5 empresas de moda que retan a los gigantes del sector

Estas cinco empresas son modelos de estudio en el sector de la moda.

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Bimba y Lola

“Ahora la gente quiere moda y está dispuesta a pagar por ella”

Las dos fundadoras de Bimba y Lola, María y Uxía Domínguez, no es que lo hayan tenido fácil, pero sí han disfrutado de muchas ventajas a la hora de crear su cadena de moda. Sobrinas de Adolfo Domínguez e hijas del dueño de STL Loina, una empresa que produce y vende colecciones de marcas como Carolina Herrera, han mamado el negocio en la firma de su familia, que luego las apoyó financiera y logísticamente en sus inicios. De no ser así, no hubieran podido abrir 41 tiendas en 2006, el primer año de vida de la empresa. Pese a eso, no todo ha sido la familia. Las dos hermanas han recibido un crédito de 10 millones de euros del ICO y ahora negocian la entrada en su firma de una sociedad de capital riesgo.

Lujo asequible o semilujo
En Bimba y Lola definen su posicionamiento como de ‘lujo asequible’ o ‘semilujo’. “Hace años –dicen en la empresa gallega– la gente compraba productos básicos e indiferenciados, pero últimamente se interesan cada vez más por la moda y están  dispuestos a pagar un cierto precio por ella”.

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Kling

“Rehuimos las grandes calles. las clientas no entenderían vernos en la gran vía”

La idea de Papo Kling, que empezó vendiendo sus diseños underground para chicas malas en el mercado de Fuencarral, la zona de ropa alternativa de Madrid,  era “la de proponerle a nuestras clientas ese tipo de ropa arriesgada que sólo encontraban en los mercadillos de Londres o Nueva York”, afirma. Primero vendía en tiendas multimarca, luego puso un showroom en el mencionado mercado de Fuencarral y en 2004 abrió su primera tienda. Kling tiene claro que lo suyo son las minorías, lo que explica que rehúya las grandes calles. “Nuestras clientas no entenderían si nos vieran en la Gran Vía”, dice. Según Kling, el precio bajo ha demostrado su ineficacia. Y asegura que “es imposible ganar dinero vendiendo vestidos a 9,99 euros, por lo que nosotros nos hemos situado en una línea que los americanos llaman budget (si te gusta el precio no es problema), vestidos entre 40 y 60 euros y que incorporan mucho diseño”. Papo va incluso más lejos y afirma que “la apuesta de muchas marcas por el low cost se ha revelado ruinosa: se metieron en guerras de precios, que solo sirvieron para hundirlas en las pérdidas”.

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El Ganso

“La calidad que ofrecemos tiene un precio”

Quizá el ejemplo más exitoso de la nueva generación de empresarios de moda sea el de los dos hermanos, Clemente y Álvaro Cebrián, que fundaron El Ganso en 2006. Licenciados en Empresariales y ejecutivos en multinacionales, los dos tenían una pasión por la moda masculina inglesa que se remontaba a su juventud, cuando viajaban a Inglaterra a estudiar inglés. Tanto que en 2004 dejaron sus empleos y vendieron sus coches para hacer su primera colección y dos años después abrían la primera tienda. Empezaron el negocio con solo 30.000 euros y se dieron a conocer regalando sus primeras prendas entre los amigos. La ropa masculina con estilo y de calidad, frente a los productos básicos indiferenciados y baratos, ha sido también su apuesta: “Le proponemos a los clientes trajes, americanas o camisas de factura original y mucha calidad que puedan mantener en su armario durante cinco o 10 años. Y eso tiene su precio”.

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Silbon

“A los jóvenes les ofrecemos calidad y un estilo exclusivo a buen precio”

Los dos socios fundadores de Silbon son un buen ejemplo de la típica alianza entre el hombre de la industria y el ejecutivo experto en finanzas y administración. “Yo venía de trabajar como auditor en la consultora Deloitte mientras mi socio, Rafael Díaz, había trabajado en la industria”, explica Pablo López. Eso sí, a los dos les unía, además de una fuerte amistad, también la misma pasión por los trajes ingleses.
“Nuestra idea –continúa López– era acercar la ropa masculina estilo british a todo el mundo, ofrecer esas americanas que cuestan 350 euros en Hackett a unos 150”.

¿Tirar precios? “Esa no ha sido nunca la estrategia”, subraya el joven empresario. “Lo que sí hemos tratado es ofrecer una calidad y un estilo exclusivo, enfocado sobre todo a los jóvenes que empiezan a trabajar, entre los 25 y los 35 años, a un precio más conveniente, pero que sigue sin ser barato”, resume el cofundador de Silbon.

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Trasluz

“Nos posicionamos en la gama medio-alta de moda infantil, que no había”

Javier Martínez Zaldo, que forma parte de una familia de i ndustriales burgaleses del textil que han tenido que abandonar la fabricación, califica también al posicionamiento de su cadena de moda infantil, Trasluz, como de gama medio-alta, algo que, asegura, “no existía hasta que llegamos nosotros”. Fundada en el 2009, y con una expansión centrada en la franquicia, Trasluz va por las 35 tiendas (ninguna propia) y facturó seis millones de euros en 2013. Zaldo, que empieza a expandirse fuera de España (abrió su primera tienda en Portugal) atribuye el éxito de su ropa infantil “a los diseños y la alta calidad del producto”. Venir de una familia del sector no le ayudó a Zaldo en su primer intento. Fracasó con una tienda de lencería femenina en 2000, un agujero de 25 millones de euros, lo que no le impidió crear Trasluz. “Al principio arrastré un pesado déficit anterior”,  recuerda.

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