El infierno de la burocracia

La Administración ha prometido, con la Ley de Emprendedores, agilizar los trámites. Falta hace: hoy todavía son comunes los requisitos contradictorios, números erróneos, interminables visitas a ventanillas... Seis emprendedores nos cuentan que toparon con un aparato administrativo digno de Kafka.

Cuando nuestro protagonista se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, el formulario de liquidación del IVA trimestral, las 200 páginas de estudio sobre la acústica de su finca, los decretos con los requisitos para abrir un local del Ayuntamiento y de la Consejería, las 27 propuestas de nombre de su empresa para el Registro Mercantil seguían sobre la mesa. Estaba tumbado y al levantar la cabeza veía en lo que se estaba convirtiendo su aventura empresarial.

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“¿Qué me ha ocurrido?”, pensó. No era un sueño: la administración le adeudaba facturas y no podía liquidar el IVA, necesitaba aquel estudio para demostrar que no era necesario hacer otro y el Registro Mercantil había desechado las 26 propuestas anteriores de nombre.

Aunque este reportaje no lo ha escrito Kafka, nos hemos puesto en su papel para hablar con empresarios que han vivido locuras administrativas al montar su empresa, algo que pretende mejorar la recién aprobada Ley de Emprendedores. ¿La buena noticia? Pese al papeleo y dolores de cabeza, todos los casos siguen funcionando y con las mismas ganas que cuando empezaron. ¿Alguien dudaba de que, pese a todo, es posible emprender? Bienvenido a las historias de varios emprendedores que parecen vivir más en una novela kafkiana que en un país real. ¡Pasen y vean!

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