Bodegas Sancha Pérez

Hacer un estudio para demostrar que no es necesario hacer otro estudio

Poner en marcha la empresa y empezar a vender vino le costó a Ramón Iglesias tres años de gestiones y más de 10.000 euros en licencias. “Y eso que soy un corredor de fondo... He montado muchas empresas”, cuenta. “Cada vez esto es más complejo. Hay normativas, regulaciones... Es un follón”.

Debido a las normativas y regulaciones, pasó mucho tiempo entre el inicio de la aventura y la primera botella a la venta. Primer trámite, el proyecto de actuación. El terreno en el que iba a construir la bodega era herencia de sus padres. “En Andalucía, previo a la edificación para una actividad en terreno no urbanizable, tienes que hacer el proyecto de actuación: el artículo 42 de la Ley de Ordenación Urbanística tiene requisitos muy imprecisos (por ejemplo, el proyecto debe incluir “cualesquiera otras determinaciones” que permitan una valoración adecuada), que interpreta el funcionario de turno. El problema es que el legislador legisla y cuando llega al funcionario este ya no sabe cómo interpretarlo”. A Iglesias le pidieron un plan que justificara la propiedad del terreno, el plano catastral, una cartografía... Total, más de un año. El siguiente paso fue el proyecto de obra y la licencia de obra para la bodega. “Para cualquier actividad económica hay que conseguir la autorización ambiental unificada y ahí viene el lío. Para que la consejería de Medio Ambiente autorice una actividad, pide información a otras consejerías. Lo fácil hubiera sido que lo mirara alguien de la consejería y certificara que la nave estaba bien...”, explica. No fue así. “Como yo quería hacer una actividad en una nave construida previamente, tuve que pedir un certificado de innecesariedad de prospección arqueológica para demostrar que no era necesario hacer un estudio de arqueología”.

Posteriormente, un estudio del impacto acústico para medir los decibelios. Con la zona habitada más cercana a 2,5 km, el impacto acústico no era un problema. “Terminé en marzo de 2012, tres años después. Ya comercializamos vino y aceite”. ¿Y ahora ya puede trabajar? “El otro día vinieron a hacer una muestra de aceite y el técnico inmovilizó 19 envases de aceite de dos litros cada uno. ¡38 litros para una simple muestra! La locura continúa”.

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