De la rebotica a líder mundial

Lo que empezó como farmacia especializada en fórmulas magistrales se ha convertido en apenas 28 años en una multinacional familiar con productos propios que lidera
su segmento a nivel mundial.

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“Muchas veces hemos elegido el camino más lento, pero más fiable para alcanzar nuestras metas”, afirma Joan Carles Font, fundador de Mesoestetic.

Es tremendamente aburrido pasarse la vida detrás de un mostrador de farmacia. Cuando tienes alma de emprendedor y llevas en el ADN la necesidad de ir más allá, no puedes evitar buscar nuevas expectativas”. Con esta especie de declaración de intenciones, Joan Carles Font, fundador y director general de Mesoestetic Pharma Group, resume las razones principales que le han permitido transformar una rebotica en una multinacional farmacéutica con 38 millones de facturación y presencia en 62 países. Pero, vayamos por partes.

La farmacia que regentaban Font y su mujer, María José Almansa, se encontraba en el barrio barcelonés de L’Eixample, justo al lado de un ambulatorio de la Seguridad Social: los médicos de entonces, era 1984, tenían la plaza pública en propiedad y además atendían sus consultas particulares.

Aprovechar una carencia
Muchos particulares empezaron a interesarse por una rama de la medicina que estaba todavía bastante en ciernes en nuestro país: la medicina estética y a menudo venían a la farmacia lamentándose de las dificultades que tenían para encontrar soporte farmacológico a sus necesidades. “A partir de ahí empezamos a darle vueltas a cómo aprovechar esa carencia y así fue como arrancamos con las fórmulas magistrales”, explica Font.
Poco a poco, lo que empezó siendo una oferta más de la farmacia fue adquiriendo peso en la actividad diaria, hasta el punto de que, como recuerda el propio Font, “la rebotica parecía muchas veces el camarote de los Hermanos Marx”.

Así, al cabo de los años, decidieron dar un paso más y convertir las fórmulas magistrales en una empresa farmacéutica de productos cosméticos y cambiaron el pequeño despacho de farmacia por unas instalaciones en Gavá.

“Cuando nos instalamos allí, yo pensé que sería la ubicación definitiva de la compañía, pero el proyecto se encarga día a día de recordarme que tiene vida propia y que crece mucho más allá de lo que pienso, y al cabo de siete años se nos quedó pequeño”, añade.

En el 2011 decidieron invertir 24 millones de euros en una nueva planta de 8.500 metros cuadrados en Viladecans. ¿Cuáles han sido las claves de este crecimiento tan espectacular?

Primero, la especialización
“Somos una compañía farmacéutica que trabaja exclusivamente para la medicina estética con un altísimo nivel de especialización y desarrollo tecnológico”, aclara Font. Y dentro de esta rama, se han focalizado en los tratamientos de la piel. Es ese matiz, el de “compañía farmacéutica”, el que les diferencia del resto de la competencia.

Como bien denuncia Font, “este mercado es un poco cajón de sastre, donde sobra intrusismo, proteccionismo y mucha autocomplacencia”. Desde el principio, ellos decidieron afrontar el negocio con la mentalidad de un laboratorio farmacéutico, lo que implicaba ajustarse a las elevadas exigencias de los organismos reguladores y encarecía notablemente las inversiones necesarias. A cambio, han conseguido ser el único laboratorio español autorizado por la UE para fabricar productos sanitarios para su aplicación intradérmica.

Además, su planta de producción está autorizada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. “Yo puedo fabricar inyectables, sólidos, semisólidos, medicamentos. Fabricamos medicamentos con calidad farmacéutica, lo que garantiza una mayor seguridad y calidad, aunque, por supuesto, encarece los costes de producción”, señala.

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