedó viuda y tuvo que criar a mi hermana –de seis meses– y a mí –de un año– y sacar adelante el negocio familiar que unos años antes había puesto en marcha junto a mi padre, José Antonio Moreno, cazador profesional, en África”, enfatiza Iván Moreno, que dirige junto a su hermana Mencía esta compañía presente en 32 países, con más de 1.200 puntos de venta y que facturó en 2011 unos 14,5 millones de euros.

Diseños innovadores

Leído así de corrido parece fácil, pero lo que ha conseguido la familia Moreno Lizarriturri es digno de quitarse el sombrero. “Mis padres se casaron y se fueron a vivir a África, donde montaron una empresa de importación de productos africanos. Mi madre había estudiado joyería en París. Al principio, empezaron haciendo creaciones de decoración de mucho diseño, muy innovadoras para la época: como lámparas con huevos de avestruz, ceniceros de malaquita, etc. Con el tiempo, además de esos objetos que diseñaban con pieles y piedras, empezaron a diseñar joyas con pelo de elefante y de jirafa y oro (en la actualidad está prohibido utilizar el pelo de elefante, pero no así el de jirafa, al ser de granja)”.
En 1976, el padre fallece en África y la madre decide seguir adelante con el proyecto. “Decidió entonces centrarse sólo en joyería. Además de oro con pelo, empezó a hacer sus propias colecciones de oro con piedra preciosa. Los materiales para esos diseños los montaba en Córdoba”, explica Iván. Ese mismo año, Carmen abre su primera tienda en la calle Claudio Coello, de Madrid.

En esos años, se asocia con Mr. Struck, fabricante francés de Cartier, para mejorar los procesos de fabricación de las joyas. Y en 1980 lanza su primera colección de joyas en oro con piedras preciosas, esmeraldas, rubíes y zafiros.
Son años de aprendizaje y búsqueda de nuevas experiencias. A principios de los años 80, Carmen considera clave para ampliar su mercado participar en diferentes ferias especializadas y, así, expone sus creaciones en la primera edición de Iberjoya, de Madrid, y en la Feria de Joyería de Basilea (Suiza). “Lo que nos ha dado mucha representación internacional fue exponer en la Feria de Basilea.

Después vinieron otras. Hemos expuesto en todas las ferias europeas. Y eso hace que te conozcan”, afirma Iván, que sostiene que “el gremio de la joyería es muy cerrado. Está dominado, básicamente, por italianos y franceses y el espacio para los españoles es muy pequeño. Pero, no hay que tenerles miedo alguno porque no son mejores que nosotros. Es una cuestión de contactos, de hacerse un nombre, de acudir a ferias. Y así nos hemos ido introduciendo, viajando mucho y conociendo a contactos. De Europa saltamos a Sudamérica y luego a Asia”.

El año 1999 marca un antes y un después en la trayectoria de esta firma familiar, porque es cuando se unen al proyecto, con puestos de responsabilidad, los dos hijos de Carmen: Iván y Mencía.

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