Emprendedores que triunfan en la industria espacial

Estas tres empresas tienen una exitosa carrera en el sector espacial: GMV, Sener y Crisa. Su último gran hito, el 12 de noviembre de 2014, la sonda Philae, que iba a bordo de la nave Rosseta, aterrizó en el cometa 67P Churyamov-Gerasimenko. Estas tres empresas tuvieron mucho que ver en este logro. ¿Qué hay que hacer para lograr el éxito es este sector?

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GMV. La spinoff indie que diversificó

Arrancaron como un grupo de estudiantes de Ingeniería Aeronáutica a mediados de la década de los 80. Liderados por el catedrático Juan José Martínez, director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de la Politécnica de Madrid, emprendieron un viaje que comenzó con algunos trabajos especializados de campo para la ESA. Eran indies (independientes) en un sector tan complejo como aún poco explorado en España. Hoy, casi tres décadas después, GMV se ha convertido en una compañía con más de 100 millones de euros de ventas, un millar de trabajadores y una gran experiencia en el sector espacial internacional, especializándose en la dinámica de vuelo.

Un posicionamiento como independiente. “Debíamos brillar más que el ingeniero homólogo de grandes potencias y hacer las cosas infinitamente mejor”, explica Miguel Ángel Martínez, director corporativo de la compañía. Su primer contrato importante con la ESA se cerró en 1985 y actualmente es su mayor cliente, concentrando más de una cuarta parte de su volumen de negocio. Este crecimiento ha sido ganado de manera independiente, sin operar bajo el paraguas de ningún gran grupo internacional. 

La diversificación como bandera. Comenzó en un segmento muy concreto: la dinámica de vuelo, con trabajos puntuales en el  campo de los simuladores (también con el Ministerio de Defensa). Sin embargo, su afán por abrir su enfoque como compañía se tradujo en la expansión a otras áreas para “aprovechar todo el potencial” de su capital humano y su infraestructura tecnológica. Así, a mediados de los 90 dio los primeros pasos para internarse en tres especialidades: el de la navegación por satélite (GPS), el desarrollo de soluciones TIC para administraciones y corporaciones y los sistemas inteligentes de transporte, que se sumaban a su experiencia en Defensa.

No fue una tarea sencilla. “Muchos de estos mercados eran nuevos en España y construir una marca en sectores así nos llevó mucho tiempo”, explica Martínez. Gracias a esta estrategia, la dependencia del departamento de Espacio es menor: el resto de actividades representa el 55% de todo el volumen de negocio. Esta diversificación se combinó junto a una mayor apuesta internacional en estos nuevos segmentos, especialmente en el transporte, con proyectos en países como India, Malasia o México.

Cifras relevantes
Facturación: 110 millones de euros.
Plantilla: 1.129 trabajadores.

En la foto, Miguel Angel Martínez, director Corporativo de Desarrollo de Negocio, Marketing y Comunicación.

Crisa. Un proyecto con el respaldo de las grandes

En 1983 se configuraron como el modesto departamento puesto en marcha por el ingeniero aeronáutico Víctor Rodrigo hasta convertirse en la principal firma española del sector en equipos electrónicos de vuelo de satélites y lanzadores. En este tiempo ha trabajado en casi 780 unidades de vuelo lanzadas dentro de 180 misiones, construyendo un negocio que genera ventas de más de 44 millones de euros al año y una plantilla de casi 400 trabajadores.

La capacidad tecnológica es clave para encontrar el hueco. ¿Cómo conseguirla? En el caso de Crisa, fue fundamental el apoyo de la española Abengoa y la francesa Matra Marconi, que crearon una sociedad mixta para gestionarla. La primera adquirió la compañía cuando la matriz danesa entró en quiebra en 1985. Y la segunda se convirtió en el socio tecnológico. “Tener una capacidad de producción importante fue clave para la confianza de clientes europeos”, explica Francisco Perán, director del departamento de Equipos y Carga Útil. Ese respaldo de la multinacional gala fue importante para generar esa credibilidad con la que avanzar en un segmento con competencia, no sólo exterior, sino también interior.

La integración en Airbus como revulsivo. Si en la década de los 90 su negocio se consolidaba, casi triplicando su plantilla hasta rozar los 300 trabajadores, a principios del nuevo siglo acontecería otro movimiento. En el año 2000 se conforma el consorcio europeo de empresas aeronáuticas, EADS. Fue ahí cuando Matra decide comprar el 50% a Abengoa e incorporar Crisa a Astrium, firma de referencia en espacio de EDS.

Era su salto a un gran grupo. ¿Sencillo? No lo fue, tal y como reconoce Perán. Pero al margen de las dificultades relacionadas con el funcionamiento interno, esta unión ha tenido aspectos positivos muy destacados. Su configuración, gracias a la cual Crisa hoy disfruta de cierta autonomía en la gestión y operatividad. Y también la incorporación a un gigante con una gran infraestructura tecnológica y humana de la que se pueden beneficiar. 

Un gran peso del sector institucional. La misión Rosetta es una de las muchas con capital público en las que Crisa ha estampado su firma.

En este caso, se trata de la ESA, que hoy supone casi seis de cada 10 euros que generan.

Cifras relevantes
Facturación: 44 millones de euros.
Plantilla: 388 trabajadores.

En la foto, Francisco Perán, diector del departamento de Equipos y Carga Util.

Sener. La vida espacial bajo un gran grupo industrial

Sener Espacio es una de las veteranas del sector en España. Su estreno se remonta a 1964 cuando contribuyó a la construcción de una pequeña base de lanzamientos de cohetes en Suecia para la ESRO (antigua Agencia Espacial Europea). Fue el primer contrato internacional dentro del que, en ese momento, ya se configuraba como un gran grupo industrial. Cuatro décadas después, esta división ha ido haciéndose un hueco en el segmento de mecanismos, navegación y sistemas ópticos de satélites, fabricando hasta 265 equipos completos de vuelo para satélites. En esos 40 años ha pasado de una actividad casi testimonial a una facturación de hasta 30 millones de euros.

Fiabilidad para ganar cuota. “Cuando lanzas un satélite, la fiabilidad es clave”, explica Diego Rodríguez, director de la filial, quien recuerda que no había otra forma de lograr visibilidad desde España. Frente la relación calidad-precio como argumento para posicionarse en otros segmentos, Sener trató de explotar esa reputación. Su crecimiento y evolución fueron “lentos, porque no podíamos fallar”. La prudencia guió su estrategia de expansión y la elección de las áreas en las que aterrizar. Hoy están centrados en los mecanismos, la navegación y los sistemas ópticos.

Replicando su negocio en el exterior. Su diversificación ha caminado no sólo hacia el sector comercial, también han decidido hacer una apuesta muy concreta: crecer a través de las inversiones públicas del segmento espacial en otros países. ¿Cómo? Al comienzo de los efectos de la crisis optaron por replicar su modelo en Polonia, país con gran potencial en el segmento debido a unas altas previsiones de desembolso de su Administración. El resultado: un cierto mantenimiento del negocio desde 2011, cuando se percibieron con mayor intensidad los efectos de la caída de la actividad. “No sólo hemos mantenido, sino que aumentado nuestra facturación”, explica Rodríguez.

Bajo un gran grupo industrial. Sener nació en 1956 en Bilbao como una firma de ingeniería naval en un mercado poco desarrollado, aunque próspero gracias “al boom en infraestructuras y servicios” que vivía España. Hoy tiene proyectos en segmentos no sólo de la Ingeniería y construcción, sino en la aeronáutica y la energía y medio ambiente, con una plantilla de 5.500 trabajadores.

Cifras relevantes
Facturación: 30 millones de euros.
Producto: fabrica 265 equipos de vuelo.

En la foto, Diego Rodríguez, director de la división espacial de Sener.

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