El forzado

El hambre agudiza el ingenio, como a los emprendedores que se ven empujados a montar un negocio por necesidad.
Y en tiempos de crisis se disparan las estadísticas de estos emprendedores, que responden a dos perfiles:
• El autoempleador. Son personas que han sido despedidas y que se encuentran en el mercado con un gran conocimiento del sector y, en muchos casos, una gran capacidad de gestión. Su Talón de Aquiles es que no tienen vocación de empresario, con lo cual corren el riesgo de desanimarse pronto y tirar la toalla. A su favor juega que suelen adentrarse en sectores que conocen, tienen un gran potencial y están dispuestos a centrar sus fuerzas en desarrollar una actividad laboral en un mercado que les ha expulsado.
• El autodescubridor. Como apunta Álvaro Sancho, la crisis empuja a mucha gente a emprender y luego descubren que realmente ésa es su vocación. A veces es incluso la excusa que estaban buscando para dedicarse a algo diferente. El peligro es que llegan a la empresa casi por casualidad lo que puede provocar cierta inestabilidad empresarial. Su gran ventaja es que suelen ser entusiastas y eso le permite afrontar tiempos duros.

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