Saladitos: la empresa familiar que vende altramuces hasta en Helsinki

De Juan José Barrera Díaz se podría decir que fue un precursor del delivery en España. El fundador de Saladitos empezó con una pequeña motocicleta vendiendo altramuces por los pueblos sevillanos y hoy los vende hasta en Finlandia.

Saladitos, empresa que vende altramuces

Ostentan el liderazgo mundial en la venta de altramuces envasados en salmuera. A eso se dedican en Saladitos, una empresa que cultiva y vende altramuces por todo el mundo. 

Emplazada en la localidad sevillana de Paradas, Saladitos es actualmente una empresa que va por la tercera generación familiar de cuya plantilla forman parte 32 personas -con picos mucho más elevados en épocas de recolección-, que vende en 20 países de los 5 continentes y que lleva años creciendo un 15% de manera continuada. Pero no siempre fue así.

Fue en 1968 cuando Juan José Barrera Díaz empezó a preparar altramuces en salmuera en la cocina de su casa. No era la primera intentona de Barrera Díaz. “El abuelo era un buscavidas -cuenta su nieta Marianela Barrera– A los 8 años empezó a criar cochinos y, ya más joven, vendió en la plaza huevos, pescados, melones… Era un comerciante nato y le gustaba fabricar sus propios cachivaches en casa que le facilitasen el trabajo. Siempre andaba trasteando”.

Así es cómo supo Barrera Díaz de un snack se que empezaba a poner de moda a finales de la década de los 60: los altramuces. Se le ocurrió proponer a su mujer preparar en casa altramuces en salmuera al objeto de quitarles al amargor que genera el alcaloide del fruto. Luego se encargaba él mismo de coger “la motillo” e ir vendiendo los altramuces por los pueblos de alrededor. 

A quienes rechazaban la oferta se los dejaba de fiado, para que los probasen. Si no les gustaban el compromiso era retirarlos a la semana siguiente sin cobrarlos. No solo terminaban pagándole los altramuces a su regreso, sino que volvían a encargarle más.

Con el tiempo, la “motillo” fue sustituida por una furgoneta que permitía ampliar el radio de actuación y trasladaron el negocio de la cocina a una pequeña nave al objeto de incrementar la producción y añadir otros snacks que hermanaran con el altramuz, como pipas y frutos secos.

De la preparación al cultivo

Así se mantuvo el negocio creciendo despacio pero de forma orgánica hasta que, en la década de los 80, se incorporan al negocio los hijos de Barrera Díaz: Manuel Barrera (padre de Marianela) y Joaquín Barrera, pero con el fundador todavía al mando. A los vástagos se debe la iniciativa de adentrarse en el cultivo de los altramuces y focalizarse exclusivamente en la venta de este producto.

Empiezan entonces a vender por toda Andalucía, Barcelona, Madrid, Extremadura… hasta que se les abren las puertas de los grandes supermercados para poner sus saladitos en sus lineales. 

La entrada de grandes cuentas provoca que la fabrica se les vuelva a quedar pequeña. A finales de los 90, dan otro salto importante y se trasladan a una nave industrial de más de 4.000 metros cuadrados al pie de la autopista, para descongestionar el pueblo del tráfico que ocasionaban los camiones.

Paralelamente, incrementaron el cultivo arrendando terrenos de la zona para su plantación. A día de hoy producen entre 600 y 800 toneladas de altramuces al años. De la supervisión y recolección de las cosechas se encargan ellos, pero los terrenos no son de su propiedad.

Un mapa repleto de chinchetas

Aunque cuenta Marianela Barrera que, al principio, en las nuevas instalaciones “todo nos venía grande”, el hecho de haber sobredimensionado toda la zona de almacenaje de grano, de producción y de envasado les permitió dirigirse a clientes cada vez más potentes.

Consolidado el negocio en España y sin grandes rivales fue entre los años 2004-2005 cuando les entró el gusanillo de la internacionalización, en cuyo proceso continúan avanzado. En estos momentos, el 30% de la facturación de Saladitos procede de mercados exteriores, con presencia en 20 países, entre ellos Finlandia y Noruega. 

Asimismo, la pandemia les animó a activar el canal de la venta online el cual, aunque todavía muy residual en las cuentas de la empresa, posibilita el aterrizaje en los hogares de toda España y en nuevos mercados.

Cuenta Marianela que cuando Juan José Barrera, ahora con 93 años, se da una vuelta por la fábrica acostumbra a contemplar el mapa en el que se señalan los puntos en los que venden sus Saladitos en este momento. “¿Pero también vendemos ahí?” es la pregunta que suele formular.

Al proyecto se ha unido ya la tercera generación familiar, los hijos de Manuel y Joaquín. A estos corresponderá la función de digitalizar la fábrica, automatizar los procesos y la gestión y avanzar en la expansión internacional. Lejos están Marianela, Guillermo y Daniel Barrera de la formación que recibieron sus antecesores, pero Marianela cree que el secreto del éxito sigue siendo el mismo: “trabajar, trabajar y trabajar”.