“Si fabricara en China, tendría que cerrar al día siguiente”

Esta nipo-brasileña, que dentro de poco va a cumplir 20 años de residencia en Elda, ha logrado que a sus zapatos, exportados en un 90%, se les conozca en medio mundo como Chies, todo un logro para una pequeña firma en un mundo de potentes marcas globales.

Estudió en Fukuoka (Japón) y Nueva York, pero se vino a Elda para crear su marca y organizar, desde esa pequeña ciudad alicantina, su conquista del glamuroso mercado mundial del calzado más fashion. Once años después de lanzar su primera colección, Chie Mihara, brasileña de padres japoneses, casada con un español, ha conseguido superar con creces su sueño juvenil de convertirse en una diseñadora admirada.

Después de los Manolos, de Blahnik, en los primeros años de la década, se puede decir que Chie Mihara es la gran marca-revelación de los últimos años. Sus zapatos están en más de 1.000 tiendas de todo el mundo, incluidos algunos de los grandes templos del shopping de Nueva York, Londres, París o Tokio, nombres legendarios como Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus, Selfridges, Printemps o Isetan. Nada baratos (300 euros de media), sus modelos suelen suscitar muy buena respuesta de la crítica, que los define como “dulces” y verdadera pasión entre sus compradoras, que le envían desde todo el mundo a su web auténticas cartas de amor en las que le dicen cosas como: “Por fin tengo mis Chies. ¡Son preciosos!”.

EMPRENDEDORES: Sus zapatos están teniendo un gran impacto mundial. ¿Como empezó de todo?
CHIE MIHARA: Pues, muy pronto. Ya de pequeña me quería dedicar a la moda. Con 13 años, estando en clase, aburrida, dibujaba en los libros y soñaba con ser una diseñadora admirada. Tenía una visión y el tener una visión te ayuda a alcanzar metas.

EMP. ¿Y cómo convirtió esa visión en realidad?
C.M. Entre los 18 y los 22 años me fui a Japón a estudiar moda en Kyushu Design, después trabajé para una diseñadora muy famosa, Junko Koshino, pero me desencanté y quise pasarme a las artes plásticas. Fui entonces a Nueva York a estudiar escultura, que me gustaba, pero empecé a echar de menos la moda y a pensar como podía unir las dos cosas, así que pensé en diseñar zapatos, la unión perfecta.

EMP. Lo suyo hubiera sido empezar la marca en Nueva York. ¿Por qué en Elda?
C.M. Quería venir a Europa, pensando en Italia que es donde pensaba que estaba la gran industria del calzado, y se lo comenté a uno de los directivos de Charles Jourdan en Nueva York: me dijo que tenían una filial en Elda, y me vine para aquí en 1995. Pero mi trabajo era coordinar las colecciones y la fabricación. Charles Jourdain hacía un calzado muy clásico y los diseños que preparé ahí no encajaban con su línea.

EMP.¿No se deprimió?
C.M. No, mi objetivo siempre fue tener mi marca y lo que estaba haciendo era prepararme para ello. Cuando yo considerara que estaba lista, ya lo haría.

EMP. Todo fue saliendo como estaba planificado. ¿Resultó fácil?
C.M. No. Tuve que convencer a mi marido [Francisco Sanchís] que tiene una fábrica de componentes para el calzado, y que llevaría la parte económica y administrativa de mi empresa. Hubo que convencer también a su cuñado, dueño de una fábrica de calzado, para que hiciera mis colecciones. No fue fácil.

EMP. ¿Por qué no quería fabricar su colección?
C.M. Cuando empiezas, encargas cantidades muy pequeñas, unos cuantos pares por modelo, y al fabricante no le compensa.

EMP. Y una vez que tuvo la colección, en el 2002, ¿cómo la lanzó?
C.M. La enseñamos. Primero hicimos reuniones con posibles clientes, luego empezamos a ir a ferias, lo que seguimos haciendo.

EMP. ¿Y cual fue la reacción?
C.M. En Madrid, la gente no entendía la colección, que no encajaba con lo que se estaba vendiendo entonces. Decían que sí les gustaba, pero no se lanzaban a comprar. Fue un poco desmotivador.

EMP. ¿Consiguió o no vender esa colección?
C.M. Acabamos vendiendo 1.000 pares, que fueron a parar a algunas tiendas de Madrid, pero la mayoría a Japón y Hong Kong. Ese mismo año, en el invierno, fuimos ya a la MICAM, de Milán, la mayor feria de calzado del mundo. Pusimos un pequeño stand de madera, muy mono, diseñado por nosotros. La gente decía que los modelos eran bonitos, pero seguía extrañándose con ellos y, además, decían que eran caros, salían a unos 180 euros. Vendimos sólo 3.000 pares en toda la temporada, poco, pero nos empezaron a comprar en tiendas de EE UU y de Francia.

EMP. ¿Cuál es el secreto para crecer, en un mercado tan competitivo?
C.M. Creo que ha sido mi apuesta por la calidad y diseño, por encima de todo. Vivimos unos momentos difíciles, muchos ceden a la tentación de rebajar la calidad (de materiales, diseños, fabricación…) para bajar precios. Es una equivocación. La calidad es lo que refuerza la integridad de la marca. Puedes hacer una marca barata, pero si tienes una marca buena y empiezas a quitar cosas, a la gente no le va a gustar.

EMP. No todos parecen tenerlo claro.
C.M. Yo sí. En este punto ha habido personas muy inspiradoras para mí. Una de ellas fue Steve Jobs, el creador de Apple, que decía que “si haces un producto muy bueno, la gente va a pagar por él”.

EMP.¿Es cierto que usted diseña las colecciones y desarrolla la marca, y su marido dirige la empresa?
C.M. Si. El empresario es mi marido y, por suerte, es un buenísimo empresario. Es muy inteligente, se le dan muy bien los números y tiene una gran experiencia, pues gestiona su propia empresa desde hace muchos años. Somos complementarios. La marca Chie Mihara no podría existir sin mí, pero la empresa tampoco hubiera salido adelante sin él.

EMP. Imagino que no será fácil mantener la integridad de la marca contra viento y marea.
C.M. Cierto. Por eso yo pienso que el diseño y los números no pueden mezclarse. Los números tienen que estar en un lado y el diseño, en otro. Y esto no es nada fácil, sobre todo cuando estamos vendiendo más de 150.000 pares de zapatos al año y damos trabajo a 20 personas aquí, en la empresa, y a otras 40 o 50 en la fábrica, una fábrica que al principio dependía en un 3% de mis zapatos y ahora en un 95%. Además de varios centenares más de personas en empresas auxiliares (pieles, suelas, tacones…). Eso supone mucha responsabilidad, tanta que a veces tienes miedo de no acertar. Y el miedo puede paralizarte. Cuando ocurre, me doy cuenta de que no estoy creando nada bonito. El diseño sólo es bonito cuando es libre.

EMP. ¿Ha pensado fabricar en China?
C.M. No. Si un día tuviera que fabricar mis zapatos en China, a lo mejor cerraría la marca. Chie Mihara sale como sale porque tenemos la fábrica aquí, al lado nuestro. Cuidamos mucho la calidad. El zapato es un trabajo artesano y aquí en España existe una cultura de calidad, muy arraigada, que no existe en China.

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