Fernando Álvarez Lamelas, de Grupo Beroa

El mismo año en que fundó Beroa, Álvarez organizó su relevo: “Traje al primer directivo que me podría sustituir si me pasaba algo”.

Curiosamente ya se jubiló en el año 2000 a los 65 años de edad en la empresa en la que se inició en el mundo de la ingeniería refractaria, pero la oportunidad de cumplir un viejo sueño le llevó a emprender su propio proyecto. “Empecé en 1965 cuando entré a trabajar en la que entonces era la empresa más grande del mundo del sector y por la que tengo un cariño profundo, la alemana Grupo Didier. Empecé como ingeniero y pronto pasé a ocupar la gerencia y, en 1972, me convertí en presidente ejecutivo de todas las empresas del grupo en España y Latinoamérica”, recuerda Álvarez.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

En los años noventa, Didier fue vendida a un grupo austriaco y le ofrecieron comprar una sociedad que tenían en España y que siguiera trabajando con ellos. “Les dije que sí. Así que compaginé mi trabajo como directivo y como empresario”. Pero fue en 1997 cuando surgió la oportunidad de comprar la sociedad alemana Karrena, con la que llevaba trabajando muchos años, y que le dio la independencia definitiva. “Para ese fin creé la sociedad Beroa”, asegura.

Y ¿por qué lo hizo si tres años después cumplía 65 años y podía jubilarse? “Recuerdo que tenía un compañero alemán con el que trabajé durante años en España. De esos días en los que te reúnes después de comer, hablábamos de que si la empresa llegara a ser nuestra, la cantidad de cosas que se podrían hacer. En 1997 se presentó la oportunidad y la cogí. Era un sueño irrealizable. Cuando compré Karrena la facturación era de 100 millones de marcos (unos 50 millones de euros actuales) y este año pasado cerramos con 371 millones de euros. En diez años hemos multiplicado la sociedad del grupo, y con presencia mundial. O sea que lo que soñábamos se podía hacer”, recuerda con entusiasmo.

Álvarez, que se ocupa personalmente de mantener un contacto cordial con todos los socios del grupo, no siente agobio por el día en que tenga que dejar definitivamente su empresa: “Tengo tiempo para compaginar trabajo y aficiones (los viajes y la lectura histórica). Lógicamente, poco a poco iré dejando de hacer cosas, pero no he puesto fecha de caducidad, porque he tenido la suerte de planificar el relevo generacional con éxito”.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Líderes