Las empresas de moda que están marcando tendencia

Los diseñadores de este reportaje comparten una vocación por la alta costura a prueba de crisis y confirman que el prêt-à-porter también tiene un lugar más allá de Madrid y Barcelona.

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Los últimos años, decenas de jóvenes diseñadores de moda han optado, en lugar del prêt-à-porter y el trabajo en las grandes marcas, por la creación de talleres de alta costura a lo largo y ancho de España, contribuyendo a relanzar el mercado de la ropa de lujo a medida para bodas y eventos fuera de Madrid y Barcelona.
En los 50 o 60, la alta costura era París. En España había dos o tres modistos, de gran relumbrón, pero con escasa proyección fuera. Dos décadas después llegaría Inditex (Zara) para democratizar el prêt-à-porter más fashion y en Italia todos los grandes de la moda, desde Valentino a Armani o Versace, propagaban el lujo prefabricado.
Todo parecía indicar que, una vez desaparecidas las humildes modistas de barrio, eso de hacer ropa a medida, incluso de lujo, era cosa de otros tiempos. O quedaba relegada a los grandes eventos, bodas reales, premios Goya, entre otros, monopolizados por un selecto y reducido grupo de costureros de élite, básicamente en Madrid, Barcelona o Sevilla.
el efecto celebrities
No ha sido así. La profusión de eventos glamurosos, actos oficiales de postín y el nuevo aire que se ha venido dando a las bodas, cada vez más suntuosas (quizá porque las familias tienen menos hijos y estos se casan solo a veces) han creado un nuevo mercado de ropa de fiesta a medida, en el que sus protagonistas quieren parecerse un poco a las celebrities que ven en TV.
Si a estos añadimos que todo ello ha venido a coincidir con una abundante hornada de jóvenes diseñadores y patronistas, formados en decenas de nuevas escuelas de moda y diseño en toda España, tenemos el cóctail que explica la extensión del fenómeno de la alta costura en capitales y pueblos de provincia de toda España. Y esta es una nueva hornada de modistos, de los que presentamos cinco historias. Son cinco emprendedores que han sabido moverse en un entorno altamente cambiante y competitivo.

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Antonia García Galiano

Esta modista malagueña, nacida en 1964, tomó la decisión de dedicarse a la alta costura ya a cierta edad, a los 34 años. “Pese a que me gustaba mucho la costura, desde pequeña estaba siempre cosiendo y lo hacía ya en mi casa. Fue en el año 2000 cuando tomé la decisión de estudiar para convertirme en una profesional”, explica Antonia García Galiano. Como le apasionaba el diseño, estudió patronaje e hizo el curso de técnico superior de estilismo y moda.
En 2005, cuando lo terminó, no tuvo ninguna duda sobre lo que iba a hacer: alta costura: además la iba a ejercer en su casa y en un pequeño pueblo del interior de Málaga, con 23.000 habitantes. Todo un reto. “Tenía un hijo de diez años y no me interesaba coger ningún trabajo que me obligara a estar todo el día fuera”, explica. Para expandirse más allá de Alhaurín, empezó a ir a desfiles como el de la Pasarela Larios de Málaga, en el que hay una sección para modistos de alta costura y en la que sigue participando.

Dedal de oro
La modista, que ha recibido el Dedal de oro en el hotel Palace de Madrid, produce unos 70 vestidos al año. Una pequeña parte de su clientela es de Alhaurín, el resto viene de otras ciudades de la provincia y, sobre todo, de la Costa del Sol, entre ellos muchos extranjeros. La modista trabaja mucho para la comunidad rusa de Marbella.
Su vestido más barato no baja de los 1.000 euros. Uno de novia, normal, puede oscilar en torno a los 2.500, y los de fiesta se quedan en los 1.500. Pero, ¿por qué tiene que ser tan cara la alta costura? Antonia explica que hay que diseñar el vestido en exclusiva para una persona, “hacer el patronaje, utilizar telas de la mejor calidad –organzas, saténs, bordados, muchos encajes y pedrerías–, decenas de horas de trabajo a mano y hacer varias pruebas a la clienta hasta que el vestido le quede como un guante”. Antes incluso de que se le empiece a confeccionar, el trabajo es ingente. Hay que recibir a cada clienta y hablar con ella, a veces una o dos horas en cada entrevista. Antonia, que tiene unas cinco empleadas en su taller y utiliza también pequeños talleres locales, reconoce que crearse su marca y conseguir clientes desde un pueblo tan pequeño no le resultó fácil.

Carlos Haro

Nacido en 1972, Carlos Haro fue un chico precoz en el mundo de la moda. Mientras estudiaba en el colegio, ya hacía sus primeros diseños. Luego se fue a estudiar a la Escuela Oficial de Artes y Oficios de Valencia, y con 19 años ya ganaba concursos en España, premios, dice, “que empezaron a proporcionarme repercusión mediática”. Haro utilizaba materiales no usuales, como la fibra de coco, el cañizo y hasta papel de periódicos.
Con 25 años, al salir de la escuela, se lanzó directamente a la alta costura. Su taller de la calle Navellos, en el centro de Valencia, estaba siempre lleno de clientas que hacían cola para que él les hiciera su vestido de fiesta. Se trataba de creaciones glamurosas, de líneas voluminosas, que acabaron siendo habituales en eventos de todo tipo. Su éxito como diseñador y modisto fue tan grande que al final sucumbió a la tentación de crear su marca de prêt-à-porter de vestidos de fiesta y de noche, una línea que desarrolló hasta 2011. Y luego cerró debido a la crisis. “Muchos de mis clientes eran esposas de constructores, y eso se acabó”, comenta.

El valor de la moda de autor
Hoy, ha vuelto a la alta costura, que nunca abandonó del todo, y recibe a sus clientas en su taller de Aldaia, una población próxima a Valencia, donde produce entre 40 y 50 vestidos al año. Todos caros, por supuesto: los de novia, a partir de los 3.000 euros, y los de fiesta de 1.600 euros hasta 2.800 de media. Pese al precio, el modisto se alegra de que en los últimos años, “el número de vestidos que hago aumenta continuamente”. Pero, al igual que otros modistos, Carlos no para de buscar otras fuentes de ingresos complementarias. Actualmente trabaja con Lladró: ha hecho unos vestidos-lámpara, inspirados en esculturas de la casa valenciana, que han sido expuestos con éxito en varias ciudades del mundo.

Marta del Pozo

Marta del Pozo ni se le ocurrió lanzarse a los desfiles de prêt-à-porter. Optó desde el inicio por ser modista de alta costura y hacer ropa a medida. Después de cuatro años en la Escuela Superior de Moda y Diseño de Madrid, hizo, al volver a Oviedo, una especie de estudio de mercado para ver si había espacio para sus ambiciones. “Me puse a fotografiar lo que estaba haciendo y saqué una página web con la ayuda de mi hermano”, comenta.
Luego se fue de visita a las tiendas y sitios relacionados con la moda para mostrar su trabajo. “A todos les gustó mucho, pero mis primeros clientes eran amigos, que empezaron a encargarme vestidos para sus bodas y bautizos”, recuerda. En 2001 empezó en serio, en su propia casa, y en 2008 abrió su glamuroso taller en la céntrica calle del Rosal, en un edificio de seis plantas, de su propiedad. En la actualidad, Marta confecciona, con la ayuda de diez empleadas, cerca de 150 vestidos de lujo al año, la mitad son de boda y el resto de fiesta. Aunque se pueden encargar vestidos cortos a partir de los 500 euros, el promedio está en los 1.500 en los de fiesta y los 2.000 en los de novia: “Hace años eran más caros, pero he tenido que ajustarme”. Facturó 230.000 euros en 2014 y este año espera más de 300.000.   

Sí, quiero
Las bodas son el motor: viste la novia, las madres de los novios, la madrina… Y después las comuniones, que “empiezan a ser pequeñas bodas”. Pese a que buena parte de su clientela es de clase media alta, no hay que llevarse a engaño, ya que “las bodas se han convertido en el evento social de una vida, y la gente no mira en gastos”. Y aun cuando el boca a boca fue el detonante, la modista no desdeña nada para darse a conocer. Todos los años participa en un desfile con diseñadores locales, y obtiene mucha atención de la prensa. “Al ser una ciudad pequeña, eso te ayuda porque la gente conoce al taller, y a lo mejor un día entra”. A Marta también le ha beneficiado la celebración de los premios Príncipe de Asturias: “Muchas de las esposas de los asistentes, o los premiados, vienen a mi taller”. Y además hace ropa para los coros que cantan en los premios.

Martha Peters

S iempre quise hacer ropa a medida, participar en todo el proceso, diseñar, hacer los prototipos, recibir a las clientas, coser, dejar algo tuyo en cada prenda”, explica Martha Peters.
Ya en los últimos años de la carrera, empezó a confeccionar vestidos y a dejarlos en una tienda, a ver qué pasaba. Así que en 2008 y empezó con un pequeño local, en su ciudad, Zaragoza, “en el que vendía ropa de otras marcas y unos pocos vestidos a medida para algunas clientas”. Cuando el espacio se le quedó pequeño, tres años después, se mudó a un estudio más grande, de 200 m2, que ni siquiera es una tienda porque está en un primer piso. Y ahí empezó a dedicarse en exclusiva a la alta costura, centrada en las bodas, las novias y sus invitados. Martha dice que no ha conocido la crisis, ni tampoco ha sentido ninguna competencia: “Cada año he ido a más”. Este año hará unos 100 vestidos de lujo, 50 de boda y 50 de fiesta. “Hace unos tres años hacía unos 40 o 50”, recuerda. Eso le ha permitido cubrir gastos por primera vez en 2015. Y tiene cinco personas empleadas: “Varias costureras, una persona para vender y otra que lleva la comunicación”.

Proceso artesanal
Las clientas van a su taller con cita previa, y pueden elegir entre alguno de los 34 modelos de su colección, o partir de cero. Se hacen bocetos y prototipos y la clienta da finalmente su aprobado. Entonces empieza la fase de confección y las pruebas. Un vestido tarda varios meses en completarse y la clienta tendrá que regresar al taller de Martha dos o tres veces a lo largo del proceso para que el vestido se le ajuste como una segunda piel.
Esta modista da una enorme importancia a a todo lo que tiene que ver con la comunicación, la imagen, la marca. Trata de que, siempre que contribuya a algún evento, la prensa lo sepa. Igual que pasa con sus desfiles particulares, que tienen lugar en su estudio y a los que invita todos los medios de la ciudad, de la prensa escrita, la radio, Internet y blogueros”.

Tania Presa

Me ofrecieron un trabajo en Inditex, pero lo rechacé porque prefería quedarme en Palma”, explica Tania Presa (33 años). “Tuve claro desde el principio que si quería vivir de la moda, tenía que buscarme la vida. Aquí no hay empresas de confección importantes”. Así que después de terminar su carrera de moda en la Escuela Ars Nova de Palma y especializarse en patronaje de Alta Costura en otro centro, este de Barcelona, Tania empezó a prepararse para el oficio que había elegido: tener un taller de alta costura. Empezó en casa, donde montó un showroom en 2009. Y si otras empezaron haciendo vestidos para los amigos, Tanía los hacía y se los ponía ella misma. Se iba a fiestas y eventos con su propia ropa. “La gente los veía y empezaron a hacerme encargos”, explica. “Yo he sido mi mejor escaparate”, añade. Mientras hacía eso, y antes de abril el taller, estuvo trabajando en diversos empleos, en temas comerciales (“me hizo conocer a mucha gente”) y en una tienda de telas. “Cuando la abrieron, no dudé en incorporarme. Era una tienda muy grande y ahí aprendí muchísimo sobre telas”, señala.

Relaciones sociales
En 2011, hizo su primer desfile, con un solo diseñador, Tania Presa, en un club nocturno de un centro comercial. “Había mucha expectación y vino mucha gente a verlo”. Según la prensa de la ciudad, Tania triunfó en toda regla y ello le permitió iniciar su negocio, como empresaria. La modista hace ahora un desfile todos los años.
Con una facilidad indudable para las relaciones sociales y el networking, Tania ha conseguido convertirse, pues, en toda una marca emergente en la ciudad. Así que el año pasado no dudó en dar el salto y abrir  un taller en el centro de la ciudad, en el que confecciona, a medida, claro, ropa para bodas, fiestas, eventos. ”He vestido a actrices y cantantes de aquí –comenta– y también a presentadoras de televisión, que han lucido mis vestidos en galas”.
Su crecimiento parece meteórico. El año pasado hizo 50 vestidos de fiesta y 11 de novia. Y este terminará con unos 110, unos 90 de fiesta y otros 20 de novia: “Voy a duplicar la producción”.

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