¿Quién dijo que la tercera generación se carga el negocio familiar?

Las empresas familiares son tres veces más longevas que las no familiares. Analizamos sus claves a través de cuatro ejemplos liderados por terceras generaciones. Nuestros protagonistas destierran el refrán abuelo fundador, hijo gastador y nieto mendigo.

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Hurtado Rivas. De la maquinaria industrial a la robótica.

Esta empresa se dedica a la venta de maquinaria para la madera, la robótica y la automatización industrial. Es un claro ejemplo de evolución y adaptación de generación en generación. Aunque la actual sociedad se constituyó en 1995, recoge el legado que dejaron el bisabuelo y el abuelo de los actuales gerentes. El bisabuelo inició la actividad con un negocio de venta de carros de madera y repuestos en el centro de Valencia y su hijo continuó en esa línea, aunque ampliando el servicio con nuevos suministros y reparaciones.


La segunda etapa comenzó con la llegada de Julio Hurtado, padre de los actuales gestores, quien introdujo grandes cambios. “Nuestro padre inició una fase de expansión internacional por Europa y
 se hizo un hueco en el sector de la maquinaria para la madera. Más concretamente, los equipos necesarios para la fabricación de muebles, un sector con mucho arraigo en la Comunidad Valenciana”, explica Carlos Hurtado, gerente de la empresa. 
La revolución llegó con la actual generación, con Carlos y su hermano Alberto, responsable del área de Maquinaria, que asumieron la dirección
en 2005.

“En 2009, el sector de la maquinaria para la madera se desplomó con la crisis internacional. Decidimos iniciar nuevas áreas de negocio al ritmo de las nuevas tendencias y de la detección de necesidades. Iniciamos una línea de negocio de ingeniería para ofrecer soluciones robóticas personalizadas y de automatización industrial ad hoc según las necesidades productivas, sobre todo para la industria agroalimentaria, industrial o militar”, precisa Carlos.

Además, se profundizó en la internacionalización. No en vano, la compañía espera exportar el 95% de su producción muy pronto.
 La llegada de la actual generación también implicó cambios internos para profesionalizar la empresa. “Se redactó un protocolo familiar con unos puntos muy claros, cuyo hito más destacado es que Hurtado Rivas no podía convertirse en una ‘agencia de colocación’ de familiares sin experiencia ni conocimientos en el sector. Y se prohibió que las parejas de los hijos trabajaran en la compañía. También se estableció que
los descendientes de los tres hermanos –Carlos, Alberto y Elena, copropietaria pero ajena a la gestión– sólo podrían incorporarse a la plantilla si cursaran estudios relacionados con el sector.

Además, los hijos sólo estarán en nómina si hay una vacante
 y si su perfil es superior al
del resto de candidatos a
ese puesto”, puntualiza.
 De hecho, tanto él como 
su hermano cuentan con formación universitaria empresarial y cualificación técnica para 
gobernar la empresa.

Aguirrezabal Hermanos. Un salto generacional e internacional.

Emiliano Aguirrezabal puso el germen de esta compañía hace más de 50 años, cuando implantó la fábrica de reductores navales e industriales Tacke-Olalde, en Mungía. En 1965, sus hijos –Alejandro y Josu– tomaron el relevo, fundando la actual compañía, dedicada a la comercialización de dichos reductores. Con el tiempo, la empresa se fue especializando en la distribución de elementos de transmisión mecánica, como acoplamientos, anillos de contracción, reenvíos, etc.

La tercera generación alcanzó la dirección en 2010, de la mano del nieto del fundador, llamado también Emiliano. Su llegada supuso un impulso para la compañía. “Buscando soluciones para mejorar y potenciar el negocio, se ha avanzado en dos líneas”, detalla. Por un lado, se ha creado una red de distribuidores en el ámbito nacional, “dándoles formación y el asesoramiento técnico necesario para potenciar las ventas en las diferentes zonas”, señala.

El otro desafío es la internacionalización. “El reto que nos planteamos en esta tercera generación es aumentar el mercado internacional para que dé beneficios en todos los países en los que trabajamos”, afirma. Así, se ha creado GVT (Grupo Vasco de Transmisiones), junto con otras tres empresas del sector industrial: Cotransa, Ralpe y Maquinaria Eléctrica Bilbao (MEB).

“Nos complementamos en producto y acudimos a ferias y presentaciones en Iberoamérica, principalmente Cuba, México, Colombia y Chile”. No obstante, la transición no fue sencilla: “Lo peor fue tomar las riendas en plena crisis, pero veníamos fuertes y eso nos ayudó a soportar el bache. La clave para superar con éxito estos cambios se basa en el equipo”.

Bodegas Muga. Convivencia intergeneracional.

Esta bodega se fundó en 1932 y es heredera de más de un siglo de experiencia de la familia Muga en el negocio del vino y del cultivo del viñedo. Actualmente, la compañía está comandada por la tercera generación, confluyendo varias ramas familiares, por lo que en su seno conviven primos y hermanos. Los nietos de los fundadores comenzaron a incorporarse en la década de los 90, “asumiendo enseguida tareas directivas”, explica Juan Muga, uno de los integrantes de esta generación familiar.

En la estructura empresarial todavía tiene presencia la segunda generación, representada por Isaac e Isabel Muga, tras el fallecimiento de su hermano Manuel, en 2007. “Están muy involucrados en la dirección estratégica. Afortunadamente, la segunda generación, sin dejar de supervisar y aportar su experiencia, enseguida dio mucha confianza y empoderó a la tercera generación para ir tomando las riendas de la dirección”, comenta Juan.

Aquella segunda generación dio los primeros pasos hacia la internacionalización. Por ejemplo, desde hace 30 años Muga exporta a Estados Unidos, su principal mercado fuera de España. Y la tercera generación impulsó definitivamente la exportación. “En los 90 y a partir del año 2000, se produjo un claro impulso y una apuesta por la internacionalización”, afirma. Actualmente, exporta a más de 70 países.

“La mayor formación 
y conocimientos de la tercera generación, tanto en campos técnicos como gerenciales, así como la mayor delimitación de responsabilidades y tareas, han servido para seguir mejorando la calidad de nuestros vinos y nuestros procesos. Es también clave la combinación y buena convivencia de la experiencia y visión de la segunda generación con la energía, buen hacer 
y empuje de la tercera”, indica Juan.

Confituras Siboney. Una sucesión paulatina y tranquila.

Enrique Dansa fundó Confituras Siboney en 1936, con el fin de fabricar caramelos, peladillas, dulces, cabello de ángel, mermeladas, etc. Años más tarde, cedería el testigo a sus dos hijos, aunque uno de ellos prefirió abandonar 
la compañía, quedando entonces en manos de Juan Enrique.

Bajo su dirección, se amplió la gama con productos pasteleros como gelatinas y frutas confitadas. Y en 1985 trasladó la fábrica a unas nuevas instalaciones en un polígono industrial. Mientras tanto, su hijo Enric se iba preparando. Estudió ADE, vivió un tiempo en Reino Unido, trabajó en un par de multinacionales... hasta que llegó el momento de la sucesión.

“Cuando se acercaba 
su jubilación, mi padre
 me dijo que tenía que pensar si volvía o había que plantearse la venta. Aunque no era una cosa que estuviera hablada o pactada, en mi cabeza siempre tuve la idea de regresar. Empecé a trabajar aquí, aprendiendo todo de él. Fue un traspaso de poderes paulatino. Al principio, iba de segundo de todo, aprendiendo. Y él fue encajando y buscando su sitio, dejando de estar en primera línea, pero dando apoyo y consejo”, explica Enric. Asumió la gerencia en 2012, ocho años después de su regreso, mediante una donación de acciones.

Su padre ha dado un paso al lado, pero continúa muy cerca. “En una empresa familiar pequeña es imposible dejarlo del todo. Sigue teniendo la necesidad de controlar cómo evoluciona el negocio y aportar su opinión”, afirma el actual gerente. Y eso no siempre es fácil. “A veces se involucra un poco más y es cuando surge algo de conflicto, pues tenemos una manera diferente de ver las cosas.

Pero nos entendemos y sabemos dónde frenarnos”, comenta. Enric también ha abordado el desarrollo de nuevos productos: “Cuando llegué, fabricábamos 15 referencias. Hoy, hacemos en torno a 70. Además, para luchar frente a las multinacionales tenemos que apostar por la I+D y por la agilidad para desarrollar productos a medida del cliente”. 

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