Dos opuestos en innovación: 3M frente a Kodak

Mientras que el post-it catapultó a 3M al Olimpo empresarial, el invento de la cámara digital casi mata a su progenitor, Kodak. Esta es la historia de ambas innovaciones.

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Getty Images

Una gran innovación que casi les lleva a la quiebra

Cómo iba a imaginar Kodak que el mismo ingeniero que introdujo la innovación más disruptiva desde la aparición de la cámara fotográfica en el mercado, estuvo a punto de cavar la tumba de la compañía.

Para hablar del nacimiento de la cámara digital hay que remontarse al año 1978. Es el año en que se concede la patente a la primera cámara digital registrada. Se trataba de un desarrollo de Kodak, empresa fundada en 1881 en EE.UU. Más tarde se la conocería como ‘el gigante amarillo’ una vez convertida en la multinacional más grande y poderosa del mundo en cuanto a lo que a material fotográfico y cámaras se refiere.

Kodak es también una de las compañías con más cantidad de patentes. Hay quien dice que posee hasta 1.100 registros industriales. Ello la convirtió en la empresa más pionera en su ámbito con centros de desarrollo e investigación propios. En este departamento trabajaba como ingeniero Steve Sasson. Él fue quién creó una máquina de tamaño algo inferior a una tostadora capaz de almacenar las imágenes de forma electrónica en una cinta y que podían ser luego vistas en el televisor. Aunque para lo que existe hoy se trata de una tecnología precaria, Kodak había inventado la fotografía digital.

No fueron tan tontos como no percatarse de que el invento era bueno, así que pronto pasó a engrosar su larga lista de patentes. El problema es que, en lugar de seguir con el desarrollo, el prototipo se quedó en el armario. El motivo fue que ni al mismo Sasson ni a sus superiores les pareció el momento de sacar algo tan disruptivo al mercado, menos aún siendo ellos los que dominaban el mundo analógico de la fotografía. Cedían así a otros, sin pretenderlo, el cetro para liderar la revolución digital. Llama también la atención que no fueran las eternas rivales de Kodak: Fuji y Agfa, las que acabasen tomándole la delantera, sino Canon o Nikon y alguna electrónica, como Sony, las que sí se atrevieron a dar el salto digital.

Kodak, por su parte, no se adentró en el terreno de las cámaras digitales hasta 1995. Demasiado tarde porque, ese cambio de los analógico a lo digital en el mercado que pensaban iba a ser gradual, irrumpió como una ola a principios de los años 2000. A partir de este momento empieza el declive de la compañía. De llegar a controlar la venta del 90 % de película y el 85% de todas las cámaras en el mercado estadounidense, a registrar en el tercer trimestre de 2011 pérdidas de 222 millones de dólares americanos, su novena caída trimestral durante tres años. Poco después, en enero de 2012, se declara en bancarrota. Una situación que, todavía hoy, tratan de remontar.

Las causas

Desde entonces, el ejemplo Kodak se utiliza en numerosas escuelas de negocio como caso de error y es referente habitual de los gurús del Lean Startup. Poco importa que la compañía obtuviese con la patente miles de millones de dólares hasta el año 2007, cuando expiró. El tema es que perdieron el liderazgo en el sector habiendo sido ellos los pioneros.

En cuanto a los motivos que condujeron a Kodak a la ceguera absoluta, se ha dicho de todo. Para algunos fue el menosprecio a la competencia, para otros la incapacidad para dimensionar correctamente la magnitud del cambio social, o que era un producto demasiado limitado para el coste en el mercado, sin olvidar las conocidas dificultades de los ‘elefantes’ para transformar el modelo de negocio. Otros dicen que la idea no era la de comercializar el producto, sino demostrar que era posible registrar imágenes sin necesidad de utilizar película.

Para Steve Sasson fue un poco de todo. El ingeniero, galardonado en 2010 con la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación de los EE.UU., reconoce que pensaban que en el momento de su invento, la tecnología estaba aún muy inmadura. A ninguno se le pasó por la cabeza que a la gente le gustaría ver fotografías en una pantalla, concretamente el televisor, la única existente entonces. Pero, aunque alguien hubiera tenido esa visión, el cambio organizativo de la compañía habría tenido que ser, también, bestial. “Hay que tener mucho cuidado con los cambios”, es la frase que Sasson repite ahora a modo de mantra en sus conferencias como mentor e inspirador.

Un pequeño error que se convierte en algo grande

Y si la cámara digital puede calificarse de innovación disruptiva, en el sentido de que cambió el paradigma de hacer y consumir la fotografía, parece que el del post-it es más modesto, aunque figure en la lista de los 100 inventos que cambiaron el mundo.

Su nacimiento se sitúa en el año 1973 y aunque algunos se lo atribuyen a Art Fry, del equipo científico de 3M, no fue exactamente él su inventor, sino que se basa en un trabajo previo realizado por el químico Spencer Silver quien ocupaba desde 1968 el puesto de Científico Ejecutivo en el Laboratorio de Investigación Corporativa en 3M.

Su trabajo consistía en dar con un adhesivo de acrilato lo suficientemente fuerte como para aplicarlo en la industria aeronáutica. El resultado no fue el esperado sino un pegamento débil que permitía pegar dos hojas y luego separarlas sin sufrir daño alguno. En este momento, el Dr. Spencer no encontró un uso a su descubrimiento pero sí lo mostró a sus compañeros para ver si a alguno se le ocurría otra utilidad y no desperdiciar el tiempo y el dinero invertido en la investigación. En ese momento, nadie se imaginó nada.

Tuvieron que pasar años, para que a su colega Art Fry se le ocurriera otra aplicación. Fry, un hombre religioso, tenía problemas en la Iglesia, donde formaba parte del coro, cada vez que tenía que localizar una página determinada en el libro de salmos. Solía llevarlas con un punto de lectura, pero siempre los acababa perdiendo. En un momento determinado le vino a la cabeza el invento de su colega y la posibilidad de aplicarlo a unos separadores adhesivos de página. Así se abrió en la empresa otra línea de investigación que culminaría, en 1979, con el post-it en el mercado.

Tras una agresiva campaña publicitaria, 3M realiza el lanzamiento para 11 estados del oeste de Estados Unidos y finalmente se logra en 1980 el lanzamiento en todo el territorio americano. En 1981 se introducen al mercado de Canadá y Europa. Hoy en día existen más de 600 productos Post-It en más de 100 países, se encuentran en 8 tamaños, 25 formas y 62 colores diferentes.

Lo que iba a ser un poderoso pegamento para aviones, derivó, por error, en uno de los productos que más han hecho brillar a la compañía. Y, de la misma manera que el de Kodak se utiliza como ejemplo de fallo garrafal, al de 3M y el post-it se recurre como referencia de error positivo. El error que fue el principio de algo mayor gracias a la capacidad de la organización a no desterrar resultados inesperados sino tener la habilidad de plantearse ¿qué se puede hacer con esto?

Así que, mientras que Kodak sabía que tenía un gran invento que no supo aprovechar, 3M tenía un error que convirtió en oportunidad.

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