5 emprendedores que han montado una minibodega (y les va muy bien)

El retorno al campo y la moda de los vinos de autor han desatado la aparición de decenas de pequeñas bodegas por toda España que, pese a su ínfimo tamaño y la bisoñez de muchos de sus fundadores, exportan a todo el mundo y ganan premios internacionales.

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Bodegas Comenge

Jaime Comenge, un ex ejecutivo que trabajó en Telefónica, decidió fundar su propia bodega antes de jubilarse. La idea le vino por una antigua relación con el mundo del vino: su padre Miguel, médico, escribió el primer libro recopilatorio de todas las variedades de uva en España.

Comenge se tomó tan serio su nuevo oficio que hizo un master de Enología. Era 1999 y ahí conoció a un joven ingeniero agrónomo, Rafael Cuerda, interesado en ser enólogo profesional. Jaime quería hacer vino de sus propios viñedos: buscaron terrenos de vid en Ribera de Duero y, como casi nadie quería vender, compraron terreno virgen y plantaron las cepas.


“Ahora tenemos 33 hectáreas”, apunta Álvaro Comenge, hijo del fundador y responsable comercial de la bodega, “que compramos entre 1991 y 2001 y de las que solo seis hectáreas tenían vid”. Su padre y Rafael tenían tanta prisa en elaborar su producto que en el 2000, antes de tener uva propia, hicieron vino experimental. En 2001 elaboraron su primer vino de verdad, que colocaron en el mercado a finales de 2003.


Un millón y medio de inversión inicial


“Nuestra idea era aplicar tecnología actual para hacer algo distinto”, continúa. Plantaron más viñedo por hectárea, con espalderas de mucha altura y cubiertas vegetales para controlar el vigor de la planta y triunfaron en la primera cata a la que se presentaron. “La revista Decanter nos puso cinco estrellas y un importador suizo compró toda la producción de aquel año, 15.000 botellas”. La bodega sale destacada en todas las revistas de vino, exporta el 60% de su producción a países como Reino Unido, Suiza y Australia y saca cinco tipos de vinos.


El fundador se planteó la empresa como actividad para después de la jubilación, pero se lo tomó muy en serio: la inversión inicial, con aportaciones propias y crédito, alcanzó el millón y medio de euros. Luego entraron varios socios que tienen el 20% del capital. Pese al éxito de sus vinos, a que tiene un restaurante, servicio para banquetes y paseos a caballo por los viñedos (es una de las diez más visitadas de Ribera de Duero), solo ahora empiezan a asomar los números negros. “Llevamos dos años con beneficios operativos”, asegura el hijo del fundador, “pero debido a la fuerte inversión, hubo que esperar hasta este año para lograr un beneficio neto”. Esto no le sorprende.


DATOS CLAVE:

- 50.000 botellas

- Ribera de Duero

- 1,1 millón de euros en ventas

Celler La Muntanya

Los vinos de esta bodega de Alicante han atraído la atención de medios tan prestigiosos como The Guardian o Wine & Spirits. Y no solo porque sus fundadores exportan el 40% de la producción a Nueva York o Copenhague (donde venden casi todo su blanco) sino porque han cambiado drásticamente la relación entre el bodeguero y los propietarios de viña.


Recuperar una uva desprestigiada


Todo empezó por iniciativa de Toni Boronat, un empresario textil de Muro de Alcoy que empezó fabricando vino casero en una barrica, al que se sumó Juan S. Cascant, un delineante que dirigía un despacho de arquitectura. Más tarde, dos hermanos, Adrià y Marc Pérez, bodegueros en el Priorat. “Empezamos en 2003”, recuerda Cascant, “casi como un juego. Los primeros años hacíamos 1.000 botellas”.


Sin conocimientos de enología y vinicultura,
empezaron haciendo vino de la uva que había en la zona “sin esquema ni criterio”, reconoce. Después de hacer unos cursos rápidos de enología y ayudados ya por los hermanos Pérez, con experiencia como vinateros en el Priorat, se plantearon recuperar la calidad de una zona cuyos vinos – de cepas como Monastrell, Garnacha, Malvasia, Meseguera o Verdel - habían perdido su prestigio en las últimas décadas.


Poca inversión inicial


Al no tener tierras propias idearon un innovador modelo de asociación con los minifundistas de la zona: el ‘Proyecto Microvinya’. “Yo les compro la uva”, explica Cascant, “que ellos trabajan según nuestros criterios. O nos ceden sus tierras para que las cuidemos nosotros”. El Celler de la Muntanya tiene acuerdos con 28 viñedos, 20 son tratados directamente por la empresa.


Son propietarios, más o menos absentistas hasta entonces, con terrenos de entre 3.000 y 7.000 metros. “Hay amas de casa, dentistas y hasta un famoso profesor de física de partículas, Joan Fuster. El proyecto, avalado por la Universidad de Alicante, empieza a exportarse. “Nos han llamado de Colares, una zona vinícola próxima a Lisboa, para explicar nuestra experiencia”.


La bodega saca siete vinos, blancos y tintos, algunos de un solo terreno y cepa. El Lliure Albir, de garnacha blanca, a 19,5 euros, es uno de los más aclamados por la crítica. Con un solo trabajador a tiempo completo (Cascant, además de un grupo de eventuales para la vendimia y la vinificación), ha tardado 12 años en llegar a su actual producción de 40.000 botellas. ¿Beneficios? “El año pasado, 140.000 euros en ventas. Este año será el primero que repartamos beneficios”, dice el bodeguero. Y eso que la inversión inicial fue pequeña: solo 30.000 euros.

 

DATOS CLAVE:

- 40.000 botellas

- Zona: Alicante

Bodegas El Paraguas

Fundada en 2011, esta bodega gallega de la D.O. Rias Baixas tiene ya más premios que muchas rivales de más prestigio comercial. Su blanco Fai un Sol de Carallo, añada del 2013, logró 93 puntos en la Wine Advocate de Robert Parker, la publicación especializada más influyente del mundo. El Paraguas Atlántico ganó la Medalla de oro del International Wine Guide del 2012.


Socios ya expertos en vino


Como en otras mini bodegas, sus fundadores crearon el Paraguas con la intención de romper esquemas imperantes. “Queríamos hacer un vino que supiera a Ribeiro, distinto de los que había en el mercado”, explica Felicísimo Pereira, socio junto a Marcia Pita. Pita, miembro de la Unión Española de Catadores y autor del libro ’Grandes Vinos de España’, es un periodista especializado en vinos que ya en 2006 fundó una pequeña bodega que se hizo famosa con su tinto El Linze. Pereira está considerado uno de los mejores conocedores del Ribeiro y fue elegido en el 2011 Mejor Enólogo de Galicia. Los vinos del Paraguas vienen de vides centenares (algunas de 1892), ubicadas en Ribadavia, en una finca con solo 1,1 hectáreas con las que hacen poco menos de 7.000 botellas al año. De momento, producen dos vinos blancos y jóvenes.

 

¿La mejor publicidad? la guía parker


“La cosecha del 2014 ya está vendida”, afirman. El 40% va a sitios como EEUU, Alemania o Puerto Rico. En España, a restaurantes como el Arzak de San Sebastián. El más caro, Fai un Sol de Carallo, se vende a 55 euros y el Paraguas Atlántico a 13,7 euros. No han tenido que ir a ferias ni hacer publicidad. “Contactamos con gente que conocemos”. Lo más importante fue dar a conocer el vino en las guías: el Consejo Regulador del Ribeiro los incluyó y cuando Luis Gutierrez, el catador español de Parker, los probó, saltaron al estrellato.
¿El secreto? Un vino diseñado para agradar a público y crítica. “Es serio para que los críticos lo valoren y con el punto adecuado para gustar a la gente”. Pronto ampliarán la bodega a 3.000 hectáreas de terreno, viñedo de alta calidad, para sacar otras 7.000 botellas. Ahora lo hacen el garaje de la casa de Felicísimo.

 

DATOS CLAVE:

- 7.000 botellas

- Ribeiro

- Zona: Ribadavia, Ourense

Quinta Milú

Esta micro bodega de Ribera de Duero ha saltado de la nada a facturar 500.000 euros en menos de diez años. Fundada en 2006, es un ejemplo de cómo un emprendedor enamorado de un producto saca adelante su proyecto casi sin medios. No tenía relación con el vino, pero German R. Blanco, gijonense de 38 años, decidió muy joven que su sueño era tener su bodega. “Después de diversos empleos, estudié enología y trabajé en bodegas de la D.O. Ribera de Duero”.
La oportunidad surgió gracias a un amigo suyo “que tenía viñas y una bodega que no iba bien”. Eso le permitió empezar, sin grandes inversiones, con siete hectáreas que ahora son ya 20. Esa asociación, que no sociedad, fue el modo de superar la falta de capital para invertir. Una situación que parecía insuperable dado que Germán no estaba dispuesto a comprar uva (quería controlar todo el proceso) ni podía adquirirla teniendo en cuenta que el precio del terreno con viñedos viejos de Tempranillo es caro en la zona.


Pagar más por la uva


“Como no tenía dinero para pagar un alquiler” recuerda Germán, “acordamos que yo le pagaba más por la uva. Y él está feliz porque además es quien cuida de los viñedos y trabaja en la bodega conmigo”. Es el único empleado, además de Germán, que hace de enólogo, secretario y responsable de ventas. Igual que otros mini bodegueros, Germán entró en el negocio con el deseo de recuperar técnicas como el pisado con los pies. Hace vinos artesanos, orgánicos (sin aditivos) y vinificados por separado para cada una de sus 37 parcelas.
El más barato es el Milú (8 € en tienda).
La bodega produce 85.000 botellas, facturó 500.000 euros el año pasado y entró en beneficios en el 2013. Buena parte de las ventas van al extranjero, especialmente a Inglaterra, donde Germán empezó a exportar en el 2010 (la cosecha del 2008).

 

DATOS CLAVE:

- 85.000 botellas

- Ribera de Duero

- Zona: La Aguilera. Burgos

- 500.000 euros en ventas

Bodegas Sierra de Cabreras

En 2009 Fernando Sirvent, un informático de 58 años director de desarrollo de una empresa decidió dedicarse, en paralelo, al mundo del vino. Con dos socios, Fernando Coca y Salvador Ortega, fundó la bodega. Ahora la llevan los tres a tiempo parcial. “Uno de los socios tenía un pequeño viñedo”, comenta Sirvient, “cuya uva vendía a la cooperativa. Como no la pagaban bien, propuso hacer algo propio”. La perspectiva era buena. No había crisis, la viña tenía seis hectáreas y la uva era de muy buena calidad. Alquilaron una nave de 300 metros en Salinas por la que pagan 500 euros y se gastaron unos 60.000 en maquinaria. Ese mismo año ya no vendieron la uva a la cooperativa: hicieron su primer vino, unas 2.000 botellas. Ahora son 8.000.


Clientes con estrella michelín en españa


Para venderlas, Sirvent se movió por la zona de Alicante y luego amplió su radio a Valencia y Albacete. Cuando Carabibas empezó a obtener calificaciones de más de 90 puntos en las Guías Peñín o Parker se abrieron los mercados exteriores. “Vendemos el 20% en EEUU, Suiza y Dinamarca”. En España, la restauración es su principal cliente. “Casi todos los restaurantes de aquí con estrella MichelÍn tienen nuestro vino” asegura. Sirvent y sus socios hacen prácticamente un solo vino, el tinto Carabibas, un ‘coupage’ de 65% de Cabernet Sauvignon, 30% de Merlot y 5% de Monastrell, que se vende a 20 euros en tienda. En 2012 añadieron el Carabibas La Viña del Carpintero a 15 euros.


Bodegas fuera del duopolio Ribera-Rioja


Sirvent reconoce que los vinos de Alicante tienen dificultades fuera del circuito gourmet: no son de la mejor calidad y se enfrentan al duopolio Ribera-Rioja, tendencia contra la que pelea esta nueva generación de bodegueros. Sirvent explica la acogida de su vino por la calidad de las viñas, la auto restricción a la hora de producir – “sacamos 3.000 kilos por hectárea y podríamos sacar 9.000 - y el sistema de elaboración. Vende toda su producción, la crisis ha ralentizado su crecimiento. Tampoco pensaron que tener el vino en crianza dos años iba a causar tensiones de tesorería, algo que todo bodeguero avezado sabe. Ahora quieren recuperar los años perdidos y crecer hasta las 25.000 botellas en 2018. Ese vino lo harán con uva adquirida. “Detectamos viñedos antiguos que venden uva a la cooperativa”. Los propietarios, que ahora cobran 30 céntimos el kilo de uva, pasarán a percibir 70 céntimos. Claro que en Sierra de Cabreras hacen vino de alta calidad mientras la cooperativa produce granel.

 

DATOS CLAVE:

- 8.000 botellas

- Alicante

- Zona: Salinas, Alicante

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