Así crearon, de la nada, grandes imperios empresariales... ¡y casi sin dinero!

Grandes empresas con un denominador común: sus fundadores forman parte del club de los ‘self made men’, los empresarios hechos a sí mismos, que partiendo de la nada han llegado a construir grandes imperios empresariales. ¿Cuáles son los secretos de gestión de estos emprendedores natos? 

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El empresario hecho a sí mismo (el self made man, según denominación anglosajona) es una figura que todavía hoy sigue teniendo plena vigencia. Su perfil, en cambio, se ha revitalizado siguiendo las tendencias de los nuevos tiempos.

El self made man en estado puro es aquél que, en sus comienzos, no ha contado con una fortuna familiar o personal sobre la que basar el desarrollo de su empresa y, en segundo lugar, ha carecido de una formación académica relevante. Estas limitaciones, sin embargo, no le han impedido tener éxito en el mundo de los negocios, un éxito que ha logrado a base de esfuerzo y talento innato.

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1. Gran fuerza psicológica

Para suplir sus limitaciones materiales y de formación iniciales, se abre camino gracias a una gran fuerza de voluntad. Son muchas las personas que tienen ideas para poner en marcha un buen negocio, pero que no disponen de la capacidad profesional ni del capital necesario para sacarlo adelante. Los self made men logran superar estas importantes dificultades, entre otras cualidades, con una gran fuerza psicológica.

Un self made man es como la persona que toca el piano de oído y, además, compone la melodía. Otras personas, digamos más preparadas, saben mucho mejor el solfeo, pero algunas veces les falta la inspiración. Son estas características las que les hacen tener una actitud desafiante ante el riesgo. Ahora bien, el empresario debe tener un margen de error para no hundirse. Hay que probar constantemente.

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2. Heterodoxia y creatividad como métodos de trabajo

La heterodoxia en sus métodos de trabajo es otra de sus cualidades, con decisiones que a veces son incomprendidas por mucha gente, pero que ejecutan con gran implacabilidad. Muchas veces esta actitud está motivada porque no tienen mucho que perder.

Al manejar empresas en crecimiento, al menos en las fases iniciales de desarrollo no corre un gran riesgo si aplican métodos heterodoxos. Esto no quiere decir que sean unos visionarios, sino se trata más bien de personas con visión.

Es gente muy creativa y que aplican soluciones muy originales a los problemas con que se enfrentan. Muchas veces sus actuaciones parecen partir de hipótesis absurdas, por lo inusual de sus aplicaciones. Pero los resultados demuestran que, en contra de lo que sostenía la mayoría, resultan de gran eficacia.

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3. Formación autodidacta

En gran número son personas autodidactas, con una formación de bachillerato. También abundan los que, por diferentes razones, abandonan los estudios para emprender una carrera empresarial propia, pasando al campo de la acción.

Esto no es incompatible con que, según lo vayan necesitando, realicen los cursos y seminarios de perfeccionamiento específico para las materias que les sean precisos en cada momento: finanzas, contabilidad, marketing, etc. Si a medida que la empresa crece, no se autoforman en los niveles deseables, pueden incluso provocar el hundimiento de la compañía.

En otros casos, cuentan con alguna carrera técnica, sin ningún conocimiento de tipo empresarial. No obstante, la gran intuición que poseen les hace ver oportunidades de negocio en torno a algún nuevo producto o servicio, que se desarrolla en el mismo sector de actividad con el que están familiarizados. 

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4. Facilidad para la relaciones humanas

Otra característica de este tipo de empresarios es su facilidad innata para las relaciones humanas. Son excelentes relaciones públicas, lo que les resulta de gran utilidad para ir tejiendo con paciencia una densa red de relaciones personales, que les van a ser de enorme utilidad para el desarrollo que en el futuro puede alcanzar su empresa.

La facilidad que tienen estos empresarios para relacionarse les resulta muy rentable para el desarrollo de la empresa. La gran fe y dedicación que ponen en su trabajo hace que se ganen las simpatías y el apoyo de sus colaboradores, clientes, bancos, etc., siendo ésta una de las claves principales de que se sirven para alcanzar el éxito.

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5. La cara y la cruz del individualismo

Un rasgo frecuente en la personalidad de los self made men es su gran individualismo. Esta característica puede ser muy útil en la fase de creación de la empresa, que se desarrolla muchas veces en condiciones adversas. Sin embargo, una vez consolidada, un excesivo individualismo puede resultar muy contraproducente.

Ello es debido a que, a partir de este momento, el empresario ha de trabajar con grupos de personas, delegar funciones o manejar equipos directivos, que en ocasiones cuentan con una formación académica superior a la suya, lo que a veces sobrelleva con gran dificultad. En estos casos, es recomendable que realicen algún curso de dirección de equipos y grupos de trabajo.

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6. Sectores de gran tangibilidad

Los negocios de los self made men suelen desarrollarse en mercados de gran tangibilidad, sobre todo con productos de gran consumo. También son frecuentes en el sector servicios, siempre que no precisen un alto nivel tecnológico: restauración, hostelería y todos los dedicados al ocio en general.

En muchas ocasiones, la empresa que ponen en marcha pertenece al mismo sector en el que comienzan a trabajar. En sus comienzos suelen detectar con facilidad lo que hace mal su empresa, y desarrollar más tarde este mismo negocio con las medidas correctoras adecuadas. De hecho, muchos self made men triunfan en los mismos sectores en los que comenzaron”.

Se trata, como vemos, de una figura que merece la pena fomentar. Un país rico es aquél que cuenta con un gran número de estos empresarios.

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Los tres errores más frecuentes

El self made man está expuesto a una serie de errores que pueden truncar el éxito de su carrera empresarial. Los fallos más frecuentes son de tres tipos:

Personalidad visionaria: Al tratarse de personas de una gran intuición, corren el riesgo de convertirse en empresarios visionarios que se creen en posesión de la verdad. Esto puede llevarle a tomar decisiones temerarias, sin calcular el riesgo empresarial.

Desprecio por la formación: A menudo es frecuente oírles que ellos han aprendido en la Universidad de la vida, y que no precisan ninguna otra clase de formación. Esta actitud les puede llevar a perder competitividad, sobre todo cuando la empresa adquiere un tamaño mayor.

Exceso de individualismo: A medida que la empresa crece, el self made man se ve en la necesidad de delegar muchas responsabilidades en un equipo de colaboradores. Estos empresarios, acostumbrados a manejar personalmente todas las áreas de la empresa, desde las productivas a las comerciales, no aceptan muchas veces de buen grado esta pérdida de control, y pueden surgir graves conflictos con los nuevos directivos. 

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