4 ejemplos de ‘emprendedores por necesidad’ que han triunfado

No suele ser muy recomendable el maridaje. Sin embargo, existen también casos de triunfo de emprendedores por necesidad. Estos son algunos ejemplos.

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Ana Luengo. No existían empresas en su especialidad

“No estoy segura de que lo de montar el estudio fuese una elección personal. Yo monté la empresa por necesidad”, declara Ana Luengo Añón, cofundadora del estudio de arquitectura del paisaje, Citerea, junto a su socia, Coro Millares. Se da la circunstancia de que, tras acabar su formación en distintas universidades europeas, a su regreso a España, Luengo se encontró con la inexistencia de empresas a las que poder prestar sus servicios.

“No podía encontrar trabajo. En España ni siquiera está reconocida la actividad del arquitecto paisajista como disciplina. O me buscaba la vida por mi cuenta o me iba de nuevo a trabajar fuera. El otro inconveniente es que tampoco es un oficio que puedas desempeñar en solitario, hace falta un equipo de profesionales especializados en distintas áreas que te proporcionen una estructura mínima para sacar adelante los proyectos. No hay otra salida que contratar o asociarte con otros”.

Citerea se constituye como estudio en 1993 sobre la base de un equipo multidisciplinar de especialistas en estudios del paisaje, el medio ambiente, la ordenación del espacio y del diseño. Se dedican a ejecutar todo tipo de proyectos de jardinería, tanto de carácter público como privado, de nueva planta o proyectos de restauración. Llevan también a cabo una amplia labor cultural con la dirección de cursos y seminarios, publicaciones y exposiciones. 

Actualmente, Ana Luengo concibe la empresa como el vehículo que le permite realizar trabajos que le gustan y que, igual de otra forma, no podría hacer.

El doctor Vicente Salinas Martín

Vicente Salinas. Para poder seguir investigando contra el cáncer 

Médico patólogo con más de veinte años de experiencia al servicio de la sanidad pública, Vicente Salinas Martín decide en 2013 dejar su trabajo de funcionario y hacerse emprendedor. Junto a otros socios funda una empresa biotecnológica con sede en Sevilla denominada PlusVitech, con el foco puesto en el desarrollo de soluciones y tratamientos para el cáncer y, ahora también, para el COVID-19.

Gran parte de los proyectos biomédicos surgen en la academia, que es donde se encuentran la mayoría de especialistas. En el caso de Salinas Martín fue en el Servicio Andaluz de Salud. «Sin embargo, para que este tipo de proyectos puedan desarrollarse lo suficiente, se requiere de inversiones importantes, ya que suele incluir procesos regulatorios, que a su vez incluyen estudios de laboratorio específicos, ensayos clínicos, consultoría especializada, redacción de planes de empresa, etc. Y para conseguir esa inversión es necesario que el proyecto tome forma de empresa. Es por esto que di el salto a emprender y creamos PlusVitech para poder hacer que estos tratamientos lleguen cuanto antes a los pacientes”, explicaba el doctor Salinas a Emprendedores.

“Creímos que teníamos algo bueno que debía llegar a la sociedad. Estoy seguro de que me hubiese arrepentido más de no poner el proyecto en marcha que de mantenerme en la zona de confort. Y eso que la primera vez que escuché la palabra startup tuve que buscar el significado en Google”.

La empresa cuenta ya con un innovador tratamiento bautizado con el nombre de PVT-REMOVE, el cual reposiciona un fármaco oral que elimina con éxito el cáncer porque toma el control inmediato del mecanismo general de reproducción de todas las células del cuerpo humano. Los resultados obtenidos con PVT-REMOVE hasta la fecha demuestran remisiones completas en los principales tipos de cáncer como pulmón, mama o linfoma, incluso en casos en que son resistentes a los tratamientos actualmente disponibles. 

Gádor Espinosa López

Gádor Espinosa López. Abrirse hueco en un entorno masculinizado

Después de cursar el Bachillerato Técnico Industrial, “en el que solo éramos 5 chicas”, Gádor Espinosa López se animó a estudiar Ingeniería de Caminos en la Universidad de Granada “donde, el primer año, ni siquiera había baño para mujeres”.

Con detalles como los referidos, Espinosa López pronto empezó a sospechar que “como mujer, me iba a ser difícil trabajar en lo mío”. No sucedió así porque, al poco de terminar la carrera, le ofrecieron la construcción del Puerto de la Isla de Alborán. Había conseguido su primer gran proyecto, eso sí, pero también tuvo oportunidad de comprobar dos cosas: que le pagaban un 40% menos de lo que hubiese cobrado un hombre en ese mismo puesto y que le costaba mucho que la obedeciesen en la obra.

“Ser ingeniero de caminos, entonces, era una profesión muy elitista. Yo recuerdo a los profesores que nos daban clases en la Facultad llegar y marcharse en coche oficial. Así que pensé que yo, siendo mujer, nacida y criada en un pueblo de Almería, de una familia muy normalita, lo iba a tener difícil. Por eso suelo decir que lo de la profesión, me viene por vocación, pero el emprendimiento, en mi caso, lo define la frustración”.

Sea por frustración o por lo que sea, lo cierto es que, a día de hoy, Gádor Espinosa ha arrancado ya cuatro proyectos emprendedores, aunque ahora centre todos sus esfuerzos en Portocarrero tenders , una solución con la que persigue poner el mercado de compra pública al alcance de todos, minipymes y autónomos incluidos.

Andrew Funk

Andrew Funk. Para dejar de ser un ‘sintecho’

Procedente de EE.UU. y con los estudios de filología ya terminados, Andrew Funk llegó a Barcelona movido por su interés por conocer mundo, pero la estancia se dilató más de lo previsto. En Barcelona montó su propia escuela de idiomas, se hizo consultor y analista en una empresa de capital-riesgo y, finalmente, se sumó a otros emprendedores en un proyecto para montar una plataforma online. Este último le llevó de forma inesperada a la quiebra con un montón de deudas contraídas en el momento más delicado de su vida: la espera de su primer hijo.

Las consecuencias de la situación le llevaron a deambular por las calles hasta convertirse en lo que se conoce como un ‘sintecho’. “Caer en la calle es tan fácil como tener una mala racha. Le puede pasar a cualquiera”, declaraba Funk a este medio.

El emprendimiento le ayudó a superar la situación lanzando un proyecto en el que él mismo se convirtió en su primer cliente. Se trata de Homeless Entrepreneur, una asociación sin ánimo de lucro que persigue empoderar a personas sin hogar ayudándoles a integrarse en el mercado laboral e iniciar una nueva vida por sus propios medios. 

La organización, camino de constituirse en Fundación, ha conseguido mejorar la vida, en un sentido u otro, de 394 personas y acumula ya 24 casos de éxito de personas sin hogar plenamente integrados en el mercado laboral.

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