Una fábrica artesanal

La empresa inauguró sus nuevas instalaciones de Sant Esteve de Sesrovires (Barcelona) en 2001.

La fábrica implicó a la compañía una inversión de seis millones de euros. “Nos ha ayudado también a reducir costes. En las instalaciones que teníamos en Barcelona ciudad, competíamos contra el precio del suelo”, señala Monfort. La fábrica es una moderna instalación construida con paneles frigoríficos que consiguen mantener la temperatura constante todo el año en las salas de producción.

Las líneas de salmón y bacalao están separadas. Los residuos que quedan tras el corte, se eliminan a través de un circuito externo, para evitar que avancen con el producto elaborado. Un pasillo elevado y una zona técnica, separada de la sala de producción, permiten ver todo el proceso desde el exterior y entrar en cualquier punto de la fábrica sin necesidad de acceder en los espacios de producción. En total, trabajan 120 personas, de las que 90 lo hacen en la fábrica.

A pesar del uso de tecnología, la fábrica de Copesco parece una colección de oficios antiguos. El trabajo especializado es muy importante, particularmente el manual. Hay expertos en desalar, ahumar, sacar las espinas a mano, cortar las piezas. En definitiva, la empresa aúna la tecnología con el trabajo artesanal.

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