Consejos muy útiles de un gurú de la publicidad

Con apenas 23 años creó su primera agencia de publicidad. Luis Bassat nos cuenta las claves de su exitosa trayectoria en el mundo del marketing y la publicidad.

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1) Progresa junto a tu equipo

“Decía un profesor mío que la imagen se hace para poder ir gastándola de vez en cuando. Yo estoy dispuesto a gastar una parte de ella si con ello ayudo a los empresarios, a las personas que buscan trabajo, a los jóvenes e incluso a los niños que van al colegio para hacerles entender que en la vida hay que prepararse, que no hay que buscar el chollo siempre. Para conseguir que cambie un poco la actitud de las personas respecto a quienes se juegan su salud y su patrimonio creando una empresa".

"El empresario tiene una imagen mala entre los trabajadores, piensan que está ahí para hacerse multimillonario explotando a su gente. Y el empresario bueno es el que consigue el objetivo que busca, que no puede ser exclusivamente el dinero, y lo alcanza con la total colaboración de su gente y logrando que su gente progrese al tiempo que progresa él”.

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2) El dinero no lo es todo

“El dinero nunca puede ser el objetivo de un empresario. El empresario debe tener su objetivo en la vida. Puede ser: “Voy a mejorar la alimentación de los españoles”. Si tú creas una empresa de productos de alimentación ecológicos, naturales, sanos y a buen precio, te acabarás haciendo rico. Hacerte rico no puede ser el fin sino la consecuencia de hacer muy bien un trabajo. Yo creo que he sabido hacer publicidad mejor que muchos y por eso me ha ido bien”.

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3) La perseverancia como motor

“Sin ninguna duda la perseverancia es una de las claves de mi éxito. Ésa ha sido una de las claves de mi personalidad a lo largo de todos estos años. Yo no estaba dotado para el fútbol, los había que eran mejores que yo, pero lo que yo podía aprender, que era a tirar faltas o penaltis, eso conseguí hacerlo muy bien. No conozco a nadie que persiga durante 40 años un sueño y no lo alcance".

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4) Empezar desde abajo

“Hay que empezar desde cero. En esos cinco primeros años tan duros, además de no ganar ni una peseta, me fui 12 veces a Estados Unidos durante periodos de mes o mes y medio cada uno para aprender cómo hacer publicidad en televisión. Entonces se hacía muy bien radio y prensa, pero poca televisión. Gracias al acuerdo de colaboración técnica que tenía con Ogilvy conseguí que me dejasen aprender en sus instalaciones. La primera vez que llegué me presenté a las ocho de la mañana con mi traje y mi corbata, en una productora que hacía muy bien películas de alimentación y me presenté al director de producción de Ogilvy".

"Al cabo de un rato, se me acercó y me dijo, coge aquel decorado y llévalo a la otra esquina. Yo, al principio, pensé o que no le había oído bien o que él no había entendido bien quién era yo, ¡yo ya era presidente de mi agencia! Y le pregunté: ¿qué has dicho que haga? Él me miró enfadado y me gritó: ¡que cojas aquel decorado y lo pongas allá! Así que me quité la chaqueta y la corbata, me arremangué la camisa y moví el decorado. Me pasé un mes y medio moviendo decorados, colocando luces, sirviendo cafés, de becario auténtico… Y volví 12 veces más. Y ya en el último viaje acabé haciendo los guiones con Ribagorda que era la directora creativa. Es decir, aprendí a hacer televisión, pero desde abajo”.

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5) Un consejo que cambió su vida

Mientras iba a la Universidad, Bassat tocaba con un grupo de amigos. “Nos llamábamos Los Cocodrilos. Yo cantaba y tocaba la guitarra de acompañamiento. Ellos eran muy buenos, pero yo no tanto. Cuando acabó la Universidad, el grupo se deshizo y me fichó el Golden Quarter. Grabamos un disco e hicimos una aparición en televisión. A partir de ahí nos salió un contrato para tocar en un cabaré alemán durante un año. Nos pagaban 30.000 pesetas al mes a cada uno. A principios de los 60, aquello era una auténtica fortuna. Entonces fui a pedirle consejo a mi padre y él me dijo: ‘¿Sois buenos?’ Yo le contesté: ‘Sí, somos muy buenos’. Me preguntó: ‘Tanto como esos otros que están tocando también en Alemania, que se llaman los Beatles o algo así’. ‘No, tanto como esos no, ni muchísimo menos’, le dije. ‘Pues yo no iría, porque yo que tú intentaría dedicarme a algo donde puedas estar entre los mejores’. Renuncié al contrato y eso que tardé años en cobrar esa cantidad. Pero ese consejo me impactó mucho y he tratado de inculcárselo a mis hijos”.

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