Cómo llegar a ser un líder mundial

Este año, la empresa familiar catalana Macsa obtenía el reconocimiento europeo como una de las empresas más innovadoras. Su fuerte apuesta tecnológica la sitúa entre las líderes mundiales de la codificación y el marcaje con láser.

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Para Jordi Piñot, la clave del éxito de la empresa que dirige “es debido a la capacidad de anticipación que tenemos”.

Cuando la firma francesa de vinos Chateau Mouton Roschild, considerada una de las mejores del mundo, tuvo un problema de seguridad, acudió a Macsa, una pyme de Manresa (Barcelona), para que le dieran una solución.

En aquel momento, falsificadores de vino cogían sus emblemáticas botellas y las rellenaban con otro producto. La empresa catalana diseñó un sistema de marcaje especialmente para ellos. Mediante una máquina láser se grababa un número en el collarín metálico de la botella. Además, por microperforación, lo atravesaba y grababa también en el cristal. Al mismo tiempo, otro número se insertaba en la base. La marca francesa disponía de un algoritmo que, juntado al primer número marcado, debía dar como resultado la cifra grabada en la base.

Todos los encargos no son tan complejos como este, pero dan la medida de la capacidad tecnológica de una pequeña empresa de marcaje, codificación y trazabilidad, que se ha situado entre las cuatro grandes, con una cuota de mercado mundial del 10% y presente en más de 70 países.

Un poco de historia
Los orígenes de Macsa se remontan a 1908. Entonces, un tío abuelo del actual presidente de la compañía, Francesc Muncunill, fundó la empresa Framun, dedicada a la producción de sellos de caucho. Posteriormente, ampliaron el negocio distribuyendo maquinaria y consumibles para otros fabricantes de sellos. En los años 80, la empresa se reorientó, intentando cubrir las necesidades de sus clientes que querían marcar todos sus embalajes, sobre todo en el sector de la alimentación y que siguiendo las normas internacionales iban más allá del caucho. Finalmente, en 1983, se creó Macsa, desligándose de la empresa madre, que actualmente sigue funcionando aunque en manos de otros miembros de la familia.

“Yo todavía recuerdo cómo se marcaba la fecha de caducidad en los yogures, uno por uno”, comenta Jordi Piñot, actual presidente de Macsa, que entró en la empresa en 1990. Durante esa década, la compañía se orientó hacia el desarrollo de tecnología propia en el sector del marcaje. Particularmente sus equipos de investigación se centraron en el láser.

“Entre 1989 y 1994 desarrollamos tecnología y prototipos, pero nos ahogamos por falta de inversión. Teníamos un gran producto, pero nos faltaba capacidad económica para producirlo”, explica Jordi Piñot. Fue entonces cuando entró en el accionariado el grupo 3i. “Con ellos empezamos a hacer nuestros productos rentables. No sólo nos aportaron dinero sino algo que también nos faltaba: elementos de gestión y un equipo que nos dio herramientas a nivel estratégico y nos ayudó a pasar de un prototipo que funcionaba, a la industrialización del producto”.

En 1997 llamó a su puerta General Electric para comprar la compañía, pero la familia no quería vender. Así que llegaron a un acuerdo de licencia por el que la firma norteamericana pagó 7,5 millones de dólares. Según Piñot, “ahora son uno de nuestros competidores con nuestros propios desarrollos. Pero aquel dinero nos permitió recomprar la parte de 3i. Ahora la empresa vuelve a ser cien por cien familiar”.

El láser dinámico
Sin duda, una de las joyas de la corona de la compañía son sus máquinas de láser dinámico. De hecho, es la primera empresa en el mundo en desarrollar este sistema que permite la impresión de caracteres alfanuméricos, logotipos y códigos de barras con el producto en movimiento en la cadena de producción. La velocidad de la línea puede llegar a 575 metros por minuto y generar 3.000 caracteres por segundo. Este láser dinámico está patentado en Europa, Estados Unidos y Japón.

La división de equipos de láser para marcar y codificar es una de las más importantes de la compañía. “Las primeras máquinas eran grandes como una nevera, ahora son como cajas de zapatos. La evolución en pocos años ha sido rapidísima”, explica Piñot.

El diferencial tecnológico en este segmento de la compañía respecto a otras es reconocido mundialmente. “Vamos por delante de otras y tenemos la gama de productos más grande. En láser somos líderes mundiales”, asegura.

Hace tres años sacaron al mercado la que es su máquina best seller. Se trata del iCone30. Hasta ese momento una máquina láser podía valer un mínimo de 17.000 euros. Ellos la pusieron a la venta por 9.000. “Vimos que había un target posible de cliente que en aquel momento optaba por codificar con máquinas de tinta, porque costaban unos 6.000 euros al que debían añadirse unos 2.000 anuales de mantenimiento y consumibles”, cifra Piñot.
La forma de hacerlo para bajar el precio fue fabricar directamente los componentes que antes compraban a otras compañías. “Por ejemplo, tenemos un acuerdo de joint venture con un fabricante americano de tubos láser. Hemos integrado al máximo la producción para reducir los costes intermedios”. El iCone30 permite en unas pocas líneas de texto seguir la trazabilidad del producto y marcarlo en la misma línea de producción. Es la alternativa más económica frente a los sistemas por inyección de tinta.

Su máquina más rápida puede llegar a marcar 120.000 productos en una hora. Lo más raro que han marcado quizás sean unas lentillas o la piel de un melón. Las latas de Coca-Cola, Damm, Heineken o Agua de Viladrau están marcadas por sus máquinas. También algo tan clásico como los conocidos mazapanes La Estepeña.

El mercado de la trazabilidad
Las normativas cada vez más estrictas sobre el control de los productos lleva a las empresas a la necesidad de utilizar máquinas de marcaje y codificación que permitan el seguimiento del producto a través de toda la cadena. Es lo que se conoce como trazabilidad. Una caja de fresas lleva los datos desde la semilla utilizada, el campo donde se sembró, si se usó pesticida, el envasador etc. “Tenemos un estándar que cubre el 80% de las aplicaciones que pueda necesitar nuestro cliente. Aparte, hacemos programas específicos en función de sus necesidades. Además, nuestros clientes necesitan asesoramiento y consultoría sobre normativas. Es una línea de negocio que llamamos Macsa Soluciones”, señala. En este área trabajan en España y Portugal y a través de sus partners empiezan a hacerlo en Francia Italia o Alemania.
Uno de los sectores en los que se centran más es el farmacéutico. “La idea es llevar la trazabilidad del producto hasta el final, es decir, saber a quién se le va vendido la caja de medicamento. Estamos colaborando con una empresa franco-belga para traer a España un programa así”.

Las soluciones a veces sirven para asegurar la calidad del producto y evitar el fraude, como es el caso de la firma de vinos francesa. Una tercera división de la compañía es la de impresoras aplicadoras de etiquetas. Son máquinas que imprimen la etiqueta y la aplican en tiempo real a las cajas. El papel es térmico.

Según Piñot, una de las claves del éxito de su empresa es la capacidad de anticiparse: “Tienes que estar con los ojos bien abiertos y ver hacia dónde va el mercado para ser más rápido que tu competencia y anticiparte. Y otra de nuestras claves es intentar ser lo más antititánic posible y estar con los ojos bien abiertos”.

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