Ideas para tu estrategia

La fórmula low cost es sencilla: ajustar costes para bajar precios. Pero ponerla en práctica es algo más complicado. La estrategia exige ajustar absolutamente las áreas del negocio para que todo encaje. Te explicamos, punto por punto, todo lo necesario.

Las mismas estrategias que utilizan las grandes empresas low cost se pueden aplicar a una pyme y tener éxito. La duda tiene su lógica. Los negocios low cost se basan en grandes volúmenes y muchos siguen creyendo que el modelo sólo lo pueden aplicar los grandes. Eliminada la principal barrera mental para apostar por este mercado, analizamos las innovaciones clave que han puesto en práctica low cost de todos los sectores para que tú mismo valores cuáles se pueden adaptar a tu proyecto.

“En un primer momento puede parecer que algunos productos y servicios tienen una limitación, pero en realidad todos se pueden adaptar a este modelo. Si nos fijamos en el mercado actual, vemos que en casi todos los sectores hay alguna experiencia”, asegura Josep-Francesc Valls.

Para que tu producto o servicio cuaje, sea del tipo que sea, tienes que tener muy presentes dos factores: el primero, que cuando se piensa en precios bajos, automáticamente puede haber una parte del público que asocie bajo precio con mala calidad. Y en algunos segmentos, como la salud o la educación, en los que el cliente nunca va a estar dispuesto a renunciar a una mínima parte de calidad por un mejor precio, habrá que cuidar mucho ese aspecto.

En casi todos los mercados, una parte de la estrategia debe intentar eliminar esa percepción. Una gran ventaja a tu favor es que el público actual está cada vez más dispuesto a aceptar que sí es posible ofrecer un servicio de calidad a buen precio, y cuando lo aceptan es algo que les resulta irresistible. Por eso, “negocios como las clínicas Vitaldent, que se puede considerar un low cost por sus precios tan competitivos, han conseguido triunfar en un mercado tan difícil como el de la odontología”, explica Eric Legras.

El segundo reto fundamental está en idear la forma de producir o prestar un servicio ahorrando en alguna parte clave del negocio, para repercutirlo en el precio. Un ejemplo muy ilustrativo lo apunta el asesor de dirección, Peter Den Boogert: “Pensemos en las bolsitas de azúcar de los bares. Hay de varios tamaños y modelos, pero la cantidad de azúcar es la misma. ¿Cómo ahorrar en un producto así? Cambiando el envase. Los que son con forma de tubo utilizan un 40% menos de papel que los demás. La idea fundamental es que si somos una empresa low cost, tenemos que buscar ese tubo que permite ahorrar más del 40% del coste de papel, para ser más competitivos en precio”.

Otra idea fundamental para que las cuentas cuadren es que no puedes ofrecer una enorme oferta de productos y/o servicios. Por dos motivos de peso. Uno, “porque tener una oferta muy básica te permite reaccionar y ajustar mejor la oferta. Ahorras costes. Los hoteles Travelodge, por ejemplo, sólo tienen un modelo de cama”, explica Eric Legras. ¿Cómo afecta esto a sus costes? Al comprar siempre los mismos elementos de decoración, aumenta el volumen de compra de cada uno de ellos y consiguen mejores precios con los proveedores. “Y lo mismo sucede con las aerolíneas. Utilizan un solo tipo de avión, lo que significa un solo tipo de recambios, un solo tipo de formación para sus pilotos...”, añade Legras.

Producir poco y bien. Si eres fabricante, una oferta de productos básicos te supone un ahorro en todo el proceso de producción. Ésa es la clave de que existan, incluso, casas low cost, como las que fabrica Boklok, una empresa sueca que se ha asociado con Ikea para desarrollar este negocio. Ofrecen una casa estandarizada, pero de calidad, buen diseño y cien por cien ecológicas. Ya habíamos dicho que hay un aspecto de calidad que no se puede sacrificar por obtener mejores precios. Y en el caso de los clientes escandinavos y británicos, los mercados en los que de momento se venden estas casas, el cuidado al medio ambiente puede estar por delante, incluso, de un ahorro en precio.

El segundo motivo de peso por el que te interesa ofrecer una oferta muy básica es que así ayudas al cliente a comprender mejor la oferta y comparar tus precios con la competencia. Y se supone que el precio es tu principal ventaja diferencial. Las comparaciones te interesan.

Es la base fundamental del éxito de cualquier low cost. Descubrir a qué está dispuesto a renunciar el cliente si a cambio le puedes ofrecer mejores precios. En una compañía aérea hemos visto que la comida; en una tienda de muebles, como Ikea, el transporte y el montaje de los productos; en un hotel como Room Mate, el jacuzzi, el gimnasio... Parece sencillo, pero no lo es.

Transmitir que menos es más. “Es una cuestión de análisis profundo de cuáles son las características que el cliente exige al producto o servicio. En algunos negocios, el packaging no tiene ninguna importancia, se puede eliminar; en otros, es importante. Por ejemplo, en comercios de moda, como Zara o Mango, las bolsas son casi tan espectaculares como las de marcas premium. La moda se asocia a diseño, ahí no puedes recortar. Otro factor para reflexionar es que curiosamente el cliente de estas marcas está más dispuesto a renunciar a la calidad de la tela, que al diseño”, apunta Josep-Francesc Valls.

Ir a la esencia de cada mercado. Para dar en la diana, Peter Dan recomienda “centrarse en lo fundamental del negocio. En una compañía aérea, el cliente busca que le transporten. Ésa es la base del negocio. Luego hay que pensar que el cliente que quiere viajar sí verá como un sacrificio que la compañía no garantice la seguridad y la puntualidad. Pero lo demás no es tan importante. En las compañías de bajo coste hay que cambiar la tendencia actual de añadir tantas cosas para diferenciarnos, que perdemos la esencia misma del negocio. Hay que volver a lo básico, si queremos ser competitivos”.

“Hay que tener en cuenta que el público que compra low cost es muy infiel. Los valores de marca no le interesan”, explica Eric Legrás. Esto significa que siempre tienes que ser capaz de responder a ese gancho fundamental por el que acuden a ti: tu precio. ¿Entiendes ahora por qué es tan importante tener una estrategia de ahorro de costes real, en lugar de limitarte a reducir el margen de beneficios como hacen ahora muchas empresas que se denominan low cost? Si no tienes esto muy presente antes de operar en este segmento, corres el riesgo de entrar en una guerra de precios con tu competencia y quedarte fuera del mercado.

Al margen de ese perfil de infidelidad mayor que el resto, no se puede clasificar al cliente low cost en ningún grupo de consumo rígido. Aparentemente, los jóvenes son más abiertos a este tipo de ofertas cuando se trata de negocios por Internet (viajes, muebles, banca y seguros, etc.) por sus propios hábitos de consumo, del mismo modo que los inmigrantes pueden ser el principal público objetivo de determinados productos como un coche sin florituras, como el Dacia. Pero, en realidad, todos los consumidores que hay en el mercado se pueden convertir en tus potenciales clientes si tu empresa no da una imagen cutre. Incluso las clases altas.

Las clases altas también se enganchan. “Las sensibilidad al precio se produce en todas las capas de la sociedad. Me queda la duda de si también en los consumidores de marcas súperpremium, un segmento muy pequeñito que sólo consume el precio más alto de todo. En principio es el único que quedaría al margen, y tengo mis dudas. El resto, todo el mundo aspira a poder comprar lo que se ofrece a precio alto, por un precio más barato. Hay una demanda de precios bajos en todo el contexto social”, explica Josep-Francesc Valls.

Una buen a prueba de cómo los más pudientes van entrando en el consumo low cost es que las compañías aéreas tradicionales están reduciendo cada vez más el espacio enfocado a primera clase o business. Y que empresas que saben mucho de modelos low cost, como Globalia, intenten desarrollar negocios enfocados a la clase alta, como su proyecto PepeJets, viajes privados para ejecutivos a precios económicos, que todavía no han lanzado al mercado.

Busca nuevos mercados. Y no nos referimos únicamente a que busques sectores en los que la fórmula esté menos explotada, sino a que intentes identificar y atraer a clientes que no consumen habitualmente determinados productos y que al ponerlos a su alcance puedan convertirse en tu público. “Las empresas low cost han democratizado la oferta, porque han aumentado el consumo de productos que antes no estaba al alcance de todos. Gracias a las aerolíneas de bajo coste se han creado nuevos flujos de viajes, por ejemplo, en fin de semana.

Cada vez más gente se marcha un fin de semana a comprar o visitar otras ciudades, cuando esto antes sólo estaba al alcance de las clases altas. Se ha creado un nuevo turismo, pero lo mejor es que el low cost termina por llegar a empresarios, jóvenes... a todos”, afirma Eric Legras.

Un intento muy reciente de una empresa low cost que intenta crear un mercado nuevo es el que están desarrollando los responsables de la marca de vinos Jo!, que intenta transmitir la cultura del vino a un público joven. “Hemos creado un producto de mucha calidad, con uvas verdejo cultivadas por primera vez en Cataluña, y a un precio muy popular para un vino con tantos matices: siete euros. Nuestro objetivo es crear vinos asequibles en precio, puesto que nos dirigimos a un público joven, y con una carga emocional. Los jóvenes no entienden todos los matices que tienen los vinos caros y no están dispuestos a pagar por ellos. Con un producto más comercial, sin renunciar a la calidad, intentamos llegar a ese público y que además se acostumbre a consumirlo de forma diaria”, explica Miguel Ángel Vaquer, uno de los socios del negocio.

Aunque la regla de oro para ser una low cost pase por realizar un exhaustivo control de los gastos, cuando se trata de invertir en tecnología no se puede ser tacaño. Las empresas que se orientan a precios bajos han conseguido una racionalización de todos sus procesos introduciendo la tecnología. Y esto sirve tanto para empresas de servicios que convierten Internet en un canal de distribución clave para su modelo de negocio (banca por Internet, aerolíneas, agencias de viajes, etc.) como para otras en las que aparentemente no tiene tanta importancia, como en una cadena de moda tipo Zara (su innovador sistema de control de stock le permite reaccionar en la producción de sus colecciones en función de lo que se está vendiendo mejor) o en una peluquería como easyCut (para atraer nuevos clientes y vender cortes de pelo con la fórmula del prepago).

Como apunta Peter Den, “ la tecnología debe estar presente tanto en la parte administrativa como en la productiva para mejorar la rentabilidad de la empresa en global”. Y para saber en qué invertir recomienda “analizar bien dónde están los principales costes de la empresa”.

Presencia en Internet, sí o sí. En lo que sí debes invertir es en Internet. La red permite eliminar puestos de trabajo, oficinas, intermediarios... y ahorrar costes administrativos, de impresión y distribución (e-tickets), pero también ayuda a simplificar la contabilidad y a reducir la inversión en publicidad y márketing. Es un círculo de ahorro enorme, incluso para negocios low cost en los que Internet no es la esencia del negocio.

Autoservicio: emplea a tus clientes. También el auto check-in que han implantado las aerolíneas y que les ha permitido reducir su personal de atención al cliente en un 75% se puede aplicar a otros muchos conceptos: restauración (autoservicio), banca por Internet (el cliente realiza sus operaciones), turismo (se reserva su propio billete)... ¿Tu idea de negocio te permitiría poner a trabajar al cliente para ofrecerle mejores precios? Si puedes hacerlo en un mercado donde nadie lo haya hecho antes, tienes una llave maestra para entrar en el low cost.

Y lo mejor es que la cultura del háztelo tú mismo está absolutamente admitida gracias a la nueva forma de consumo en Internet y a empresas como Ikea (que nos han enseñado a comprar muebles como cuando vamos al supermercado). Una idea: si nos hemos acostumbrado a hacernos nuestras propias ensaladas en restaurantes como FresCo y hacer nuestro propio pedido en Cien Montaditos, quizás no nos importe cocinar una pizza, una hamburguesa o hasta un plato de pasta si tenemos todos los ingredientes preparados para elegir a nuestro gusto.

Hay tres formas de fijar el precio en una empresa low cost. La primera, en función de los ajustes conseguidos en el proceso de fabricación o de venta de un producto. Aquí la ecuación parece sencilla. Si ahorras un 10%, 20% o 30% en ese proceso, tú mismo puedes calcular el margen de beneficio que obtendrías en función de los precios de la competencia.

No tiene mucho misterio. En este caso, “el precio será el resultante de haber reinventado el modelo de negocio desde todas las ópticas de reducción de costes”, explica Josep-Francesc Valls.

Sigue una estrategia de precios dinámicos. Más complejo es determinar qué valor poner a un producto o servicio en función de la demanda de cada momento. En este caso, entra en juego lo que en una estrategia low cost se llama precios dinámicos. “Una vez que tengamos el precio estándar que sale de la reordenación de los modelos productivos, buscaremos el precio que está dispuesto a pagar en cada momento el cliente. Tengo que ordenar qué factores inciden en cada momento y qué precios están dispuestos a pagar. Por ejemplo, con un overbooking hotelero se han puesto precios de una habitación que vale 85 euros a 180 euros. Pero aquí hay que ser cautos en una estrategia de bajo precio. Aumentarlo más de un 30% hacia arriba o hacia abajo parece más o menos lógico. Por encima de esos márgenes ya no, porque nos alejaría de nuestro posicionamiento”, advierte Josep-Francesc Valls.

El concepto de pagar por lo que se consume. Otra forma de fijar precios low cost es la que han ideado en Globalia, para sus líneas Pepe. “Low cost no es sinónimo de barato, es más un concepto de pagar por lo que uno quiere consumir. Es decir, se pueden vender productos low cost en todos los segmentos, pero lo más importante es hacer esa labor de descomposición de los costes para ofrecerlos al cliente final de manera que sea éste y no el proveedor quien decida qué desea comprar”, explica Lorenzo Pérez.

Lo aclara con un sencillo ejemplo: “En Pepephone ofrecemos tarifas que empiezan en seis céntimos a todos los operadores y en cualquier horario, sin compromiso de permanencia y sin consumo mínimo, pero no subvencionamos terminales como hacen los operadores tradicionales. Casi todo el mundo tiene ya su terminal propio o si lo quiere comprar le ofrecemos precios de coste, pero no le obligamos a pagar tarifas superiores ni a quedarse con nosotros durante dos años por regalarle un terminal al darse de alta. El concepto es claro: Paga por lo que consumes”.

Una de las claves del ahorro de costes que han conseguido las aerolíneas low cost está en la selección de aeropuertos secundarios en lugar de los principales de grandes ciudades y en la apuesta por nuevas rutas, menos saturadas y con menos competencia. Esta misma idea se puede aplicar a cualquier tipo de negocio. Por ejemplo, el grupo Globalia tiene en proyecto crear una cadena de hoteles, Peperoom, situados en la periferia de las grandes ciudades a partir de nueve euros por noche. El proyecto está congelado por falta de acuerdo con quienes iban a ser sus futuros socios, pero es una idea a tener en cuenta. Mejor aún, si en lugar de competir en grandes ciudades se piensa en provincias (con menos competencia) o incluso en modelos de negocios en los que no haya tanta competencia como casas rurales low cost, hoteles de carretera o apartamentos de alquiler.

¿Y en una empresa de servicios? Puede parecer raro a priori, pero bien pensado algunos servicios también se pueden situar en localizaciones secundarias. Por ejemplo, la publicidad en Internet, en prensa o en radio y televisión. Esta es la clave de agencia de publicidad TVLowCost que basa su estrategia de precios bajos en ofrecer anuncios de televisión en horarios que no son de máxima audiencia. “Hemos creado un pack de 250.000 euros por una campaña de televisión de tres semanas. Ese mismo paquete, planificado por una agencia normal, cuesta el doble. ¿Cómo conseguimos ajustar el precio? Hacemos campañas simples, en locales más simples y con una estructura más pequeña. Pero, sobre todo, porque compramos las franjas horarias más baratas. En lugar de pagar un pase a las diez de la noche, lo compramos en otros momentos del día y compramos tres. Son más cortos, los ven menos personas en cada emisión, pero la suma de audiencia al final es la misma. El cliente pierde un poco de visibilidad, pero también gana en recuerdo”, explica Eric Legras. Así han puesto al alcance de muchas pymes los anuncios de televisión.

Si lo piensas bien, el concepto de paga por lo que consumes es similar a lo que aplican las grandes compañías low cost desde sus inicios. Las aerolíneas ofrecen a sus clientes comida a bordo, pero cobran por ella. EasyJet ha creado el servicio Más rápido a bordo, para que los pasajeros que lo abonen puedan entrar los primeros al embarcar y elegir el asiento que quieran (la gracia es que cobran por un servicio que las demás compañías, incluidas las de bajo coste, ofrecen). Ikea, lo mismo. Si algún cliente quiere que le lleven los muebles a casa, incluso que se los monten, también lo hacen, pero cobrando, cuando de nuevo es algo que ofrecen gratis todos en el sector.

En definitiva, tener una oferta de productos y servicios básicos no es incompatible con añadir extras, siempre y cuando los cobres y los saques del precio de base. El que te da fama y atrae clientes.

Pero puedes ir un poco más allá y buscar otras formas extra de obtener ingresos. Y en esto, los más innovadores son sin duda los directivos de Ryanair. Por ejemplo, ofrecen servicios de lotería y apuestas a sus viajeros, han convertido sus mesas plegales, los respaldos de los asientos y hasta el exterior de sus aviones en soportes publicitarios... ¿Puedes integrar en tu estructura alguna vía de ingresos extra? Pues no lo dudes. ¡Hazlo!

Es otra de las claves para tener una estructura de empresa low cost. Las compañías aéreas se liberaron del canon que tenían que pagar a las agencias de viajes para reducir el precio de su billete y las grandes superficies de alimentación dejaron de ser exclusivamente distribuidoras para fabricar sus marcas blancas, con unos resultados espectaculares. ¿Podrías tú distribuir directamente tus productos? Aquí la vía rápida y sencilla es de nuevo Internet.

Pero no nos engañemos. Crear un comercio electrónico no convierte a una empresa en una low cost. Detrás tiene que haber alguna estrategia real de ajuste de precios para ser los más baratos. Los responsables de Opticadirecta.es, la primera low cost de óptica en España, nos explican la diferencia. “Empresas que venden gafas a través de Internet existen algunas en España. Lo que nos diferencia es que nosotros en lugar de vender primeras marcas, como las demás, hemos creado la nuestra, una marca blanca que se llama como el comercio: opticadirecta”, explica Iñaki Barredo, gerente.

Justamente ahí es donde está el pilar de su estrategia low cost. “Esa apuesta nos permite trabajar directamente con proveedores. En óptica, puede llegar a haber hasta tres intermediarios entre el primer proveedor y el distribuidor. Nosotros los hemos eliminado y nos vamos directamente a India, Estados Unidos, China, Noruega... a buscar nuestros cristales y nuestras monturas. Esto es lo que nos permite ofrecer precios un 80% más baratos que el resto. Tenemos gafas desde 15 euros”, añade. Y por si alguien se lo está preguntando, Barredo asegura que los clientes no tienen ningún problema en comprar gafas graduadas por Internet, ya que les ofrecen una garantía de devolución total, sin hacer preguntas. Por cierto, también confiesa que la idea de negocio no es propia: vieron la oportunidad en nuestra sección Emprendedores con Ingenio Internacionales.

Si tal y como nos han enseñado las peluquerías easyCut en una pyme low cost hay siempre que poner el acento en que el cliente adelante sus pagos para cuadrar bien las cuentas, ¿cómo se combina esta necesidad con una política de devoluciónes abierta? Sencillamente, intentando que no se produzcan esos viajes de ida y vuelta. En el caso de las compañías aéreas y de empresas de espectáculos, el cliente acepta que no podrá canjear el producto comprado a cambio de conseguir un precio de chollo. Pero un billete de avión y una entrada a un recinto de ocio es la misma la compres donde la compres. Algo que no sucede en todos los casos.

En un producto delicado, como unas gafas, hay que buscar otras soluciones. “Nosotros hemos ideado un probador virtual, para que la gente vea cómo le quedarán los modelos. Hay que pensar que hablamos de un producto de moda y que el diseño es clave, más de algo que llevas en tu propia cara. También ofrecemos la posibilidad de enviar el artículo a domicilio, para quienes prefieran probárselo de verdad. Un servicio que no afecta sustancialmente a los resultados de la empresa porque en realidad la mayoría de los clientes se conforman con el probador on line y está demostrado que cuando hacemos el envío a casa terminan comprando el producto. Está todo estudiado para que el modelo dé su rentabilidad y funcione. Hay margen suficiente”, explica Iñaki Barredo. Y advierte: “En lo que sí somos estrictos es que para que el cliente reciba su pedido tiene que haber pagado, por la propia naturaleza del producto. Unas gafas graduadas se hacen exclusivamente para cada cliente, no podemos aceptar devoluciones a menos que haya un problema real de ajuste”.

A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que en una low cost la obsesión por el ahorro se debe llevar al extremo. Y eso significa que debe estar inculcada en toda la organización. Empezando por el jefe y todo el equipo directivo, que deben ser los primeros en dar ejemplo. Si la plantilla está superajustada y tiene que ser hiperproductiva, los puestos directivos no pueden quedar al margen. Debes crear una organización lo más plana posible (los jefes low cost más severos prescinden de coches de empresa, buscan oficinas pequeñas ubicadas en lugares baratos y algunos ni siquiera tienen secretaria).

Para rentabilizar al máximo la plantilla, además de evitar los momentos sin actividad, debes darles una formación lo más amplia posible. Vamos, lo que se dice tener un equipo todoterreno. Ajustar costes en personal no significa “reducir la plantilla sin más. Eso no es tener una política low cost. Se trata de fichar a tres que cumplen el 80% de tu negocio y si tienes necesidades muy concretas para el otro 20% los contratas fuera”, dice Legras.

En este tipo de empresas, la capacidad para motivar a los empleados es fundamental, porque todos los puestos tienen que estar aprovechados al máximo. ¿Cómo darles lo que se merecen sin arruinarse?

Pagando por objetivos. Los empleados de easyCut parten de un sueldo base un 20% por encima de la media del sector y el resto se cobra por objetivos (como en las demás empresas del sector). La idea es que al poner más alto el listón a partir del cual se cobran objetivos, los empleados se tienen que esforzar más para cobrarlos. Y lo mejor es que la medida fue una propuesta de la propia plantilla.

Al operar por Internet, en la mayoría de los casos debéis centrar vuestra inversión en publicidad y márketing en la captación de clientes on line. Y aquí tampoco debéis ser tacaños. Un CRM os servirá, por ejemplo, para gestionar las bases de datos de los clientes os ayudará, por ejemplo, a distribuirles boletines y ofertas; fidelizarles y ofrecerles otros productos y servicios complementarios. A la mayoría os será útil también para ofrecer precios de última hora (ya hemos dicho que siempre que sea posible debéis crear una estrategia de precios dinámicos). Sería un grave error que no destinéis una parte importante a optimizar vuestra presencia en la Red. El ROI de la inversión en este tipo de negocios es bestial.

El efecto boca-oreja. Pero “si hay una cosa que funciona en low cost es el boca oreja. La ventaja de este modelo es que si tienes un producto realmente diferencial que satisface necesidades básicas, a un precio inferior, la publicidad te la hace tu propio cliente. La gente se informa y se entera enseguida. Si Internet es tu única herramienta de ventas, tienes que gastar un porcentaje mayor en publicidad on line, tener un buen buscador, posicionamiento en Google, porque forma parte de tu negocio. Pero te sale más barato que a otras empresas del mismo entorno. Si tienes un buen precio, lo puedes comunicar de forma más sencilla. Con poner un banner Barcelona-Madrid a 20 euros ya no tienen que explicar más”, afirma Eric Legrás.

Campañas no convencionales. Siendo como son empresas tacañas (o más bien muy listas) resulta evidente que no suelan gastar su dinero en publicidad convencional. Y cuando lo hacen, idean campañas muy llamativas y con mucho impacto. Seguro que alguno recordáis alguna de Ryanair. Aquí la clave está en romper esquemas. Y no hace falta invertir cifras millonarias para conseguirlo. La marca de vinos low cost JO rompe esquemas en su estrategia de márketing en todos los sentidos. Desde la propia presentación del producto: han sustituido las tradicionales explicaciones rimbombantes de las etiquetas de los vinos por un simple color, para llamar la atención en el punto de venta. La distribución: se puede encontrar en alguna peluquería cool y joven, como la propia marca. “No tenemos complejos. Si alguien sabe comunicar nuestra marca, le permitimos venderla para fomentar el boca oreja”, explica Miguel Ángel Vaquer. Incluso están diseñando productos de decoración relacionados con el mundo del vino, como una taburete con la forma del corcho de sus botellas, que esperan distribuir en tiendas de diseño como Vinçon. “La idea es agrandar la marca sin gastar mucho en publicidad. Es muy difícil lanzar una marca nueva en un mercado tan saturado”, añade.

En algunos negocios, como la banca por Internet o las agencias de viajes, la venta on line lleva implícita un ahorro de costes gracias al billete electrónico y la eliminación de correspondencia en el caso de la banca. Esta misma filosofía se puede aplicar en otros modelos, por ejemplo, en comercios puedes eliminar los embalajes innecesarios en determinados productos. Mercadona lo hace con muchos de sus artículos para ahorrar costes en sus marcas. Un ejemplo: la pasta de dientes no necesita un envase de cartón para protegerla.

Contenedores por cartón. “Muchos productos llevan tres tipos de packaging: el del producto, la caja de cartón grande y el método de transporte. Se ha automatizado todo el embalaje para reducir costes pero también se puede ahorrar en la forma de transporte, que no se suele hacer. Para mí es una tontería que las botellas de aceite se transporten en cajas de cartón, ¿por qué no se ponen en contenedores grandes directamente y no caja por caja? En botellas de agua ya se hace. Esto depende de la fragilidad del producto, de cuánto haya que protegerlo. Pero hay que tenerlo en cuenta”, explica Peter Den. Otra forma de ahorro puede estar en la puesta en tienda. “En Holanda y los países nórdicos, que hay más rotación de leche fresca, los briks entran directamente en la parte fría del supermercado, sin utilizar cartón”, añade.

Si a estas alturas crees que el modelo es demasiado complejo para implantarlo en tu propia empresa o proyecto, te proponemos que pienses si puedes tirar por el camino de en medio. Es decir, crear un modelo mixto. Empresas como Domus hoteles, John Lawyer Abogados y Camisetasbaratas.com han creando una línea low cost dentro de su negocio, sin ser bajo coste en todo. Y les funciona.

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