Tomar decisiones audaces en momentos complicados

Intuición, valentía, entusiasmo... Alfonso Jiménez arriesgó todo su dinero con tan solo 21 años, y no pensó en ningún momento que esa valentía en los negocios le llevaría a tener una de las mayores empresas de capón en todo el mundo.

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Sembrar en invierno

“Hay que saber emprender en tiempos de crisis. En los malos momentos, hemos tomado las decisiones más importantes: enlatar los capones, diversificar, salir al exterior o cambiar el tipo de cliente. La empresa es como el campo: las semillas hay que plantarlas cuando es invierno para que la cosecha sea buena en primavera”.

Socios complementarios

“Iglesias es un excelente financiero, tiene la cabeza fría y muy bien amueblada”, así define Jiménez a su socio y él, sin embargo, se define con corazón, y de ímpetu. “Él me tiene que frenar muchas veces; si no hubiese sido así, me habría arruinado ya cinco veces. Además tenemos un equipo joven, motivado, preparado y formado, al que hemos conseguido atraer por la ilusión y porque se sienten parte de un proyecto”.

Arriesgar y reinvertir

En 1998, pidieron un préstamo al banco de 30 millones de pesetas para producir por cuenta propia y pasar de ser una empresa de servicio a ser otra industrial. “Empezaba una época muy dura porque había que amortizar el préstamo, pagar las nóminas y afrontar una serie de gastos que se nos hacía muy cuesta arriba. Fueron años duros, pero que nos ayudaron a formarnos como empresarios”

“Nunca hemos tenido mucho dinero, al revés: siempre hemos reinvertido los beneficios y de esta manera la crisis nos ha pillado bastante resguardados, lo que nos ha permitido afrontar los proyectos exteriores”.

Apoyo al empleo local

“Entendemos que hay que apostar por la región en la que estás ubicado, en nuestro caso Castilla y León y la comarca del Cerrato palentino, tanto en lo que se refiere a las materias primas como desde la óptica del empleo”.

Con un gran peso social

Para completar su labor social centrada en la integración laboral de los discapacitados, cuenta con la Fundación Cascajares, desde donde promueven ayudas y acciones dirigidas a estas personas con discapacidad mediante diferentes proyectos, como la financiación de programas educativos u orientación al empleo. Además de la realización de diversos eventos para la captación de fondos.

Diversificación

En 2001, las cosas empezaron a funcionar mejor gracias, en parte, a una mala noticia: la aparición del mal de las vacas locas. “A nosotros, especializados en capones y aves, nos favoreció y comenzamos a vender por toda España. También nos abrió los ojos y empezamos a hacer I+D+i con cabeza: esa vez nos habíamos beneficiado, pero nada nos garantizaba que un día fuese al revés, así que diversificamos hacia el mercado porcino y ovino. Por eso la gripe aviar no nos afectó tanto”.

Una buena idea de marketing

Siempre hay que marcarse desafíos: “En 2003, se anunció el compromiso de los príncipes de Asturias. Nos propusimos que teníamos que estar en el banquete de boda con el plato principal. Fue una negociación difícil, pero conseguimos. una campaña promocional impactante: “Para el banquete, nos pidieron 600 capones, pero preparamos 800 y los 200 que sobraron se lo enviamos a las personas con más poder mediático con una tarjeta que decía: “Coma usted lo que están comiendo los invitados a la boda real”. La entrada en los hogares supuso una expansión meteórica y en apenas cuatro años pasaron del millón de euros de facturación y 12 personas en plantilla, a los seis millones y 50 empleados en 2007”.

Las cifras

Las cifras de Cascajares hablan por sí solas: con una expansión fulgurante que coincidió con el cambio de público objetivo (la entrada en los hogares) y la apuesta por la diversificación (su incursión en otros sectores cárnicos, como el ovino o el porcino), han sabido hacer frente a la crisis que les arañó unas cuantas ventas, apostando por la internacionalización, con una fabrica en Canadá y oficina comercial en París.

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