Algunos ejemplos

¿Dónde encuentro candidatos? ¿Qué tipo de contrato es el más adecuado? ¿Qué incentivos existen? Si eres autónomo o tienes una microempresa y estás pensando contratar a tu primer empleado, este reportaje te interesa. 

Talento a través de la universidad

TIMPIK

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A comienzos de 2010 echó a andar Timpik. Esta red social nació para reunir personas para practicar deporte. A finales de ese año ya tenía 7.000 usuarios –hoy son más de 40.000– y sus creadores vieron que había negocio. Así que se lanzaron a la búsqueda de empleados para hacer crecer el proyecto. “Como no teníamos muchos recursos, pensamos firmar una beca con alguna universidad. Pero la velocidad que necesitaba nuestra empresa no la tenían las universidades”, explica Francisco López, cofundador de la compañía. Había que firmar un convenio, esperar la documentación... Perdieron casi un mes y no consiguieron fichar a nadie. Decidieron trasladarse de Madrid a Jaén, de donde son originarios. Allí tuvieron más suerte, pues aquella Universidad fue más ágil. Incorporaron dos becarios, aprovechando las ventajas que había antes de la reforma de 2011 (sin alta ni cotización a la Seguridad Social, etc.). Pero seguían necesitando alguien con más experiencia, por lo que recurrieron al Servicio Andaluz de Empleo. Tras presentar su oferta y esperar 15 días de preselección, no recibieron ni un solo candidato que desarrollara para iPhone, que era su único requisito. Entonces volvieron a echar mano de la Universidad, firmando un contrato en prácticas con un estudiante.

Confiar en las redes tradicionales

ROSQUILLAS DE AMBEL

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Tras 40 años de tradición en el negocio de la panadería, Carlos Martínez decidió ramificar el negocio hacia la repostería. En ese proceso, su hermana siguió encargándose del horno familiar mientras que él creaba Rosquillas de Ambel y empezaba a fabricar rosquillas y repostería tradicional. Ya desde el principio, el negocio exigió la contratación de empleados. “Trabajamos con algo físico y yo tengo que encargarme de la labor comercial, administrativa.... y las rosquillas las tiene que fabricar alguien. En enero de 2012, cuando tenía todo en marcha y la financiación necesaria, decidí contratar a una persona, que me ha ayudado con la puesta en marcha del proyecto. Y en junio, cuando ya estábamos fabricando, contraté a otra”, aclara el fundador de Rosquillas de Ambel.

La selección de los trabajadores fue sencilla, ya que Martínez contrató a dos personas conocidas de antemano. Más difíciles fueron los aspectos burocráticos, “sobre todo, el modelo de contrato, sus características, cómo redactarlos, conocer las bonificaciones, etc.”, especifica. Esta parte lo resolvió confiando estos trámites a una gestoría, aunque también se preocupó de recabar información a través de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) y del Instituto Aragonés de Empleo. Como resultado de esa labor, los dos contratos firmados son indefinidos, aunque no cuentan con bonificaciones.

Primera impresión y cualificación

LA SONRISA ELÉCTRICA

Cuando los fundadores de esta empresa probaron por primera vez una bici eléctrica, la satisfacción de la experiencia les dibujó en la cara esa ‘sonrisa eléctrica’ que da nombre a la compañía, explica Jaime Novo, uno de sus socios. Por eso, se lanzaron a abrir una tienda-taller orientada al ciclismo urbano (bicis eléctricas y plegables, esencialmente). “Como queríamos poner taller, necesitábamos un experto. Consultamos con la Cámara de Comercio de Madrid, pusimos anuncios en portales de empleo de Internet, difundimos la oferta a través de Facebook y Twitter e incluso salimos en un reportaje en Telemadrid”, comenta Novo. Recibieron muchas candidaturas pero una fue especial. Era un chico que los había visto por la tele. Se presentó en la tienda con su perro y su novia, fuera de horario comercial y cuando ni siquiera habían empezado a citar a candidatos. “Hicimos muchas entrevistas y nos quedamos con él que vino a vernos fuera de hora. También era el mejor experto”, señala Novo. La decisión no se basó sólo en una impresión, sino que también se realizó una prueba de destreza. “Teníamos varias herramientas que no sabíamos para qué eran. En la entrevista, pusimos sobre la mesa un par de ellas. Supo para qué servían y fue capaz de dar presupuesto para arreglar una bici que encontramos en la basura”. Firmaron un contrato temporal con un sueldo base más comisiones por venta.

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