La empresa familiar Luxenter

Accesibilidad. Esa es la seña de identidad de esta firma española, que puso en marcha a mediados de los 70 un matrimonio compuesto por un cazador profesional y una diseñadora, y que ahora sus dos hijos han internacionalizado con éxito.

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Aunque fabrican en China, todo el proceso de calidad se hace desde Madrid, donde se gestiona el diseño, el tallaje, etc.

Nuevos tiempos

“Ese año decidimos dejar de fabricar en oro ya que no iba con nuestros valores. El oro tiene una connotación más de dinero y poder, y la plata, más de diseño, belleza y accesibilidad. Nuestro lema es diseño accesible. No nos vale que la pieza sea de museo, sino que todo el mundo la pueda llevar. Seguimos manteniendo toda la línea de piedras duras y semipreciosas (hoy en día trabajamos con unas 1.200 piedras distintas). Traemos piedras de todo el mundo y las montamos en plata. También tocamos cuarzos, zirconitas, cristales tratados, etc. e incluso productos africanos. Y seguimos con el pelo y hueso de jirafa”.

Ese mismo año, deciden dejar de fabricar en España y saltan a China, pero no lo hacen a cualquier precio, sino siempre buscando mantener la calidad de sus diseños. “El motivo fueron los costes y también establecer un plan de futuro. Ahora mismo China está de moda, pero nosotros lo hicimos en 1999 cuando no había nadie. Costó mucho. No sólo convencerles, sino además enseñarles. Se hizo poco a poco, con mucho trabajo. Solemos pasar en fábrica unos tres meses al año. Y estamos todo el día en contacto con ellos e intercambiándonos ceras, prototipos, terminaciones, piedras, cortes, etc. Todo el diseño y el control de la cera se hace aquí y el control de calidad se hace en los dos sitios. Aquí diseñamos todo. En algún caso, hacemos nosotros la cera (los moldes) y muchos se hacen allí. El molde vuelve a España donde tiene que ser aprobado. Y una vez hecho esto, se monta”, aclara Iván, que subraya que el proceso que ellos han implantado es distinto al que se hace en el mercado: “Normalmente, la joyería consiste en engarzar una piedra en una pieza de metal. Nosotros, primero, hacemos la piedra y luego el molde, se adapta al dedo o a la mano. Cada molde de metal es distinto, dependiendo de la talla y de la piedra. Con lo cual, primero hay que tallar la piedra y luego, poner el anillo. Lo que nos distingue es, aparte de los diferentes tipos de piedra, el corte. Dedicamos gran parte del año a buscar piedras por el mundo. Las compramos en bruto. Vamos a ferias de Alemania, Brasil, China, Japón y Australia para localizarlas. Luego la partimos, la tallamos y la montamos”, relata Iván.

La cadena de valor

Ese proceso de desarrollo no está exento de complicaciones a lo largo de la cadena de valor: “Es muy difícil hacer la joyería que nosotros hacemos. Es decir, buscar piedras naturales, diseñarlas, cortarlas y que luego sean accesibles al público es muy complejo, porque en ocasiones nos cuesta explicar al cliente final que nuestro producto tiene diseño, pero que es natural, y que se valore en precio”. Para solventar ese problema, hacen una gran labor de formación en el punto de venta. “Elaboramos manuales de joyería específica de cada producto y cursos de formación, constantemente”.
Con la vista puesta en todos estos años, Iván considera que no han cambiado mucho: “Sí el tipo de producto, porque éste ha ido evolucionando. Usamos más materiales, colores, combinaciones, etc. Pero nuestra idea original sigue siendo la misma: joyería accesible. Y esa no la perdemos, a pesar de que nos ha costado, porque, como la plata ha subido tanto, es difícil mantenerse ahí”.

¿Y la competencia?

“Nos movemos en mitad de un limbo. En general, todo el mundo entiende por joyería algo caro. A un lado están las grandes marcas, con precios altos. Y a otro, la bisutería o plata a granel. Nosotros estamos en el medio. No nos gusta ni lo uno ni lo otro. Nos hemos posicionado en el centro con un producto de entre 30 y 150 euros. Sí hay competencia, sobre todo, italiana, alemana y holandesa, pero no perdemos nuestras señas de identidad: diseño, búsqueda de piedras, accesibilidad…”.

Luxenter diseña y fabrica dos colecciones al año, con unos 1.000 modelos distintos para cada una de ellas. En total, esta firma produce entre 450.000 y 500.000 unidades para todo el mundo. Y todo está gestionado desde Madrid, “gracias a un programa que nos permite saber qué tienen, piden, venden… Cubre todas las necesidades y servicios de los puntos de venta. Una de la claves es que todos nuestros departamentos, y especialmente, diseño y comercial, están muy interconectados”.

Entre los planes a medio y largo plazo, además de su tienda online que ya está operativa (www.luxenter.com), trabajan en diversificar sus líneas de negocio: “Nos hemos planteado hacer relojes-joya, bolsos-joya, etc. Hay clientes que nos lo piden. Lo acabaremos haciendo porque es el desarrollo natural de la compañía. Pero hacer eso, requiere un desarrollo concienzudo. Se hará, pero, poco a poco”.

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