El ‘boom’ de las nuevas bodegas de cava

La creciente aceptación de los cavas producidos en Valencia, Extremadura y Aragón está produciendo inesperadas historias de éxito entre los emprendedores que han apostado por este difícil producto. 

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En los últimos años, está surgiendo una verdadera pasión por el cava por parte de viticultores y bodegueros. Nuevas marcas están elaborando ya este producto en zonas como Valencia, Extremadura, Aragón, La Rioja o Navarra (regiones autorizadas). Pese a que, en total, la producción de estas bodegas es aún pequeña comparada con el mar de líquido que elabora el Penedés, estas firmas, unas nuevas y otras llegadas desde el vino, no han parado de crecer. .

Posicionamiento y distribución

Al contrario de las grandes casas catalanas, enfocadas a las grandes superficies, la mayor parte de estas pequeñas bodega se han abierto camino con productos premium. Y si bien alguna como la extremeña Bonaval se ha centrado también en el precio, el grueso de estas firmas noveles se han posicionado en un segmento medio y distribuyen su cava a través de tiendas especializadas o la restauración de tres o cuatro tenedores.

La preocupación de estos nuevos productores de cava por la calidad, dado el dominio y proyección de las marcas catalanas, les ha llevado a ganar algunos de los premios más importantes en las grandes revistas del sector –Decanter, Wine Advocate...– y en las principales muestras de Europa: lo que les ha permitido que ahora muchas de estas marcas expongan sus botellas en los lineales de los supermercados y en restaurantes de todo el mundo.

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1) Bodegas Bonaval (Almendralejo, Extremadura)

Apuesta por el ‘low cost’

Jorge López Morenas, de Fuente Maestre (Badajoz), lo tenía claro: la única manera de vender un cava extremeño era hacerlo a bajo precio. Así que, una vez que se hizo con Bodegas Bonaval en 2011 –entonces en concurso de acreedores–, bajó el precio medio de sus botellas de cava desde el umbral de los seis euros a los dos y 2,5. Y acertó, no ha tenido la menor dificultad en comercializarlo. al revés, sus ventas se han multiplicado por siete en apenas cuatro años. cuando adquirieron Bonaval, la bodega producía 400.000 botellas,
el año pasado alcanzó los 2,9 millones.

“Hemos crecido porque la gente quiere precio. no puedes vender un cava sin marca a seis euros, que es lo que hacían los anteriores propietarios”, afirma lópez Morenas.

Eso sí, el propietario asegura que los cavas de Bonaval presentan una buenísima relación calidad-precio, “superior a la que ofrecen las marcas catalanas”. Y, por si hubiera dudas sobre quien lo compra, sólo una pequeña parte de su producción se vende en Extremadura. Casi la mitad se va al resto de España, principalmente a las grandes superficies, como Carrefour, y la otra mitad a cerca de 70 países, entre ellos Francia, Alemania, Bélgica, Polonia, y también a Asia.

El estar en la denominación de origen cava ha sido decisivo para vender fuera de España, “ya que el cava es muy conocido en el extranjero. Y ahí no entienden de regionalismos, de si se hace en Cataluña o en otros sitios”, explica López Morenas.

El beneficio del volumen

¿La otra clave del éxito? Que los tres hermanos, que heredaron
la empresa de su padre, se apoyaron en la potencia de la casa madre para impulsar su nueva firma de cava. “Nos beneficiamos del volumen que teníamos y de nuestra presencia en las grandes superficies”. Bodegas López Morenas, fundada en 1943, es uno de los primeros productores de vino de Extremadura, con 20 millones de botellas y 75 millones de packs de brick. la empresa, que empezó con vinos a granel, tiene cerca de 30 marcas propias, de otros bodegueros y para la distribución (en vinos y cavas), además de zumos y sangrías. Buena parte de su crecimiento en cava viene de producir marcas blancas para la gran distribución.

Una producción que obtienen básicamente comprando uva de la zona demarcada, en almendralejo, ya que sólo tienen 150 hectáreas de viñedos.
 Su ascenso en el cava le ha situado como uno de los 10 primeros productores en España. Y esto es sólo el principio. López Morenas ha elaborado un plan estratégico que pasa por llegar
a los 10 millones de botellas en cuatro o cinco años, con lo que Bonaval pasaría de su actual cuota del 1,2% al 4%.
el empresario no tiene la menor duda de que va a colocar toda esa cantidad ingente de botellas. “nuestra gran ventaja, aquí en Extremadura, es el precio. las tierras, la uva, los sueldos son más baratos que en Cataluña
 y el producto es inmejorable, distinto del catalán, más afrutado y estructurado”, concluye. 

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2) Dominio de la Vega (Requena, Valencia)

Cava artesanal para los restaurantes

Los cavas Dominio de la Vega no son baratos. el más asequible está sobre los 6,5 euros en bodega y alguno supera los 25. Pese a ello, esta pequeña bodega valenciana –la tercera de Requena en tamaño–, que empezó a elaborar cavas en 2001, ha alcanzado el respetable volumen de 475.000 botellas: “cuando la lanzamos al mercado en 2002, producíamos sólo 16.000”, apunta Emilio Expósito, uno de los tres propietarios,. Un ascenso que se debe a la calidad de sus cavas. S

u Dominio de la Vega Brut Reserva Especial fue calificado como el mejor cava de España en el 50 enoforum. otro de sus cavas obtuvo una de las mejores puntuaciones de la revista de Robert Parker.
 Claro que los tres socios fundadores de la firma no eran novatos. Emilio Expósito, Álvaro Faubel y Fermín Pardo habían sido, junto con otras tres personas, los fundadores de la segunda bodega de la región, Torre Oria, que abandonaron en 1998 para iniciar un proyecto más exigente. Tuvieron la suerte de encontrar una vieja bodega
del siglo XVIII, con 3.000 m2, construida por los condes Ferrer de Plegamans, que, dice Expósito, “había elaborado vinos a granel y funcionado como discoteca y espacio de eventos”. Se hicieron con ella, invirtieron tres millones de euros y la adecuaron para bodega.

En apoyo del enoturismo

El sitio es tan bello –la arquitectura de la casona, y las tierras circundantes– que los socios no han dudado en apoyar la comercialización de sus cavas y vinos de las marcas añacal y Bobal con el enoturismo. Organizan visitas, estancias con almuerzo y también eventos. Esto lo hacen debido a su privilegiada relación con los restaurantes de la zona. el elevado precio de sus cavas y su pequeña producción no les ha permitido expandirse en las grandes superficies. “Nuestro canal prioritario –reconoce expósito– son las tiendas de vinos o gourmet y los restaurantes de nivel medio superior. en las grandes superficies casi no estamos, ya que tenemos poca producción y a ellos van a precio”.

Aparte de que han sabido promocionar sus cavas en la región, con numerosos eventos, los tres socios se han beneficiado de la nueva tendencia hacía los productos locales. “En Valencia se consume mucho cava y, además, la gente valora que se produzca aquí”, explica el bodeguero. el 33% de la producción va al extranjero, en 23 países, principalmente en Bélgica, Holanda y Noruega. La empresa quiere seguir creciendo, pero de forma sostenible. Ha elaborado un plan estratégico para incrementar la producción en un 50% durante los próximos cinco años. 

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3) Bodegas Langa (Calatayud, Aragón)

Apuesta por la calidad

Pese a que la Bodega de los Langa pertenece a la familia desde 1867, fue en 1970 cuando el padre del actual propietario se decidió a hacer cava (que entonces se llamaba champán). Todo ocurrió en una comida entre amigos. “Se descorcharon varias botellas –cuenta César Langa– y le preguntaron ¿por qué no haces también de esto? Se lo tomó como un reto personal, viajó incluso a Cataluña y se acabó introduciendo”.

Hoy, Bodegas Langa, con 70 hectáreas de viñedos propios, es la primera de las cuatro bodegas acogidas en Aragón a la d.o. cava, con 500.000 botellas al año: una producción pequeña, pero más que excelente, ya que esta pequeña propiedad, con sólo siete trabajadores fijos, ha ganado decenas de premios. Uno de ellos, el de Mejor cava del Mundo, de la revista Decanter para su Reyes de Aragón Brut Nature.

También obtuvo 90 puntos (de 100) 
en la clasificación de la célebre revista de Robert Parker, The Wine Advocate. Y hace dos años Jal, una aerolínea asiática cogió su Reyes de Aragón para sus clientes de la clase preferente.

Categoría Premium

Este capital de prestigio le ha permitido a Langa fijar el precio de sus cavas por encima de lo habitual, posicionándose en la categoría premium. los numerosos premios le han permitido exportar la mayor parte de su producción a sitios como Brasil, Canadá, China, Japón o EEUU. Su cava más barato se vende a cinco o seis euros, pero los más caros están en los 14. Y eso que Langa reformuló sus métodos de producción para ajustar los precios, antes aún más elevados. “Hace años lo removíamos
a mano, lo que implicaba unos costes muy elevados”, dice el bodeguero. 

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4) Bodegas Vía de la Plata (Almendralejo, Extremadura)

Grandes ambiciones

En 2013, Francisco Escaso, un emprendedor en serie, licenciado en administración de empresas y con la fundación de más de 40 empresas en su haber, pensó que era el momento de entrar en el negocio del cava.

Escaso, que había heredado de su padre una importante bodega de Fuente Maestro, Vallarcal, fundada en 1942 y que produce más de un millón de botellas al año, decidió aprovechar una oportunidad única: la venta de Vía de la Plata, una de las cuatro bodegas de cava en Almendralejo (Badajoz). En la fecha en que escaso la adquirió, Vía de la Plata, fundada en 1985 y una de las primeras firmas en hacer cava fuera de Cataluña, ya era una marca reconocida en España y hasta fuera “pues –dice Escaso– había conseguido el año anterior, en la clasificación de la revista Wine Pleasures, 92 puntos sobre cien”.

Invertir para modernizar


Solo hacía falta imprimirle una gestión más dinámica, que fue lo que hizo su nuevo dueño, aprovechando que la coyuntura era cada vez más favorable a estos cavas. Lo primero que hizo fue remodelar y ampliar
la bodega, con nuevas máquinas, una inversión de cerca de dos millones de euros, que empieza a amortizar.

“La llenamos de nueva maquinaria y mejoramos la climatización para hacer un cava de máxima calidad”, señala. “Cuando recibió Vía de la Plata de Mejías, se producían menos de 100.000 botellas: el año pasado alcanzamos las 500.000”, apunta el empresario. El 15% de la producción va al extranjero (Estados Unidos, Bélgica, Austria, Suiza y hasta China). 

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5) Bodegas Pago de Tharsys (Requena, Valencia)

Tras el crecimiento, la consolidación

Vicente García, un enólogo conocido como ‘padre del cava valenciano’ por haber conseguido incluir a Requena en la d.o. cava, decidió independizarse, dejar su empleo en Torre Oria –una de las principales bodegas de Valencia– y crear su empresa. era el año 2002. Se hizo con una vieja bodega del siglo XIX, que restauró y en la que puso en práctica sus ideas sobre cómo hacer el mejor cava, la vendimia nocturna y la producción en exclusiva con uva de la propiedad (Pago).

Para ello se ha beneficiado, explica Ana Suria, esposa de García, y gerente de la bodega, “de que está ubicada en medio del viñedo, 15 hectáreas, lo que permite reducir a minutos los tiempos entre vendimia, estrujado e inicio de la elaboración”. igual que muchos de estos productores noveles de cava, enólogos o aficionados, los altos niveles de exigencia y la creatividad de García han acabado por darle un buen resultado.
la aventura empezó con 12.000 botellas: 13 años después elabora un millón, impulsado por el alto consumo de cavas 
en la Comunidad Valenciana: y también, lo reconoce Suria, una farmacéutica que luego hizo un Master en Viticultura, “con el primer boicot a los productos catalanes, en 2005, que puso en evidencia que había otros cavas en España tan buenos como los catalanes, y diferentes”.

Calidad a precios asequibles

Boicot aparte, si las ventas subieron tanto es porque Pago de Tharsys ha ido cosechando premios de revistas, festivales
 y catas. en 2005 su Pago de Tharsys Gran Reserva (Millesi- me) quedó entre los 10 mejores cavas de España. “además, nos han dado la Gran Medalla de oro de la revista Decanter”, dice Ana. la bodega defiende su posición con unos cavas de alta calidad a unos precios asequibles, cuatro o cinco euros, aunque algunas de sus referencias alcanzan los 16, 20 y 29 euros.


La bodega vende la mayor parte de su producción en Valencia, donde puede ser encontrada en cualquier restaurante. Ha trabajado mucho su promoción. Por ejemplo, en eventos especiales: en sesiones de ópera, Pago de Tharsys ha distribuido su mejor cava entre los asistentes. ahora exportan el 50% de la produc- ción a países como Japón y estados Unidos.

Dada la belleza de la bodega y de su entorno, García y su mujer explotan también el enoturismo. la bodega tiene salones privados para eventos, un espacio boutique donde se pueden catar los cavas y hasta un pequeño hotel rural, la castea de Tharsys, con cuatro habitaciones. García, ya jubilado, da cursos de cata. Cualquier pensaría, ante la multiplicación de las ventas, que la firma quiere redoblar o triplicar ventas. No es así. “Hemos llegado a nuestro tope en producción de botellas”, explica Ana. “Subir la capacidad supondría inversiones muy elevadas; lo que queremos es subir el precio medio por unidad”. Otro problema, “es que la hectárea de cava –prosigue Ana– se ha puesto muy cara y es difícil de comprar, además, de que estamos ya muy cerca del casco urbano, lo que complica aún más una posible expansión”.

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