Agustí Roig: El emprendedor que susurraba a las gallinas

Agustí Roig es director general de Ous Roig empresa productora de huevos de Tarragona. Controla ya el 30% del mercado catalán con un modelo de calidad donde el sabor de lo auté

Hace 50 años, Agustí Roig, un joven que trabajaba para una empresa avícola de Tarragona, decidió  apostar por su propio negocio de producción de huevos y fundó la empresa que lleva su nombre: Ous Roig https://www.ousroig.com/es. Empezó con 10.000 gallinas y diez años después ya tenía 250.000. Hoy en sus granjas hay 1.300.000 gallinas y comercializa unos 24 millones de docenas anuales de huevos.

En Roig siempre han intentado ir un paso por delante del sector. En los ochenta sentaron las bases de su eslogan Sabor d’bans (sabor de antes) intuyendo que el consumidor quería productos auténticos. Posteriormente se ha convertido en uno de los pioneros del sector apostando de forma decidida por una producción que respete el bienestar animal. 

“En los 80, el huevo como producto commodity estaba poco valorado”, explica Agustí Roig, hijo del fundador y actual director general. Sin embargo nosotros apostamos por crear marca, algo poco habitual entonces. Buscamos ese eslogan que sugería recuperar los sabores auténticos y la calidad. Planteamos un embalaje diferenciado e hicimos publicidad, algo no habitual en el sector”. Fueron los primeros en tener gallinas camperas. “Cuando la gente buscaba proteína barata, nosotros apostamos por un consumidor que quería salud y calidad”. Una apuesta arriesgada en los años 80. Ese eslogan permanece todavía en sus cajas. 

Directiva europea

En 1999 una directiva europea sobre bienestar animal trastocaría un sector que producía huevos con gallinas enjauladas. Entraría en vigor en 2012 y aunque se había planteado con mucho tiempo, cogió al sector por sorpresa. Para países como España, que no habían hecho los deberes, encontraron una solución intermedia y en lugar de eliminar las jaulas, se habló de jaulas enriquecidas, que implicaba dar un poco más de espacio al animal (de 550 a 750 cm.). Según Roig, “el sistema viene a ser el mismo: grandes complejos que permitan mantener economías de escala. En 2008 hicimos un estudio de mercado y vimos las tendencias europeas. En Inglaterra la mitad de las gallinas ya eran camperas. En Alemania y Holanda habían prohibido los huevos producidos en jaulas. Cuando nos planteamos hacía dónde dirigir el negocio, decidimos acabar con las jaulas, que por mucho que la llamemos enriquecida, no dejan de ser jaulas”. 

Hoy el 88% de la producción española continúa en jaulas enriquecidas en un sector muy atomizado. El 1% es de producción ecológica, el 5% campera y el 6% de producción en el suelo. En 2020 había en España 1.757 granjas con un censo de 45,8 millones de gallinas ponedoras. En los últimos años ha aumentado el número de granjas (1.273 en 2017) y se ha mantenido a la  baja la cifra de gallinas (46,7 en 2017) España es el tercer productor de huevos de Europa. 

Gallinas felices

La adaptación a la normativa europea varía en costes en función de la apuesta empresarial. Puede ir de los 2 y los 20 euros por gallina. En el caso de Roig fueron aproximadamente 10 de media y 20 en el caso de las gallinas ecológicas. Desde 2012 han invertido 15 millones de euros. La parte más importante para construir el nuevo núcleo de gallinas camperas en Horta de Sant Joan y adaptar las instalaciones con espacio exterior. Y también para el centro de La Galera de gallinas ecológicas que entró en funcionamiento en 2019. 

En 2011 crearon el concepto de gallinas felices para expresar su forma de producción. “Todas nuestras gallinas tienen acceso al aire libre. Aunque sean de suelo, les dejamos un espacio al aire libre como un plus y con una alimentación 100% vegetal, que elaboran nutriólogos en la fábrica de piensos que tenemos para autoconsumo”. 

Actualmente el 40% de la producción es de marca propia y el 60% restante es el que envasan para empresas de retail bajo la marca del cliente. Respecto al tipo de huevo, el 60% es huevo alternativo (de suelo, campero y ecológico) y el 40% de jaulas enriquecidas. Esta parte nunca de su propia marca. “La parte que todavía tenemos en jaulas enriquecidas la vamos adaptando y dejando atrás en función de las necesidades de nuestros clientes. En todo caso tenemos capacidad para cambiar rápidamente, cuando nuestro cliente lo pida”, explica Roig. El 60% de su producción proviene de instalaciones propias (tres centros) y el 40% restante de cuatro granjas colaboradoras. 

Oficio de granjero

A Roig llegan las aves con un día de vida de diferentes incubadoras y diferentes tipos de estirpes. Se incorporan a unas instalaciones de cría donde pasarán 18 semanas hasta que son gallinas adultas. Durante este tiempo se controla el peso, se le vacuna y se les enseña dónde poner huevos. “En el fondo estamos recuperando el oficio de granjero -dice Roig- Necesitamos enseñar a la gallina dónde tiene el agua, la comida, dónde dormir y dónde debe poner el huevo. Para eso, junto a donde duermen, tenemos unos espacios con cortinas para que se sientan recogidas y pongan los huevos. Por la noche los granjeros vigilan que duerman donde deben y si están en el suelo, las suben a la zona de dormir para que por la mañana pongan el huevo tras las cortinas y donde una cinta transportadora lo llevará hacia la zona de envasado”. 

Las gallinas se alimentan con productos vegetales y, en el caso de las ecológicas, con pienso ecológico. La alimentación es una parte importante de los costes. “No gasta lo mismo una gallina en jaula que una gallina que se mueve y hace ejercicio. Necesita más nutrientes y por tanto tiene un mayor coste. Y si la comida es ecológica mucho más”. Otro coste importante está en las instalaciones. Las gallinas camperas y ecológicas requieren 4 metros por cada una, según la legislación. 

El coste entre una gallina en jaula y una alternativa puede ser un 25% más. “Actualmente el consumidor sigue buscando mayoritariamente un buen precio. Pero hay un tipo de consumidor al que no le importa pagar unos céntimos más, porque hablamos de eso. Nosotros estamos ahí”. 

El centro de envasado tiene dos líneas diferentes. Los huevos entran a una cinta transportadora que detecta el peso y los va separando según lo previsto en el ordenador central. Desde que lo ha puesto la gallina, nadie lo ha tocado y seguirá así durante el proceso. Mientras, se detectan posibles de ciencias hasta llegar a una zona donde unos trabajadores detectan de forma visual lo que no haya captado la máquina. Suciedad, rotura o cualquier defecto los harán quedar fuera. En resumen: 800.000 huevos diarios listos para el consumo.

Subida con el cambio de legislación

Roig ha mantenido unas cifras estables en los últimos tres años, con subidas importantes desde el momento en que se implanta la legislación europea de bienestar animal. Eso, a pesar del descenso de producción, obligado precisamente por esa ley, pero compensado por el incremento de precio de su producto, al ser de mayor valor añadido. En 2005 comercializaban 24 millones de docenas y en 2012, año de entrada en vigor de la ley bajaron a 20 millones de docenas anuales. Actualmente comercializan 22 millones de docenas anuales. 

Evolución de ventas en millones de euros

2015: 23,9

2016: 23,8

2017: 27,2

2018: 28

2019: 29

LA EMPRESA EN CIFRAS: 1.300.00 gallinas.  3 centros de producción. 40% ventas de marca propia. 130 trabajadores. 22 millones de huevos al mes. 36.000 gallinas ecológicas.