Un mercado de claro perfil exportador

Las joyas que estos cinco diseñadores empezaron a crear hace años, casi sin dinero, en el salón en sus casas, las lucen celebrities como Keira Knightley, Penélope Cruz o Kate Middleton, y se venden en sitios como Harrods de Londres o Barneys New York.

Diseñar bellísimas pulseras o colgantes que despierten un fuerte deseo de posesión, no está al alcance de cualquiera. Hacer que las aprecien y compren esa clientela que deambula por la Quinta Avenida, Ginza o la Kudam es como un sueño imposible que sólo ve cumplido una pléyade de diseñadores de la talla de Mónica Vinader, Helena Rohner, Joaquin Berao, Enric Majoral y Alexandra Yagüe. Ellos lo han logrado y ahora se codean en las mejores tiendas de moda frente a marcas como Lanvin, Chloé, Swarovski, Alexander McQueen. A veces con piezas incluso más caras.

Jóvenes en su mayoría, han huido de la alta joyería para centrarse en la gran tendencia actual, la joya de diseño o prêt-à-porter, como una especie de bisutería superior, con materiales más nobles y el soplo del arte sobre ella. Pero que, a precios nunca superiores a los 300 o 400 euros, es la que arrastra las masas y los ingresos.

industria fortalecida
La proliferación de estos estilistas joyeros, con productos epatantes y marcas cada vez más reconocidas, es un fenómeno nuevo que viene a fortalecer –y renovar– un sector marcado hasta hace poco por firmas legendarias como Carrera y Carrera o Masriera, posicionadas en la alta joyería. También a potenciar una industria joyera, la española, con una larga tradición de grandes artesanos que se estaba desvaneciendo, debido a la crisis y a su tendencia a hacer una joyería convencional que nadie quiere comprar y que ahora tampoco podía fabricar para terceros.

No es casual que sólo uno de los cinco protagonistas de este reportaje, Berao, proceda del oficio. Los demás son autodidactas. Transmiten una cierta sensación de facilidad, pero detrás de su éxito hay un estado de permanente brainstorming creativo y un esfuerzo titánico por enseñar sus piezas en todos los sitios: ferias, revistas, tiendas, corners, películas, desfiles de moda, actos sociales y museos. Quizá porque intuyan que, al final, lo bello se impone.

Las exportaciones salvan al sector
Hay algo incuestionable. Nuestros protagonistas son lo que son gracias a su visión global de la joyería. En todos los casos, una parte fundamental de sus ventas proceden del exterior. Y como muestra, el botón que representa Alexandra Plata, que exporta el 45% de su producción a más de 30 países. Hablamos de diseñadoras y tiendas que en las más exclusivas calles comerciales de Nueva York, Londres o Tokio. En el diseño de joyas, hay otros universos y están ahí fuera.

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