No funcionaba porque...

Ignacio Morales es un emprendedor de 24 años que está poniendo en marcha un negocio de limpieza y asistencia a mayores a domicilio a través de Internet. No encontraba un nombre que le ayudara a explicar su empresa a un sólo golpe de vista, al estilo de Atrápalo. El que había elegido no le convencía. Emprendedores le ha echado una mano... y el resultado ha cambiado su opinión.

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Ángel Squembri (al fondo), en una reunión del equipo creativo de Estudio Squembri para pulir las propuestas que aparecen en este reportaje. Una curiosidad: El hombre de la camiseta blanca es el logotipo del estudio. Es un actor contratado por esta firma. Es una marca... con piernas.

¿Por qué no le terminaba de convencer la marca Alcurnia? “Porque necesito algo más directo. Quería que el nombre de la empresa fuera evocativo y descriptivo al mismo tiempo, y creo que el nombre con el que he estado trabajando hasta ahora es... demasiado evocativo”, reconoce Morales. “Elegí esta nombre porque quería transmitir la idea de confianza. Al fin y al cabo estamos hablando de que va a entrar alguien desconocido a tu domicilio”, continúa.

¿Qué tienen que decir los expertos? “Alcurnia, en el mejor de los casos, es un nombre neutro. Para aquellos que lo interpreten desde su significado puro, lo asociarán únicamente con ascendencia o linaje, elementos que poco o nada tienen que ver con el servicio que se va a prestar”, argumenta Miguel Yáñez, director de la consultora de marcas Primero Estrategia.
Ángel Squembri, director de Estudio Squembri, añade: “Además, no tiene ninguna connotación sentimental con el público objetivo y no es reconocible fácilmente”. “En el argot creativo se diría que no tiene pregnancia. Vamos, que no se le queda al consumidor en la cabeza”, aclara este experto consultor.

Mejor ahorrar esfuerzos
“De mantener ese nombre, esta empresa requeriría de un esfuerzo extra de explicación del nombre y de inversión para obtener notoriedad alrededor de la marca”, matiza Yáñez.
Así, lo primero que le preguntan los creativos a Morales, después de leer su concienzudo plan de negocio, y antes de ponerse a pensar en nuevos nombres, es en qué ámbito geográfico se va a desarrollar este negocio, y si busca un nombre que funcione únicamente en el mercado español. La idea de Morales es ir paso a paso. “En un principio, el ámbito será municipal, luego creceremos por el territorio nacional y, por último, queríamos exportar nuestro modelo de negocio a Suramérica”, explica Morales, cuyo proyecto ha sido premiado recientemente por el Centro de Iniciativa Emprendedora (CIADE) de la Universidad Autónoma de Madrid que fue quien nos puso sobre su pista.

La siguiente pregunta la hace Ángel Squembri: “¿En qué se va a diferenciar tu servicio de la competencia y qué beneficio va a tener para tu cliente final?”. “Se comienza decidiendo qué es lo que quieres comunicar de tu empresa. En principio, se recomienda que el nombre de tu negocio refuerce todos o alguno de los elementos clave de tu empresa (rapidez, atención, medio ambiente, etc.). El primer paso es decidir a qué te dedicas. Define las cualidades que quieres que se identifiquen con tu negocio”, aconseja Squembri.

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