Jeosm: triunfar en un oficio cada vez más masificado, pero con menos competencia que nunca

De pequeño sufrió un accidente que le hizo perder la falange del dedo índice de la mano derecha, justo el que solemos utilizar para pulsar los botones. Desde entonces Jeosm, el nombre artístico de este grafitero, primero, y fotógrafo de renombre, después, dispara con el dedo corazón.

Jeosm

Jeosm es el nombre artístico con el que se presenta José Javier Clemente. Lo adoptó cuando empezó a firmar las paredes de Madrid a los 14 años y con el mismo sigue firmando, a punto de cumplir los 40, sus famosos retratos fotográficos en blanco y negro. Al nombre le acompaña ahora un claim: The true shoot (el disparo verdadero).

Por delante de su cámara han pasado miles de personas. Entre muchos otros, Pedro Sánchez, Arturo Pérez-Reverte, Iker Casillas, Ronaldo, Rosa Montero, Almudena Grandes, Espido Freire, Alberto Chicote, Andres Calamaro, Úrsula Corberó, José Luis Rodríguez Zapatero, C Tangana -cuando todavía vestía polos de Lacoste-, Chema Alonso, El Langui, Mario Vaquerizo, Fito, Javier Marías, El Robe e, incluso, Martínez-Almeida, éste último para confirmar la máxima que rige entre los profesionales del sector de que no hay rostro feo, sino fotógrafos malos. 

A Jeosm le da igual porque no es nada mitómano, pero, si puede elegir, se queda con los rostros que cuentan cosas, a ser posible historias de lucha por la vida, perseverancia, pasión, rebeldía… Eso es lo que vio siempre en su barrio de Villaverde Bajo y lo que le llevó a reivindicarse estampando su rúbrica en todas las paredes libres que le salían al paso.

La oportunidad que le llegó con el hip hop

Quien le iba a decir entonces que el grafiti compensaría luego, en parte, el fracaso escolar que fue. Es costumbre de los escritores de grafiti documentar con fotografías su obra para no hacerla tan efímera. El usaba una cámara vieja de su padre, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba perfeccionar la técnica y el arte para disponer de un buen book.

El salto de grafitero a fotógrafo fue, pues una evolución natural, igual que lo fueron los trabajos que tuvo que desempeñar antes como descargador de carne, encuadernador, electricista, monitor de tiempo libre, tendero… Con el dinero que iba ganando consiguió matricularse en una escuela de fotografía del barrio y comprarse su primera Olimpus por 26.000 pesetas.

Fue colgarse la cámara y no quitársela más. “Iba a todos los lados con ella, haciendo fotos a mis amigos, a la gente del barrio y cualquier cosa que me llamase la atención”, dice. Coincidían aquellos tiempos con el boom de hip hop y el break dance, artes muy cultivadas en Villaverde. En ellos encontró Jeosm esos rostros feroces y valientes que decían algo. A ellos agradece, además, el hecho de haberle confirmado que podía dedicarse a la fotografía dado que de estos artistas procedieron los primeros encargos profesionales que recibió.

Retratista del equipo merengue

Una segunda oportunidad le llegó a través de una agencia publicitaria que le pidió alguno de sus trabajos para presentárselos a Adidas. Gustó y le contrataron, lo que le abrió la puerta a fotografiar durante ocho temporadas a toda la plantilla del Real Madrid, cuyos nombres tenían que ponérselos por escrito porque él, poco aficionado a este deporte, al único que conocía era a Butragueño. 

A partir de ese momento, todo fue más o menos rodado.  Aunque su fuerte son los retratos con sello de autor, no le hace ‘ascos’ a ningún encargo. Ha hecho trabajos para el cine y la televisión, la publicidad, la industria discográfica, periódicos y revistas, corporativos o comerciales. Es también autor en Zenda Libros, la editorial de Pérez Reverte a quien asesoró para su novela ‘El francotirador paciente’.

Jeosm es también autor de distintos libros que él mismo autoedita. En ellos exhibe los mundos que a él le llaman la atención como el boxeo y las artes marciales -nunca los ha practicado-, el hip hop, el grafiti, el libro titulado Mujer, que pretende ser un homenaje a la mujer de su entorno y generación, o el que hizo en homenaje a los vecinos del barrio resistiendo a la pandemia.

La paradoja del más es menos

Pese a haberse hecho un nombre como fotógrafo retratista, Jeosm sigue siendo autónomo y residiendo en Villaverde, ahora en una casa de su propiedad que comparte con su pareja y dos teckel. Cree que trabajo no le va a faltar, pero le da pena el progresivo deterioro de la profesión. 

En contra de los móviles no tiene nada que es consciente de que algunos pueden hacer fotones con ellos. Pero sabe que no es cuestión de técnica, sino de la mirada, por eso él se esfuerza en ser cada vez más visceral. 

No significa ello que no sea capaz de convivir en armonía con el mundo digital y el analógico. Además de tener su propia página web, se muestra relativamente activo en redes como Instagram,  Facebook y, ahora también, la solución de My Public Inbox, de la que ya se habló en otro artículo de esta web  creada por Beatriz Cerrolaza, co-fundadora y CEO de Alise Devices, y su amigo y fotografiado Chema Alonso, CDO de Telefónica.

No obstante, reconoce que a él le llegan más encargos por el boca/oreja que a través de las redes. De hecho cuenta que en más de una ocasión le han negado algún trabajo argumentando los escasos seguidores que tiene en las redes. Una pena que te juzguen por eso.

Cuando toca disparar con el índice

También siente Jeosm la degradación del oficio del fotógrafo. Habiendo desarrollado gran parte de su carrera en el retrato, el reportaje y la publicidad, añora aquellos tiempos en los que una buena imagen de una portada era capaz de marcar la línea de la publicación, o cuando los buenos reportajes se compartían al 50% entre la calidad del fotógrafo y el periodista.

“Ahora son las mismas fuentes de información las que facilitan a los distintos medios las fotos que se hacen en un estudio. Con calidad, sí, pero siempre la misma imagen reproducida en todos los medios de manera que, cuando ves la misma foto en siete publicaciones ya no distingues una de otra. Entre todos nos estamos haciendo un flaco favor”, advierte. 

Que le pidan rebajar la calidad de un trabajo fotográfico cuando es para internet, es algo que también le «cortocircuita», igual que cuando ve distorsionado un trabajo suyo para ajustarlo al formato de Tik Tok. Le molesta, pero lo hace -cosas de autónomo-, suponemos que pulsando con el índice cercenado, reservando el corazón para el The true shoot.