5 casos de éxito de emprendedores retornados

Cinco empresarios españoles que han convertido en realidad el sueño crecido a miles de kilómetros de las ciudades donde nacieron, nos cuentan las ventajas y desventajas de emprender en la emigración. 

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Emigración forzosa, fuga de cerebros, factores de expulsión... llámalo como quieras. Es un hecho, muchos jóvenes –y no tanto– han encontrado en la salida de España la vía más realista para progresar, para mejorar un futuro profesional que en su país sienten paralizado por el desempleo o el empleo en precario. Pero la situación es más compleja. Otros muchos, entre ellos algunos de los más preparados, viven esta experiencia como una oportunidad de contacto con otra realidad empresarial y educativa. Sin embargo, unos y otros comparten el deseo de regresar a España, un anhelo que, en muchos casos, no toma visos de realidad hasta que no se cruza la aventura del emprendimiento.

Cinco emprendedores y expatriados, por necesidad o por convicción, nos cuentan cómo han vivido o viven este proceso en una demostración de que la salida al exterior puede convertirse en una oportunidad para poner en pie un proyecto empresarial propio con ciertas ventajas competitivas.

Marta Plana, cofundadora de Digital Origin

Esta catalana residente en Madrid es Licenciada en Derecho. Tras trabajar en España en la prestigiosa firma Baker and McKenzie, en 2002 sorprende a propios y extraños con su decisión de instalarse en Florida para volver a matricularse en estudios de Derecho: “Tenía la ilusión de ejercer en Estados Unidos y esta era la mejor vía”. Pero Plana guardaba más objetivos: “Quería entrar en contacto con las empresas tecnológicas estadounidenses y aunque no tenía quién me mostrara el camino, quise intentarlo”. Y vaya si lo hizo, tres años después, el mismo día de su graduación es fichada por Microsoft, “lo que me dio la oportunidad de trabajar con Bill Gates”. Y aún quedaba camino por recorrer. La inquieta Plana se traslada a Palo Alto, siendo una de las primeras españolas en recalar en Silicon Valley donde prestó servicios en Facebook y Google.

El proyecto. Coincidiendo con el gran desembarco de europeos en la cuna de la revolución TIC, Plana decide trabajar en un proyecto propio. En 2011 mantiene una reunión en Londres con los que serían sus dos socios –un sueco y un francés– en Digital Origin, una plataforma fintech de microcréditos que se gestionan en 15 minutos. Dos años después abre en Barcelona, y en 2015 en Madrid. Tras haber levantado una ronda de financiación de 15 millones de euros, hoy cuenta con 90 empleados, ha concedido más de medio millón de préstamos por un valor de 100 millones de euros y un importe medio de 250 euros. Desde este año cuenta con otro modelo de negocio también orientado a la refinanciación, Pagamástarde.com, que funciona como tarjeta de pago virtual de e-commerces permitiendo retrasar el pago de la compra.

La lección. “Me di cuenta de que había aprendido mucho en la primera potencia tecnológica del mundo”, resume.

Juan Gasca, fundador de Thinkers Co

“Comprendí que lo que había estudiado no tenía contexto económico, y eso me llevó a buscar”. Lo explica este joven zaragozano, ingeniero técnico industrial de formación y emprendedor de vocación. Tras acabar la carrera, Juan Gasca monta –junto a cinco amigos– La Mamba, “un multipremiado” estudio de diseño de mobiliario e iluminación. Cerrada esta etapa, Gasca colabora con la Universidad de Valencia donde empieza a oír a hablar de design thinking. Satisfacer su curiosidad le lleva en 2009 hasta Potsdam a estudiar en uno de centros más avanzados en la materia, una formación que completa trabajando para un proyecto de Mercedes Benz: “Ahí entré en contacto con los nuevos modelos de trabajo”

El proyecto. La actividad de Gasca no pasa desapercibida en la Universidad de Valencia que, en 2010, le invita como ponente a una jornada. La experiencia se repite en la Universidad de Valladolid y, sin casi pretenderlo, instituciones y empresas le requieren como ponente o formador: “Era evidente que había mucho por hacer”. Así decide fundar una consultora, junto a Rafael Zaragozá, que en 2012 culmina en Thinkers Co. Hoy, emplea a cinco personas y trabaja para empresas como Repsol, Orange y alza, y en el exterior para otras como Oracle y el grupo argentino de comunicación Clarín. “Ha habido que evangelizar mucho, pero hemos preferido ir poco a poco, primero estableciendo un modelo de trabajo, luego convenciendo de nuestros servicios a la gran empresa y ahora nos queda abordar la internacionalización definitiva”, explica Gasca.

La lección. “Salir fuera te permite coger perspectiva y oxigenarte, lo que en muchas ocasiones es imprescindible para empezar de cero. Existe un solo mundo y la única manera de ser competitivo es esta". 

Urtzi Terroba, cofundador de B Smooth Solutions

Necesitaríamos editar un suplemento especial para tan sólo repasar el periplo de este emprendedor nacido hace 29 años en Portugalete. A modo de titulares, contaremos como tras diplomarse en Empresariales y Comercio Internacional con 20 años, Urtzi Terroba decide tomarse un año sabático dando la vuelta al mundo, “donde aprendí a manejarme, no sólo en inglés si no en diferentes culturas”. Fue el inicio de un largo periodo de ocho años que le llevó a formarse en Inglaterra y Suecia,
 y a trabajar en Singapur, Argentina y Panamá. Además de aprender a hacer la maleta, ese trasiego de aeropuertos le sirvió para conocer el funcionamiento de varios proyectos startups, incluso ver cómo algunos se consolidaban y otros fracasaban.

El proyecto. “Me di cuenta de que me había picado el gusanillo de los negocios, poner en práctica mis propias ideas y modelo de gestión”, señala. Empeño para el que Terroba cuenta con el apoyo de un socio capitalista en Estados Unidos y una de sus compañeras españolas de la aventura panameña. Así, en verano de 2015 decide volver a Portugalete, y con el arropo del programa Ideas de ida y vuelta va desarrollando B Smooth, “una herramienta colaborativa para mejorar los procesos de gestión en la empresa de forma sencilla pero efectiva”. En la actualidad se testa en cinco empresas de cinco países y sectores diferentes, “con la idea de estandarizarla tanto para diferentes tipos de empresas como modelos de dirección”.

La lección. “Un proyecto online permite abrir la empresa en cualquier parte del mundo, pero yo creo en España. Hay problemas, como en todos los sitios, pero también posibilidades, por ejemplo, permite una reducción de costes importante frente a hacerlo en Estados Unidos”, resume este emprendedor.

Adrián Casanova, socio de S.A.C.T.

Este tinerfeño de 30 años heredó de su madre, la diseñadora Fátima Marrero, su pasión por la moda. Pero antes de decidirse a emprender en este sector, realizó un máster de dirección de SPA, actividad en la que trabajó durante ocho años para la hotelera Ritz-Carlton: “En esos años aprendí el trato con el público, idiomas y la búsqueda de la excelencia”, resume Adrián Casanova. Pero él perseguía un proyecto que le ilusionara completamente, así que probó suerte promoviendo uno propio, y aunque no encontró la financiación necesaria asegura que la experiencia le sirvió para “aprender a empezar con lo mínimo viable e ir creciendo poco a poco”.

El proyecto. Cuando conoce a la diseñadora de bolsos turca Semiha Turhan, sabe que la búsqueda ha finalizado. “Vi que su peque
ña boutique de bolsos en Estambul podía internacionalizar su éxito”. En 2015, Casanova le presenta un proyecto que tienen en España su primer mercado exterior. Aunque el primer acuerdo pasaba por trabajar como consultor, el buen entendimiento entre ambos propicia que Casanova entre en el accionariado de la compañía como socio. Tras largos meses estudiando el mercado del lujo y perfeccionando el ADN de la marca, ahora trabajan en las localizaciones para abrir tienda en Barcelona y Madrid y otros destinos de turismo de compras.

La lección. “Una semana aquí tiene más aprendizaje que cualquier máster. Empezar de nuevo es un desafío, hay que salir y desarrollarse fuera de la zona de confort, pero me adapto. No es difícil porque vivo un sueño, y además en una ciudad como Estambul y junto a una gran persona como Semiha Turhan”, comenta.

Sara Arilla, autónoma traductora de inglés

El relato de Sara Arilla empieza como el muchos universitarios castigados por una crisis económica que limitaba las oportunidades laborales y las aspiraciones profesionales.

“Me licencie en Económicas en 2010. Como ya nos habían advertido, era un mal momento porque las expectativas de encontrar trabajo eran cada vez más bajas”, explica esta zaragozana de 30 años. Tras unos meses buscando un empleo decide matricularse en el grado de Estudios Ingleses de la UNED, “siempre me habían gustado los idiomas y como aquí no ocurría nada, un año más tarde estaba en Dublín”. En la capital irlandesa trabajó, primero, como au pair y, luego, en una guardería, “como estudiante en prácticas de lunes a viernes. El fin de semana lo empleaba en estudiar para mejorar mi inglés”, afirma Arilla.

El proyecto. A su vuelta a España se apuntó a un máster en traducción que le permitió empezar a trabajar como autónoma incluso antes de haberlo finalizado. En la actualidad lleva tres años prestando sus servicios a empresas de Reino Unido, Estados Unidos y Japón, que capta a través de sus acciones de marketing online: “Me gustaría seguir con este trabajo para siempre, he encontrado lo que realmente me gusta hacer”, confiesa.

La lección. Esta emprendedora coincide con sus compañeros de reportaje en el aprendizaje vital que te da salir al exterior. Enriquece: “Aunque no tengas muy claro cuál es tu objetivo, no puedes esperar a que alguien te llame. Es bueno tener la iniciativa y salir. Vivir esa experiencia te da una apertura mental que te permite valorar otras posibilidades y potenciar unas aptitudes tuyas que casi desconocías”.

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