¿Y eso cuánto cuesta?

El dinero no es sólo dinero, en el sentido de que, por mucho que lo necesites, en algunas ocasiones aceptarlo o rechazarlo es una cuestión más de estrategia que de liquidez. Sobre todo porque tienes que decidir si quieres vender tu empresa dos años después de montarla o que siga en el mercado dentro de una década y, además, esté presente en, no sé, ¿20 países?

¿RECHAZAMOS A ESTE INVERSOR?
Albert Costa / Miscota.com

Cuando el capital pasa de estar al 100% en manos de los socios fundadores y entra un inversor privado, las reglas del juego cambian de forma radical. Nace una nueva responsabilidad de los fundadores hacia un tercero que ha apostado dinero por su proyecto. La versión reducida es que ya no decides sólo tú. La versión larga: si vas a buscar financiación externa, tienes que tener claro que si entra un inversor en tu empresa lo hace para ganar dinero y vender su participación en tres, cuatro u ocho años, y eso puede significar que en ese momento tengas que vender. E igual no quieres hacerlo. Y eso tienes que saberlo desde el principio. ¿Conclusión? Analiza la forma en la que te financias para poder mantener el control de la empresa. A veces tienes que plantearte rechazar a un inversor. Como Albert Costa, fundador de Miscota.com, tienda online de productos para mascotas.

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La sombra del capital es alargada
“A los dos meses de arrancar, tuvimos la oportunidad de hacer una ampliación de capital bastante interesante, pero decidimos pararla. Las condiciones que nos marcaban, algunas de las cláusulas, no nos gustaban. La decisión de coger o no capital y de qué forma es crítica. El capital te ayuda a crecer, pero las decisiones ya no son sólo tuyas, ya no es un proyecto que sólo vives tú, sino que necesitas ofrecer unos resultados en unos plazos, y para un emprendedor esto no tiene morbo”, explica Costa.

“Tuvimos muchos momentos malos, pero seis meses después conseguimos levantar un millón de euros de financiación con unas condiciones que sí nos interesaban. En nuestro caso, la decisión fue decidir que queríamos capital, pero estableciendo unas condiciones. Eso sí: sufres más porque el proceso resulta más largo...”, argumenta.


¿VENDO UNA LÍNEA DE NEGOCIO QUE FUNCIONA?
Andrea di Palma / Xepient Solutions

Como te explicábamos en el arranque de este dossier, hay decisiones que no es que sean difíciles, es que no tienes más remedio que tomarlas. Se trata de decisiones sobrevenidas. ¿Deshacerte de una línea de negocio?, eso no es tanto una decisión difícil como una necesidad –calculas el margen de contribución de todas tus líneas de negocio y ya tienes el argumento económico para decidir–. El tema está en: ¿me deshago de una línea de negocio que funciona? Piensa en una empresa de consultoría informática con tres líneas de negocio: consultoría pura y dura, creación de módulos para software xml y otro departamento de desarrollo de productos para redes sociales. Imagina que la división de creación de módulos funciona. Que comienzas a desarrollar nuevas funcionalidades para un gestor de contenidos potente. Imagina que al principio ofreces gratis esos módulos y un día decides comenzar a venderlos al precio simbólico de un euro. Y que también funciona, que pronto tienes ocho módulos, cada vez más clientes y se convierte en la línea de negocio que le da dinero a tu empresa. Un buen día llega tu principal cliente y te propone comprarte esa línea. Ahora deja de imaginar y llama a tu empresa Xepient Solutions. “Era la línea que más dinero facturaba en nuestra empresa. Venderla suponía quedarnos sin la principal fuente de ingresos. Había un riesgo claro: nos quitaba seguridad, pero nos ofrecía la oportunidad de poder decir que habíamos vendido nuestros módulos a un cliente importante”, explica Andrea di Palma, program manager de este negocio.


¿RENUNCIAMOS A NUESTROS SUELDOS?
Aitor Grandes / 24Symbols

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Conseguir recursos a largo plazo ahora mismo en España es difícil. Lograr un inversor es complicado, y deuda a largo plazo, incluso más. En el momento en que sólo hay disponibles fuentes de inversión a muy corto plazo, las empresas tecnológicas con plazos de maduración o de generación de caja muy largos, tienen un problema serio. Y hay que sacar el negocio adelante. Sobre todo si te adelantas al mercado y no puedes esperar más para no perder tu ventaja competitiva. Como le ha ocurrido a 24Symbols, un servicio para leer libros digitales basado en un modelo de suscripción. “Los fundadores nos quitamos los sueldos hace ocho meses para tener un burn rate mensual bajo [el ritmo al que se consume los recursos financieros de la empresa] y poder mantener la empresa hasta la siguiente ronda de financiación. Tienes que decidir si vas a aguantar hasta que llegue la financiación. Hay muchas startups que cuando se acaba la financiación, se quedan en stand-by. Tuvimos que tomar la decisión de aguantar con el mínimo posible”, explica Aitor Grandes, cofundador de 24Symbols.

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